Goma de borrar
 
jueves, junio 15, 2017
RETRATO DE LOS JÓVENES GUERREROS VENEZOLANOS

Les llaman “los guerreros”. La gente los admira. Les llevan comida y agua. Les preparan escudos. Juntan botellas y frascos de vidrio para que ellos hagan bombas molotov. Cuando se cruzan con ellos en las marchas, algunos les dan rosarios. Una amiga mía se dedica a coserles chalecos basados en el mismo modelo del delantal sin mangas que usábamos en primaria. La diferencia entre un chaleco cualquiera y los de los guerreros es que los de ellos tienen relleno para protegerlos de los disparos de la Guardia Nacional y de la Policía Bolivariana durante las manifestaciones. Mi amiga costurera rellena los chalecos con pedazos de alfombra que le lleva otra amiga. 

¿Una alfombra detiene un perdigón?

Los guerreros tienen entre 15 y 25 años. En las fotos se los ve con su armamento improvisado: hondas, piedras, cascos de moto o de andar en bici, anteojeras de natación, escudos caseros de lata o de madera pintados con consignas como si fueran graffitti, pañuelos y remeras que les cubren la boca y la nariz para protegerse de las bombas lacrimógenas. Otra amiga prepara escudos con puertas viejas cortadas por la mitad. Algunos guerreros –no todos- llevan máscaras antigas. Otros van con jeans y el torso descubierto. Tienen miedo y lo admiten. “¿Sabes que estás arriesgando tu vida?” le pregunté a uno de ellos, de diecinueve años. “Claro,” me dijo. “Pero si no llego a ver una Venezuela libre, la verán mis hermanitos.”

¿Sabe lo que vale su vida o acaso es un niño que juega a la guerra?

Algunos de estos chicos son estudiantes universitarios o de carreras técnicas. Algunos tienen cuerpos atléticos y musculosos. A otros se los ve desnutridos. Vienen del hambre. Son cuerpos humanos que dan lástima. Llegan al este de Caracas desde los barrios marginales del oeste donde –hasta hace pocos días- no había manifestaciones pues ahí la presencia brutal de los grupos de civiles armados por el Gobierno disuade de la protesta. Algunos de estos chicos han terminado la escuela en colegios privados. Otros abandonaron la escuela pública hace años. Algunos tienen un hogar. Algunos lo han dejado y deambulan de casa en casa para proteger a su familia pues la policía los está buscando. Otros no tienen casa, ni comida, ni trabajo, ni esperanzas.

“En mi grupo somos ocho,” me dijo un chico de los que luchan en la Plaza de Altamira. “Hay cuatro que no tienen dónde dormir. Necesitamos comida. ¿Tú nos puedes ayudar?”

Cuando empezaron las protestas en serie, en enero de 2014, los líderes eran estudiantes universitarios. Se trataba principalmente de manifestaciones de clase media. Sin embargo, con el paso del tiempo y, sobre todo, a partir de octubre del año pasado, con la suspensión de la convocatoria del referéndum revocatorio, y de marzo de este año, con la disolución de la Asamblea Nacional, las protestas empezaron a cobrar un cariz distinto: las marchas que antes estaban formadas por estudiantes, políticos y gente de clase media, se convirtieron en marchas en las que confluyen todos los sectores. Ha habido un quiebre: ya no son marchas elitescas: hay un pueblo marchando. Un pueblo hambriento. El sueldo mínimo es de veintiocho dólares, pero la canasta básica sale ciento cuarenta y ocho. Con el sueldo mínimo diario no alcanza para comprar una bolsa de pan.

Las marchas son anárquicas. Las suelen convocar los políticos de la oposición, aunque algunas han sido convocadas por grupos de médicos o asociaciones de estudiantes. A pesar de que el llamado siempre ha sido a marchar pacíficamente, nunca se sabe qué va a pasar. La gente acude al punto de partida desde distintos lugares. Durante las primeras horas, encabezan los diputados, la sociedad civil, los estudiantes. El objetivo de muchas de las marchas es llegar a organismos gubernamentales: la Defensoría del Pueblo, el Tribunal Supremo de Justicia. Horas después de caminar, la multitud se topa con tanquetas, grupos de policías armados y unidades anti-motines. A partir de ahí no pueden avanzar. La policía intenta dispersar a la gente con bombas lacrimógenas y chorros de agua a presión. Es entonces cuando los guerreros se abren paso entre la masa. Corren hacia adelante. Y empieza la batalla campal.

La violencia despierta a todos. Despierta a la sociedad civil y al gobierno; a líderes políticos oficialistas y opositores; a la prensa extranjera; a los organismos internacionales; a diplomáticos y políticos de otros países. Tanto la oposición como la sociedad civil apoyan la protesta pacífica: no quieren muertos, ni darle al gobierno motivos que justifiquen la represión. 

“A veces la guardia empieza la violencia, a veces la empieza la resistencia,” –me dijo un guerrero. “Si fuéramos como Gandhi, si no nos enfrentáramos a la dictadura, esto no llegaría a ninguna parte.”

El país está de luto cada vez que uno de ellos muere. Cada vez que uno de ellos muere, el gobierno culpa a la oposición y la oposición a las fuerzas de seguridad del gobierno. Neomar Lander tenía 17 años cuando murió el lunes 5 de junio. Había llegado desde Guarenas, una de las ciudades pobres periféricas a Caracas. La gente lo conocía sobre todo por una foto en la que se lo veía con remera y jeans. Tenía el rostro cubierto y el brazo en alto con una rosa de tallo largo. Tras la rosa se ve el cielo tropical y, también, si uno observa con atención, una botella con una carga de pólvora explosiva. El día que Neomar murió llevaba puesto un chaleco. Un chaleco relleno de alfombra.

“La lucha equivale al futuro de muchos,” había dicho en una entrevista, unos días antes.

Son adolescentes. Y con cada muerto, crece su enojo y su indignación. Van para adelante, dispuestos a dar la vida. Cada grupo actúa con independencia de los otros. Hacen lo que se les ocurre en el momento. No todos están por ahí por las mismas razones. Hay quienes quieren librarse de este gobierno, pero sospecho que la mayoría está ahí porque necesita comer. El socialismo del siglo XXI es lo único que conocen: nacieron con Chávez en el poder, pero ven el mundo a través de sus computadoras y la pantalla de sus celulares. “¿Dónde aprenden a fabricar bombas? ¿Cómo saben de qué manera protegerse?”, le pregunté a uno de ellos. “Estamos en el siglo XXI,” me respondió. “Todo lo que quieras aprender está en Internet.”

Mucha gente los aplaude cuando pasan, les agradecen por protegerlos. “Ellos son nuestros verdaderos héroes,” dice una de mis amigas. Otra dice que esos aplausos le dan vergüenza ajena: “Estos niños están siendo usados por otros que sienten que esta es una manera barata de hacer frente. Es fácil que otros luchen por ti.” Hay quien dice que algunos consumen droga. “Si vas a guerrear vas a guerrear, pero no a consumir,” me dijo uno de ellos. Algunos van con la bandera de Venezuela en la espalda, como una capa. Otros van descalzos. Una médica que los socorre me dijo: “Los hay con caretas y sin ellas, apertrechados o con el torso denudo. Pero cuando llegan asfixiados o heridos al puesto de primeros auxilios, todos tiemblan como hojitas.”

posted by Mori Ponsowy at 4:45 p.m.

lunes, mayo 08, 2017
GLORIA AL BRAVO PUEBLO VENEZOLANO

“Gloria al bravo pueblo/ que el yugo lanzó.” Así empieza el Himno de Venezuela. Lo cantábamos todas las mañanas en el patio del colegio antes de entrar a clase. El “yugo” al que se refiere el himno es el del dominio español. Más de doscientos años después, en las manifestaciones diarias que han ocurrido en todo el país durante las últimas cuatro semanas, esas líneas cobran un nuevo significado: el tirano ya no es una potencia extranjera, sino que está bien afincado fronteras adentro: el yugo del que el pueblo intenta librarse –pese a la atroz desigualdad de fuerzas- es el de una dictadura militar que en los últimos meses ha tirado por la borda las últimas apariencias de democracia que aún conservaba.

En Buenos Aires, dondequiera que voy, lo primero que la gente me pregunta en cuanto me escucha hablar es de dónde soy. “Venezolana”, digo. Mis interlocutores me creen; no hay motivo para que no lo hagan. La siguiente pregunta suele ser: “¿Y de verdad allá las cosas están tan mal?” Digo que sí pero, en este caso, con cierta frecuencia mi respuesta es recibida con incredulidad. No sólo eso: en esas oportunidades me doy cuenta de que mi interlocutor ha pasado a clasificarme dentro de una categoría humana inferior, casi deleznable. Ha bastado que yo diga que la situación venezolana es gravísima para que la persona con quien hablo concluya que carezco de sensibilidad social, que apoyo tanto la invasión a Iraq como las torturas en Guantánamo y el bombardeo a Siria. Quienes no me miran de esa forma suelen hacer más preguntas: sienten curiosidad; quieren información sobre lo que pasa en Venezuela. En cambio, quienes me catalogan como alguien que no merece ser escuchado, suelen hacer un mohín y no preguntan nada más. No quieren escuchar lo que no quieren escuchar. 

Esa mirada acusadora del otro hacia mí hace que a veces yo intente justificar mi posición. “Si aquí nos indignamos porque reprimieron a los maestros, ¿cómo podemos no criticar la brutal represión que han sufrido miles de venezolanos durante las últimas semanas?” digo. E insisto: “La represión a las libertades civiles debería ser condenada venga de quien venga. No debería depender de si quien reprime nos simpatiza”. A esta altura de mi discurso, el otro ya no me mira. Es probable que ni siquiera me escuche. Y si me escucha, no me cree. 
 
“No me interesa la propaganda anti-Soviética,” dice el Camarada Johnny en una novela de Doris Lessing cuando alguien le muestra evidencias de los campos de trabajo forzado en la Unión Soviética. “Los campos de trabajo no existen,” responde él. “Y si alguna vez existieron han sido tremendamente exagerados y ahora ya han desaparecido.” Johnny Lennox es uno de personajes principales de la novela “El sueño más dulce”. Se trata de un comunista inglés que en su edad adulta va de conferencia en conferencia, parando en hoteles cinco estrellas alrededor del mundo. Johnny ama tanto a la humanidad en sentido abstracto que se siente con autoridad para comportarse despectivamente hacia quienes no están de acuerdo con él. Abandona a sus hijos y a una esposa tras otra para dedicarse por entero al partido. “La revolución viene antes que los asuntos personales,” suele decir. Cuando un grupo de médicos afirma que en las plantas nucleares de la URRSS ha habido accidentes fatales, Johnny contesta: “En primer lugar, los camaradas en la Unión Soviética son responsables y nunca permitirían que las instalaciones nucleares fueran defectuosas. En segundo lugar, no estoy preparado para escuchar información que obviamente viene de fuentes fascistas.”

Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007, sabía muy bien de qué hablaba cuando escribió esa novela: ella misma fue militante del Partido Comunista; ella misma abandonó a sus dos hijos mayores en Rodesia en 1949 para continuar su carrera literaria y su militancia en Inglaterra. “Durante muchos años pensé que había hecho algo muy valiente. No hay nada más aburrido para una mujer inteligente que pasar una enorme cantidad de tiempo con niños pequeños.” En su autobiografía, Lessing cuenta que la tarde en que se fue se justificó ante sus hijos diciéndoles que iba a cambiar el mundo para que ellos pudieran vivir en un mundo hermoso sin injusticias ni odios raciales. Años después, cuando los soviéticos invadieron Hungría, Lessing abandonó el Partido Comunista.  

“En Venezuela sucede lo mismo que en toda América Latina: los grandes grupos económicos buscan desestabilizar un gobierno popular” me dijo alguien hace unos días. Y continuó: “A los grupos golpistas hay que reprimirlos porque si consiguen el golpe instalarán un horror económico. En Venezuela hay un gobierno popular que intenta defenderse de quienes pretenden su petróleo.” Yo intenté argumentar con datos, más que con ideas abstractas. Dije que el gobierno de Nicolás Maduro suspendió indefinidamente las elecciones regionales que según la Constitución Bolivariana estaban previstas para el año pasado; dije que el gobierno ha suspendido el ejercicio de la Asamblea Nacional elegida por el pueblo; dije que los manifestantes de estas últimas semanas no pretenden tumbar un presidente sino llegar a la Defensoría del Pueblo y entregar allí un documento que pide que se ponga fecha a las elecciones y que se recupere la separación de poderes y el hilo constitucional.  
 
Nada convenció a mi interlocutor: las formas republicanas, me explicó, no son lo que más importa. Al contrario: él, como intelectual, sabe que el republicanismo es un pretexto de la derecha. Le expliqué que, a diferencia de gran parte de la intelectualidad argentina -que simpatizó abiertamente con Chávez y que hoy guarda silencio ante la represión ordenada por Maduro- la enorme mayoría de los intelectuales, artistas y pensadores venezolanos están en contra del régimen. Dije que también lo están los centros de estudiantes de las universidades públicas, así como profesores y académicos. Para entonces, mi interlocutor ya no me miraba. 
El 1 de mayo Nicolás Maduro convocó a una Asamblea Nacional Constituyente para derrotar el “golpe de Estado” que, según él, intentan dar las protestas de este último mes. Sin embargo, según la Constitución Bolivariana de 1999 –la misma que Chávez solía mostrar, orgulloso, en versión miniatura durante sus discursos- el Presidente de la República no puede convocar una Constituyente sino que para ello se requiere un referéndum popular. También según la Constitución, los miembros de la Constituyente deben escogerse por voto universal, directo y secreto, dato que hasta ahora Maduro parece desconocer. 
El saldo de las protestas hasta el pasado viernes era de 37 muertos, 717 heridos y 1668 detenciones. ¿Hasta dónde debe llegar la evidencia para convencer a quien no quiere ser convencido? Quizás haya personas proclives a cambiar de opinión ante la fuerza de la evidencia y otras cuya estructura psicológica se lo impide. “Hay cierto tipo de gente cuyo comportamiento político obedece a un motivo en cierto modo religioso”, dijo Lessing en una entrevista publicada en The New York Times. Pase lo que pase en Venezuela en el futuro próximo, seguramente habrá quien afirme que todo es culpa de la derecha imperialista que busca tumbar a un presidente que ama a su pueblo. Y es que los fundamentalistas, ya sean religiosos o políticos, nunca se han llevado bien con la democracia. Mientras tanto, el bravo pueblo venezolano lucha y clama por ella.

posted by Mori Ponsowy at 5:19 p.m.

lunes, noviembre 14, 2016
OKĀSAN

OKĀSAN, un relato de mi primera visita a Mati en Japón. Publicado en la Revista Piauí de Brasil.

posted by Mori Ponsowy at 2:32 p.m.

viernes, noviembre 11, 2016
DEL SABIO NOSOMI IRO

"A veces, cuando estoy contento, me detengo y digo: ten cuidado, Nosomi: prepárate para la caída. Miro entonces hacia el lugar desde donde imagino sopla ese futuro aciago y, serio por un momento, hago una pausa antes de regresar a la alegría.
Cuando estoy triste, debería hacer lo mismo, sólo que al revés. Pero me olvido."

posted by Mori Ponsowy at 2:26 p.m.

miércoles, octubre 26, 2016
ABUNDANCIA EN RIJEKA


posted by Mori Ponsowy at 6:51 a.m.

domingo, octubre 23, 2016
"Es mejor escribir poesía que ver televisión"

Parece que dije eso, aunque no recuerdo haberlo dicho:)
Aquí el link a una entrevista en Novilistr.

posted by Mori Ponsowy at 2:52 p.m.

viernes, octubre 21, 2016
EN RADIO RIJEKA

 
Con Matija Janeš, el traductor de ABUNDANCIA al croata, en Radio Rijeka.


posted by Mori Ponsowy at 5:22 p.m.

MUY FÁCIL DE ENTENDER/EN CANAL RIJEKA



posted by Mori Ponsowy at 2:41 p.m.

lunes, agosto 29, 2016
CRÍTICA A "CUÁNTO TIEMPO UN DÍA", EN EL NACIONAL

Dice Joaquín Marta Sosa, sobre "Cuánto tiempo un día": "Se trata de una poesía inusualmente vital, palpitante y vorazmente comunitaria, que no es política pero sí comprometida, ciudadana, pues a cada uno de los que andamos por esta tierra, bondadosos o malignos, si algo nos identifica es la ingrimitud, el azar, el deseo de encontrar la rendija que nos resuelva enigmas, que nos regale certidumbres ante las improbabilidades, las mutaciones, la inseguridad del destino. En fin, la política es el río que pasa y la vida es el río que no cesa y permanece. (...) En síntesis, este poemario de Mori Ponsowy es bienvenido como pocos pues no está atiborrado de poesía para la belleza sino para la verdad, adolorida o celebrante, no es para la estética percibida por el ojo o los oídos, sino para la conciencia ética donde la carne del cuerpo es el corazón del alma. (...) Ese es nuestro territorio común, afirma el poemario, y no la eternidad ni la gélida placidez estética. Tal es el trasfondo radical de este poemario."

El artículo completo, aquí: CUANDO LA POESÍA NO ES BELLEZA

posted by Mori Ponsowy at 10:14 p.m.

viernes, agosto 12, 2016
LA LEY DEL ARREPENTIDO DUERME EN UN CAJÓN

Pese a las promesas electorales y a las campañas ciudadanas, la iniciativa que propone reducir penas a cambio de ayuda para esclarecer casos de corrupción no logra alcanzar estatus firme y corre el riesgo de quedar en la nada.

Aquí el artículo escrito a cuatro manos con Alejandro Drucaroff para LN.

LEY DEL ARREPENTIDO EN UN CAJÓN

posted by Mori Ponsowy at 9:40 p.m.

lunes, agosto 08, 2016
CRÍTICA A "BUSCO UN AMIGO", EN EL NACIONAL

José Antonio Parra, sobre BUSCO UN AMIGO: "Bajo la impronta de una poderosa intriga que se arma con la publicación por parte de Amelia –la protagonista– de un aviso buscando un amigo con características muy singulares se detona toda una suerte de situaciones que oscilan entre lo grave, lo sensible y el más refinado humor. La recreación simultánea de la infancia de la protagonista y la relación con su abuela, al igual que el entretejido en la madeja de los afectos es uno de los logros de este trabajo. Estamos frente a una novela que expresa lo humano y la sensibilidad inherente a ello de forma muy profunda."

La nota completa, aquí: Crítica a BUSCO UN AMIGO, en el Papel Literio, de El Nacional

posted by Mori Ponsowy at 10:07 p.m.

martes, junio 14, 2016
EN VENEZUELA, LOS POBRES HACEN MÁS COLA

Leche en polvo. Dentífrico. Jabón. Papel higiénico. Eso fue lo que mi mejor amiga me encargó cuando le dije que viajaría a Venezuela. Otro amigo me pidió champú e hilo dental. "¿No puedes esperar a que la situación esté un poco más tranquila para viajar?", preguntó mi padre. Le dije que no. Me habían invitado a presentar allá mis dos últimos libros y la fecha estaba pautada. Al día siguiente de que acepté ir, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, propuso aplicar a Venezuela la Carta Democrática Interamericana. Nicolás Maduro rechazó la medida inmediatamente: "Métase su Carta Democrática donde le quepa", dijo, y acto seguido llamó a una "rebelión nacional".

A pesar de que viví allá más de la mitad de mi vida, hacía ocho años que no visitaba Caracas. Encontré la ciudad tan hermosa como siempre. Muchos caraqueños se quejan de que ahora está más sucia, pero no noté diferencia con la época, anterior al chavismo, cuando viví allí. Visualmente, las diferencias más evidentes son dos: ha desaparecido el tránsito que antes hacía intransitables las autopistas y las principales arterias de la ciudad para dejar lugar a otras colas, no ya de automóviles, sino de personas. No hay tránsito porque en el país con mayores reservas de petróleo del mundo la administración pública trabaja apenas dos mediodías a la semana para ahorrar electricidad y porque cada automóvil que se avería es uno más que deja de circular, pues no se consiguen repuestos. Como contrapunto, las colas humanas empiezan a formarse desde antes del amanecer frente a todas las panaderías, farmacias y supermercados, sin importar de qué zona de la ciudad se trate. Son colas desordenadas de dos, tres y hasta cuatro cuadras, formadas por personas que empiezan a llegar a las cinco de la mañana con la esperanza de ser las primeras en entrar y poder adquirir, a precio regulado, productos de primera necesidad.

Sique aquí.

posted by Mori Ponsowy at 1:09 p.m.

lunes, junio 06, 2016
PRESENTACIÓN EN CARACAS






posted by Mori Ponsowy at 1:19 p.m.

miércoles, junio 01, 2016
¡LLEGAN A VENEZUELA!



posted by Mori Ponsowy at 1:16 p.m.

domingo, abril 10, 2016
PARA VITO, CON AMOR

ADN

El niño nunca ha visto dormir a su padre
pero duerme en la misma posición incómoda que él,
apoyado en un costado, los brazos estirados para atrás,
las manos entrelazadas, como un faquir.

Empeñado en armar un rompecabezas de ocho piezas
los ruidos que hace son los mismos que escuché hace años
cada vez que su padre destemplado intentaba arreglar
el inodoro, la pileta o el acuario del ajolote, en vano.

Lo recuerdo sentado en el piso de la casa que hicimos juntos
mirando el cielo de la mañana sin parpadear,
o acostado en la cama, adheridos los ojos a una pared,
como si ahí habitara el ectoplasma que lo visitó una vez.

Quería tener un hijo, le dije, para tenerlo a él dos veces,
para sentirlo crecer de mí, dentro de mí, para tener otra versión
del hombre amado, indefenso sobre mi pecho.

Al fin su estirpe ocurrió en mí, multiplicando
células infinitas, repitiendo patrones,
cayendo en uno o dos errores imprevisibles,
modificando los acentos de mi alma sin permiso,
reemplazando un decorado austero
por tiras bordadas, pañales, noches en vela.

Ahora, veo a mi niño poner interminablemente
un dinosaurio plástico tras otro, y recuerdo a su padre
cuando decía que encolumnar soldaditos de plomo
era de todos los juegos de infancia su preferido.

Y me pregunto si las extravagantes posiciones de dormir,
la obsesión con las filas y esa extraña afinidad por los anfibios,
son cosas que su ADN transmitió a mi hijo,
o si no son las leyes hereditarias, sino Dios
haciendo esto por mí: que el niño sea como su padre
para que, así, él aún esté conmigo.

posted by Mori Ponsowy at 3:13 p.m.

jueves, febrero 04, 2016
BABONES. EN MI CORAZÓN, SIEMPRE.

 
10 febrero 2002 - 4 febrero 2016


posted by Mori Ponsowy at 10:34 p.m.

miércoles, noviembre 11, 2015
INTENSA FUGACIDAD / LA VOZ DEL INTERIOR

Pasaron casi 15 años entre el primer libro de poesía de Mori Ponsowy, el hermosísimo Enemigos afuera, y este segundo titulado Cuánto tiempo un día. En esa década y media, hubo tres novelas, colaboraciones para diarios y revistas y traducciones. Sin embargo, la voz no parece haber sido alterada por el tiempo, aun cuando el tiempo sea el protagonista casi exclusivo de estos nuevos poemas.
Es una voz que elude el énfasis, no por precaución literaria sino porque en el núcleo de su desconfianza, hay algo demasiado sensible y consciente de que un poema también puede ser el más contundente de los actos.

Sigue aquí.

posted by Mori Ponsowy at 3:28 p.m.

viernes, octubre 30, 2015
EL AVISO QUE PONE AMELIA



posted by Mori Ponsowy at 7:05 p.m.

viernes, octubre 23, 2015
PRIMER CAPÍTULO DE "BUSCO UN AMIGO"

En cuanto se le ocurrió la idea, supo que lo haría. A pesar de todos los argumentos en contra, a pesar de la timidez, del miedo, y de cuán imprudente pudiera parecer, no sólo supo que se atrevería, sino también que hacerlo había pasado a ser inevitable. La ingenua esperanza que sentía, el riesgo que conllevaba, en vez de disuadirla, le parecieron señales de que pondría el aviso aunque pensarlo le provocara taquicardia, y aunque anticipaba que en ello se le irían sus ahorros de los últimos meses. No hacerlo sería renunciar a la alegría adolescente que le daba su ocurrencia loca. Encerrarse en la adultez. La misma adultez silenciosa y previsible de la que estaba harta. ¡Quería jugar! Quería divertirse, escapar de sus propios prejuicios, ser joven de nuevo, valiente y espontánea, y olvidar el peso de esa responsabilidad seria en la se había instalado desde hacía un tiempo y de la que ahora tanto anhelaba escapar.

Sigue aquí.

posted by Mori Ponsowy at 7:08 p.m.

jueves, octubre 15, 2015
"UNA EPOPEYA SENTIMENTAL" EN LA VOZ DEL INTERIOR

"A pesar de que Amelia se siente atormentada por su soledad y por el interrogante de qué ha hecho con su vida en las últimas dos décadas, la novela demuestra que “los milagros nunca vienen hechos a medida”: cuando se sale en busca de una cosa, a veces es posible encontrarse con otras de igual intensidad pero distintas. Con una prosa ágil, ligera y escenas bien logradas e imágenes hilarantes, BUSCO UN AMIGO redondea una historia amigable, divertida y que fluye sin altibajos."

Eso escribió Gustavo Pablos, en La Voz del Interior.

posted by Mori Ponsowy at 7:11 p.m.

lunes, octubre 12, 2015
Si existiesen los marcianos, ¿qué tres cosas humanas les harías conocer?

Aquí, en LN.

posted by Mori Ponsowy at 7:23 p.m.

domingo, septiembre 27, 2015
"COLORIDA PARODIA ROMÁNTICA", EN LA NACIÓN

"Emotiva y narrada como una historia de aventuras en escala contemporánea, BUSCO UN AMIGO confirma la destreza de Ponsowy para diseñar mundos con los ingredientes clásicos de la ficción: diálogos ingeniosos que motorizan la trama, sucesión de episodios del pasado y del presente para establecer un contrapunto agudo, presentación de personajes verosímiles con identidad propia."
 
Eso dijo el crítico Daniel Gigena, en LA NACIÓN. 

posted by Mori Ponsowy at 7:20 p.m.

miércoles, septiembre 16, 2015
UN EMÚ PARA MORI



posted by Mori Ponsowy at 7:19 p.m.

lunes, septiembre 14, 2015
EL AMOR ES UNA HISTORIA QUE NOS CONTAMOS / ENTREVISTA EN TIEMPO ARGENTINO

La narradora, poeta y traductora Mori Ponsowy explica el origen de su nueva novela, Busco un amigo, en la que indaga sobre el amor, el paso del tiempo y la fragilidad de los sueños. Su lanzamiento coincide con la presentación de su poemario Cuánto tiempo un día que se realizará el miércoles en Libros del Pasaje.

La entrevista completa, aquí.

posted by Mori Ponsowy at 7:14 p.m.

jueves, septiembre 10, 2015
¡ESTÁN TODOS INVITADOS!



posted by Mori Ponsowy at 5:22 p.m.

jueves, agosto 27, 2015
CUÁNTO TIEMPO UN DÍA



posted by Mori Ponsowy at 5:20 p.m.

lunes, agosto 10, 2015
BUSCO UN AMIGO (la tapa que yo hubiera querido)



posted by Mori Ponsowy at 11:24 a.m.

lunes, agosto 03, 2015
BUSCO UN AMIGO YA ESTÁ EN LIBRERÍAS



posted by Mori Ponsowy at 11:20 a.m.

viernes, julio 24, 2015
¡RECIÉN LLEGADOS A CASA!




posted by Mori Ponsowy at 4:27 p.m.

sábado, mayo 02, 2015
TODOS LOS CANDIDATOS CONTRA LA CORRUPCIÓN

La gente se escandaliza con los casos graves de corrupción. Ocurre en la Argentina, pero también en España, Brasil y muchas partes del mundo. "¿Para eso pagamos impuestos, para eso los elegimos?", decimos indignados. Simultáneamente, nos embarga una sensación de bienestar, casi soterrada: a diferencia de esas personas de baja calaña, nosotros podemos andar con la cabeza en alto porque estamos limpios, ajenos a ese submundo donde políticos, empresarios poderosos, policías o servicios de inteligencia se embarran las manos y se apropian de los dineros de todos.

Sin embargo, la indignación no basta para cambiar nada. Y tampoco sirve sentirnos distintos de quienes delinquen. En nuestra sociedad, existe una fuerte tendencia a vivir al margen de la ley y a desconocerla en función de las conveniencias propias. Aunque en algunos países esto se manifieste con mucha mayor frecuencia que en otros, se trata de una tendencia humana, visceral: al fin y al cabo, la ley no es más que una pauta de convivencia que intenta civilizarnos e impedir que prime el poder del más fuerte, de los que manejan la riqueza o el territorio, de los más audaces o canallas, de los más salvajes. Sin ley, el Estado de Derecho democrático es una ficción.

Sigue aquí.

posted by Mori Ponsowy at 4:33 p.m.

domingo, abril 19, 2015
LA CORRUPCIÓN NO ES NI DE IZQUIERDA NI DE DERECHA

Firma la petición aquí!

posted by Mori Ponsowy at 4:43 p.m.

miércoles, abril 15, 2015
MINDFULNESS: ¿MODA O SABIDURÍA?

Empecé a meditar hace cinco años cuando me di cuenta de que en mi cabeza nunca había silencio: pensaba constantemente, y no porque quisiera hacerlo, sino porque los pensamientos ocurrían en mí con independencia de mi voluntad. Salvo cuando estaba escribiendo o dando clases, no se trataba de pensamientos útiles en ningún sentido: los pensamientos que venían mientras realizaba tareas cotidianas eran banales y recurrentes y, a veces, terminaban haciéndome daño. ¿Por qué no podía podar las gauras sin pensar en otra cosa que no fueran las gauras? Supuse que intentar poner la mente en blanco durante media hora todos los días podría ayudar a detener ese murmullo y, así, sin ninguna guía, empecé a meditar.

Esa media hora se ha convertido para mí en uno de los momentos más valiosos de cada día. Desde entonces, he aprendido que no somos seres coherentes, ni indivisos; que tenemos agendas y deseos difíciles de aceptar; que el principio de no contradicción no opera en los afectos de la misma manera como en la lógica; que no somos nuestros pensamientos ni nuestras emociones aunque, casi siempre, seamos sus presas; que librarnos de muchos de los hábitos aprendidos es un trabajo que vale la pena; que, aunque a veces sea doloroso, prefiero vivir despierta a llevar la vida de un sonámbulo.  

Dadas las características de la sociedad contemporánea, no es sorprendente que a miles de personas les suceda algo similar a lo que acabo de contar. Hoy, en Estados Unidos, meditar es estar en la onda cool. El término que se ha puesto de moda es mindfulness y lo practican Michael Jordan, Rupert Murdoch, Oprah Winfrey y Arianna Huffington, por nombrar sólo a algunos de los más famosos. Google, AOL y Apple ofrecen clases de mindfulness para sus empleados. El término ha sido traducido como “conciencia plena” pero, por lo general, se usa la palabra en inglés. En Argentina hay varios centros dedicados a esta práctica. La promueven como “una forma efectiva para reducir los síntomas del estrés, aumentar la autoconciencia y mejorar el bienestar general.”

Aquello que durante siglos fue la esencia del budismo, una disciplina de monjes dedicados, hoy se anuncia como panacea universal para toda índole de problemas. La moda va más allá de la auto-ayuda: la Universidad de Lesley, en Cambridge, inauguró hace poco la primera Maestría en Mindfulness. “La investigación en neurociencias demuestra que la práctica de Mindfulness produce cambios en el cerebro que mejoran el bienestar de la gente”, dice la página web de la Universidad. “Esta Maestría está dirigida a quienes deseen enriquecer sus vidas y las de los demás convirtiéndose en ciudadanos plenamente conscientes.” El tema fue dos veces tapa de la revista TIME: “The Mindfull Revolution”, tituló la edición de febrero de 2014 y “The Science of Meditation” la de agosto de 2003. Ambas mostraban a sendas rubias jóvenes, de facciones perfectas, sentadas en posición de loto, con expresión de éxtasis.

No soy rubia, sostener la posición de loto más de dos minutos me resulta incomodísimo y no sé si entro en la categoría de “joven”. Quizá por eso me indigno cada vez que leo artículos como esos. El otro día vi en Twitter publicidad de una nueva aplicación para el celular: “MINDFULNESS. Prescribed for inner peace”, decía. Prometía paz interior a cambio de un minuto diario. Hice un comentario sarcástico al respecto y mi hijo se rió: “¿Para qué meditas si te vas a enojar?” Ese mismo día, leí que en su sede de California, Google ofrece a sus empleados un curso llamado "Busca dentro de ti mismo" con la promesa de que una sola respiración consciente al día puede conducir a la paz interior.

Aunque los bestsellers prometen la felicidad, nadie que haya profundizado en la meditación se atrevería a decir que ese es el punto de llegada. Dos años después de que empecé a meditar me di cuenta de que necesitaba un guía. En medio de tanta cháchara “new age” no fue fácil dar con un maestro que me inspirara confianza. Poco después de encontrarlo, aprendí que lo que había venido haciendo hasta entonces era sólo una técnica de relajación. Meditar era otra cosa.

La pregunta de mi hijo no tiene respuesta fácil. Por un lado, me da la impresión de que con la meditación ocurre lo mismo que ha ocurrido con la literatura y tantas otras cosas: la civilización del espectáculo banaliza todo, desdibuja los detalles que enriquecen la trama hasta dejar una mala caricatura, una cáscara vacía, un simulacro. Por otro lado, me pregunto si mi incomodidad ante las promesas de felicidad cuasi instantánea no se origina en la idea de que mi práctica es “verdadera” mientras que la de los demás es pura pose.

Un minuto diario es un comienzo, pero la gente se engaña si piensa que eso es suficiente para ganar paz interior,” dijo Ken McLeod cuando le consulté sobre el tema. McLeod es autor de “Wake Up To Your Life” y de otros cinco libros de prácticas budistas. “Sin una práctica sostenida, nadie puede desarrollar un nivel de atención suficiente como para cambiar su vida. Sin embargo, empezar con un minuto es una forma de empezar.”

Hokai Sobol, un maestro budista que se dedica desde hace más de veinte años a tender puentes entre las enseñanzas tradicionales y una espiritualidad acorde al siglo XXI, comentó: “El peligro es que se trabaje con estos métodos desconociendo sus fundamentos éticos y filosóficos. No hay nada malo en querer ser feliz, saludable y exitoso, pero una práctica de meditación genuina supone el desafío de mirar más allá de esos horizontes convencionales. Practicar un poco de Mindfulness cada día y meditar, pueden ser dos cosas distintas. La diferencia radica en el nivel de compromiso y esto, a su vez, deriva de la motivación de cada uno.”

La mención de Sobol a los fundamentos éticos del budismo es un punto fundamental: el año pasado, el Departamento de Defensa de EEUU otorgó un presupuesto de 4,3 millones de dólares a un programa basado en Mindfulness que se imparte a soldados durante ocho semanas antes de enviarlos a zonas de combate, como profilaxis psicológica para “disminuir la degradación cognitiva”. Algunos críticos han empezado a hablar de “McMindfulness” para referirse a esta adaptación al mercado de una técnica que, durante siglos, promovió la reflexión crítica pero que ahora se acerca más a la aceptación del status quo.

Al masificarse, la práctica de Mindfulness se ha convertido en un simulacro de la meditación. Así como en Disneylandia nos encontramos con un árbol de la vida hecho de acrílico -con la salvedad de que no está vivo- muchas veces el mindfulness que se enseña no es más que un simulacro de la meditación.

¿Hay algún peligro de que la práctica se desvirtúe de esta manera? Para McLeod, se trata de algo benigno. “La sociedad contemporánea no ha logrado satisfacer la necesidad espiritual de la gente,” afirma. “A medida que la religión perdió influencia, también se perdió la práctica de la oración diaria, un momento en el que cada quien estaba a solas consigo mismo. Mucha gente que practica Mindfulness no lo llama “oración” pero, en el fondo, al pasar unos minutos solos y en silencio, eso es lo que están haciendo. Más allá del nombre que le pongamos, creo que se trata de algo beneficioso.”

Sobol es más cauto en su apreciación del fenómeno: “La práctica de la meditación es como el amor: hace feliz a algunas personas, hace sufrir a otras, y confunde a muchos más. Pero hay una pequeña minoría que, si no se rinde antes de pasar por las tres etapas, finalmente alcanza una especie de sabiduría: un saber acerca de sí mismos y de lo que significa estar vivo sobre esta tierra.” Un misterio, al fin y al cabo. El asombro sin fin de este mundo maravilloso que nunca terminaremos de entender.

posted by Mori Ponsowy at 4:52 p.m.

jueves, marzo 19, 2015
¡"BUSCO UN AMIGO" ENCONTRÓ EDITOR!

Hoy firmé contrato con Random. Si todo sale bien, la novela sale en agosto :)

posted by Mori Ponsowy at 4:43 p.m.

viernes, febrero 27, 2015
TIERRA FÉRTIL PARA EL KIRCHNERISMO

¿El núcleo duro del kirchnerismo está formado sólo por Cristina Kirchner y sus allegados más cercanos? ¿Incluye también al 6% de la población que se define como kirchnerista o, acaso, es algo más difuso y difícil de definir? Empecé a hacerme estas preguntas cuando, una semana después de la muerte de Alberto Nisman, leí las primeras críticas al 18-F. Para entonces, todavía no se sabía que los fiscales adherirían y, mucho menos que se convertirían en los convocantes más emblemáticos de la marcha. Tampoco había manera de adivinar que el Gobierno, con su crítica a la convocatoria, sería su propagandista más eficaz.
La idea de la marcha nació de ciudadanos sin filiación partidista. Diez días antes de la entrada en escena de los fiscales circulaban los primeros hashtags del #18F en Twitter, se juntaban adhesiones en varias páginas de Facebook y había un pedido de firmas en Change.org convocando a la Plaza de Mayo. Adhesiones y comentarios en contra se multiplicaban a la par. "Si a la marcha van sectores contrarios a este gobierno, la marcha perdería legitimidad", escribió alguien en Facebook. Otro comentó: "La noche que murió Nisman vi carteles insultando a Cristina. Si eso no es destituyente, entonces no sé qué es". Alguien más dijo: "Nisman era agente de la CIA. ¿Ahora lo van a salir a defender?" Y en Twitter dijeron: "Se viene perfilando la operación Nisman como «la gran Herminio Iglesias» del Grupo Clarín y la oposición argentina". Mientras esta índole de críticas de origen personal abundaba en las redes, el arco intelectual afín al oficialismo seguía callado.
Hago hincapié en el orden de los hechos porque hay muchas personas convencidas de que tanto los intelectuales como la gente de clase media que apoya al Gobierno lo hace porque recibe algo a cambio. Dudo que en la mayoría de los casos sea así.

Sigue aquí.

posted by Mori Ponsowy at 4:30 p.m.

martes, enero 06, 2015
LOS INFLUYENTES Y LOS PODEROSOS NO SON LOS MISMOS

Hace unos días se dieron a conocer los resultados de una encuesta de opinión pública sobre las personas, empresas u organismos más influyentes según los argentinos. Los primeros doce son los siguientes: Cristina Kirchner, el papa Francisco, Marcelo Tinelli, Jorge Lanata, Mauricio Macri, el Grupo Clarín, Sergio Massa, Juan Domingo Perón, Daniel Scioli, Axel Kiciloff, Lionel Messi y Diego Maradona. Apenas unos peldaños más allá, el decimoquinto lugar corresponde a Susana Giménez, seguida inmediatamente por José de San Martín y Néstor Kirchner.

Que los primeros dos lugares correspondan a Cristina y Francisco no resulta sorprendente. Sí lo es, en cambio, que Tinelli y Lanata sean percibidos como pisándoles los talones nada más y nada menos que a la presidenta de la Nación y al jefe de la Iglesia Católica, y que nuestro imaginario colectivo considere a Messi y a Maradona como apenas un ápice menos influyentes que el ministro de Economía. ¿Será que la alegría que provoca un gol es comparable a la exención del impuesto a las ganancias? ¿Será que las decisiones de un ministro pueden afectar la calidad de vida de los argentinos tanto como las de una estrella de fútbol?

Sigue aquí.

posted by Mori Ponsowy at 12:16 p.m.

lunes, julio 14, 2014
EL PORTERO DE OJOS AZULES

En cuanto lo vi me di cuenta de que a ese hombre yo no le gustaba. Aunque era la primera vez que me veía, me miró con desconfianza: de reojo, con los ojos entrecerrados, como si el contacto visual pudiera contagiarle un mal desconocido. Queriendo prevenir el futuro que pude adivinar, lo saludé con una sonrisa. Antes de que me dijera que no había hecho bien en usar el ascensor principal para subir la primera maleta de mi mudanza, le dije que tenía lindos ojos. Él se quedó mudo, con la boca abierta en un círculo de asombro. "Celestes -agregué-. Preciosos. Como los de mi abuela." No atinó a responder. A su edad, ya habría transcurrido mucho tiempo desde la última vez que una mujer le dijo algún piropo.

Han pasado tres meses desde entonces y debo admitir que mi estrategia no sirvió de nada.

Sigue aquí, en LNR.

posted by Mori Ponsowy at 2:24 p.m.

domingo, junio 08, 2014
MADRES DIFÍCILES

Al lado de la piscina a la que voy a nadar hay otra piscina, mucho más chica y de poca profundidad, donde se les enseña a nadar a niños muy pequeños. Hace algún tiempo, mientras dejaba mis cosas en el vestuario, escuché el diálogo entre una madre y su hijito. El niño tendría dos años, no más. Tenía la carita redondeada y esa expresión dulce e inocente de algunos niños que hace que uno los quiera abrazar y proteger aunque no los conozca. La madre estaba sentada en un banco mientras lo desvestía y le ponía la malla. El chiquito, de pie frente a ella, frunció los labios. Parecían un pimpollo.

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posted by Mori Ponsowy at 6:38 p.m.

jueves, mayo 22, 2014
LA REBELIÓN DE LOS JÓVENES VENEZOLANOS

"Se llevaron al hijo de Sandra!", decía un mensaje que  me llegó el 26 de abril por WhatsApp, a través del grupo de mis compañeras de secundaria en Venezuela. A partir de entonces, la cantidad de mensajes diarios no baja de cien.

El hijo de Sandra tiene 17 años. La Guardia Nacional Bolivariana lo detuvo, junto con otros diez chicos, tras disolver una manifestación pacífica en Caracas. Durante 24 horas, ninguno de sus familiares supo adónde lo habían trasladado. Al segundo día, dieron con él: estaba preso en una cárcel de delincuentes comunes. Fue puesto en libertad 13 días después. Mientras tanto, llegaron muchos otros mensajes al WhatsApp: "mi hija está con broncoespasmo porque la GN lanzó bombas lacrimógenas al lado del colegio"; "el sobrino de María Eugenia está detenido"; "tengo cuatro alumnos en la cárcel".

La prensa habla de 3000 manifestantes detenidos ilegalmente e imputados de delitos penales en los últimos dos meses. El gobierno chavista de Nicolás Maduro desmiente la cifra. ¿Cómo saber la verdad?

Sigue aquí.

posted by Mori Ponsowy at 4:36 p.m.

domingo, abril 27, 2014
DIECINUEVE



posted by Mori Ponsowy at 6:29 p.m.

lunes, marzo 31, 2014
¡EMPEZAMOS HOY!


posted by Mori Ponsowy at 6:36 p.m.

lunes, septiembre 09, 2013
ALMUDENA GRANDES EN BUENOS AIRES


posted by Mori Ponsowy at 5:46 p.m.

domingo, agosto 11, 2013
JO HIGHAM Y DAVID WEINSTEIN

Sentado en un laboratorio en el barrio londinense de Liverpool, David Weinstein mira a Jo Higham con una emoción difícil de controlar, pero Jo no se da cuenta. Concentrada en lo suyo, lava un frasco, lo seca y lo pone en un estante.

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posted by Mori Ponsowy at 11:31 a.m.

lunes, julio 15, 2013
NOS INDIGNAMOS MUCHO, PERO HACEMOS POCO

Nota escrita a cuatro manos con el juez y filósofo Ricardo Guibourg, aquí.

posted by Mori Ponsowy at 11:24 a.m.

jueves, junio 27, 2013
LA VIDA DE UN ESCRITOR

Cuando uno menos lo espera, viene la vida y te sorprende con algo inesperado. Hace un par de semanas, sonó el teléfono en casa a una hora en la que no suele llamar nadie. Atendí, y una voz con acento extraño, preguntó por mí.

-Espere un momento que ya le comunico con el Presidente Tolbert- dijo.

Hay gente que piensa que escribir es un oficio aburrido. Es cierto que uno pasa horas tecleando o garabateando ficciones en un papel pero, una vez escrito lo escrito, muchas veces suceden cosas insólitas: personas que te escriben para criticarte; regalos que te llegan por correo; amistades nacidas en el amor a las palabras; y hasta expresidentes de países lejanos que, una mañana cualquiera, te llaman por teléfono para pedirte ayuda.

-Habla Tolbert –me dijo una voz desconocida. –Me acaban de mostrar una nota suya en una revista, y por eso la llamo: Roger es mi hijo. Hace veinte años que se fue y no sé dónde está.

En ese mismo instante, al hombre se le quebró la voz y supe con quién estaba hablando.

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posted by Mori Ponsowy at 6:53 p.m.

lunes, mayo 27, 2013
COETZEE Y LA CENSURA


“Esta tarde voy a hablar sobre la censura,” dijo J.M. Coetzee para empezar su conferencia magistral en la Feria del Libro, hace un par de semanas. Fiel a su estilo, no improvisaba, sino que incluso esas primeras palabras estaban escritas, y él las leía con la misma seriedad con que las había leído, antes, en Curitiba, Texas, París, y vaya a saber cuántas otras ciudades, como un cantante de rock que repite las mismas canciones, la misma coreografía, ora ante un auditorio ora ante otro, hasta dar la vuelta al mundo entero. Sólo que Coetzee, el sudafricano que ganó el Premio Nobel de Literatura en 2003, es lo menos parecido a una estrella de rock que podamos imaginar.

Introvertido, parco, pausado, medido: no en balde Coetzee tiene fama de ermitaño. Un colega que trabajó con él durante diez años dice que lo vio reír sólo una vez y que asistió a cenas en las que el autor no pronunció palabra en toda la noche. Tampoco sonrió esa tarde en la Feria del Libro. A los aplausos, al final del discurso, respondió con una leve inclinación de cabeza. En contraste con ese silencio, su prosa es afilada como un cuchillo de carnicero: parca, sin ornamentos, no le sobra nada, y cada palabra escrita parece estar ahí por necesidad. Por eso, cuando me enteré de que esa noche hablaría sobre la censura supuse que diría algo original a pesar de que ya se haya escrito tanto sobre el asunto.

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posted by Mori Ponsowy at 1:15 p.m.

lunes, mayo 06, 2013
NUEVA NOVELA

 

posted by Mori Ponsowy at 6:50 p.m.

sábado, abril 27, 2013
DIECIOCHO AÑOS

¡Mi niño!

posted by Mori Ponsowy at 4:11 p.m.

sábado, abril 20, 2013
POLLITOS DE HUEVOS VERDES


A veces me da la impresión de que todas mis amigas están un poco locas.

posted by Mori Ponsowy at 2:30 p.m.

jueves, abril 04, 2013
Más papistas que el Papa

Envidio a los creyentes. De todas las religiones, de todas las ideologías. Tanto los envidio que varias veces, a lo largo de mi vida, he estado a punto de convertirme a alguna otra religión que no fuera la de mi infancia, a alguna ideología de las muchas que prometen un país o un mundo mejor al alcance de la mano. Pero siempre, justo antes del sacramento de iniciación en la nueva fe, he cambiado de idea. A último momento me ha pasado que de pronto veo a mis futuros camaradas o correligionarios tan serios, tan ceñudos, tan convencidos de su propia importancia, tan seguros de sí mismos mientras enuncian sus proclamas, que empiezo a asustarme, a sentirme extranjera en el club al que estoy por pertenecer, a sospechar que no estoy tan convencida como ellos o, mejor dicho, que no estoy convencida en absoluto y que, si he de ser sincera, la verdad es que no quiero formar parte de esa confesión o de ese partido y, mucho menos, que me contagien sus expresiones adustas, su rigidez, esa forma adoquinada que tienen de ser adultos y de sentirse imprescindibles.

Cambio de idea, entonces, no firmo adhesión alguna, no paso por ningún rito iniciático y me quedo, de nuevo, sin un sistema de creencias al que asirme cada vez que el mundo cruje; sin una ideología firme que me diga quién tiene la razón cuando en un mismo país, el mismo día, un diario dice una cosa y, otro, todo lo contrario; cuando en un mismo país el oficialismo se ofusca porque un sacerdote argentino ha sido elegido Papa, mientras miles de personas celebran en las calles, en los bares, en las plazas. ¿Qué celebran?, me pregunto. “Me imagino lo enojada que debe estar Cristina,” dice una señora en un café, desde la mesa que está al lado de la mía, cuando en la tele anuncian que Bergoglio es el nuevo Papa. “¡Le robaron el protagonismo a Cris!” dice un señor que se acerca a la tele para escuchar mejor. Ambos ríen, satisfechos, como si hubieran hecho una travesura. Se me ocurre que quizá celebran el mal humor en que la noticia ha sumido a la Presidente. Empiezan a llegarme mensajitos de texto: “¡Es jesuita: qué bueno!”, me dice una amiga desde Venezuela. “¡Me llena de esperanza!”, escribe un amigo con el que acabo de almorzar. Se me ocurre entonces que quizá celebran que el nuevo Papa no pertenece al ala más conservadora de la Iglesia, sino a una de las más pensantes. Los bocinazos desde la calle se tornan ensordecedores. De un momento a otro, la gente ondea banderas argentinas y vaticanas. “Maradona, Messi, y ahora el Papa,” dice el mozo cuando me trae la cuenta. Y se me ocurre que quizá el mozo y los automovilistas celebran que el nuevo Papa es argentino, convencidos de que los logros de cualquier compatriota, de alguna manera, también les corresponden.

Cuando regreso a casa huyendo de la algarabía callejera, leo en Facebook cómo algunos de mis amigos K elucubran con que el nombramiento de Bergoglio tiene que ver con la estrategia de la Iglesia para frenar a los gobiernos populares del Cono Sur. Al día siguiente escucho a Horacio González decir que “no puede ser” que compañeros del oficialismo celebren la elección de Bergoglio, a pesar de lo cual, horas más tarde, veo a la Presidente emocionada y llorosa cuando saluda a Francisco I. Esa misma tarde, leo a Feinmann decir que ella hizo bien en tragarse un sapo y “adueñarse” de Francisco. Los veo a todos tan convencidos de lo que dicen que acabo sintiéndome totalmente inadecuada y sola con mi sospecha de que nada va a cambiar en nuestro país porque el Papa sea argentino pues, al final, los poderosos siempre tienen sus maneras de arreglar las cosas, de no enemistarse si no les conviene, y de desdecirse de un día a otro si creen que con ello pueden sacar algún provecho.

Hace tiempo leí una historia acerca del Dalai Lama. Probablemente sea una historia apócrifa, pero me gusta pensar que realmente sucedió así. Dicen que ocurrió antes de que ganara el Premio Nobel de la Paz. Viajaba en avión a alguna ciudad de Norteamérica y a su lado iba sentado un joven occidental. Cuando la azafata vino con las bandejas de comida, el Dalai Lama aceptó la suya y empezó a comer con apetito. Entonces, su vecino de asiento le preguntó: “¿Eso que está comiendo es carne?” “Sí,” respondió el Dalai Lama. “Creo que es de ternera. ¡Y está deliciosa!” A lo que su joven vecino, asombrado, contestó: “Pensé que los budistas no comían carne...” El Dalai Lama pinchó un trozo de ternera y, sonriendo, antes de llevárselo a la boca, respondió: “Eso es algo que sólo hacen los budistas realmente serios.”

Recordé esta anécdota cuando me enteré de que Bergoglio, poco después de haber sido elegido Papa, les dijo a los cardenales: “Que Dios los perdone por haberme elegido.” Imaginé a los cardenales riendo pero, a la vez, enmudecidos, al igual que aquel compañero de vuelo del Dalai Lama, sin saber qué contestar. Justamente a ellos, que teóricamente habían sido iluminados por el Espíritu Santo en su elección del nuevo Papa, el nuevo Papa parecía estarles haciendo una broma. Una broma que no sabían cómo interpretar porque rompía sus estereotipos acerca de cómo debían ser las cosas y, al romperlos, los confundía y les creaba desazón e incertidumbre. Desazón que nunca habrá sido tan grande como la que sintió nuestra Presidente cuando se enteró de que el Cardenal a quien catorce veces se había negado a otorgar audiencia acababa de ser nombrado Papa; ni tampoco tan grande como la que sintieron los ultra K cuando a la mañana siguiente de la coronación de Francisco, la ciudad amaneció cubierta de afiches que mostraban las manos de Cristina y el Papa, juntas alrededor del mate que ella le regaló, bajo la leyenda “Compartimos la esperanza”.

“Más papista que el Papa”, dice una expresión popular. Y así ha sido mucho de lo que ha sucedido desde la elección de Bergoglio como Jefe de la Iglesia. Los más ortodoxos de todos los bandos están enfurecidos. El ala más reaccionaria de la Iglesia, por un lado; la más inflexible del kirchnerismo, por el otro. Es lo que suele pasarle a todas las personas que dejan huella: tras ellos, vienen sus inflexibles seguidores, fundan una institución y se aferran a un conjunto rígido de creencias que hace que se sientan dueños y señores de la verdad. Para muestra, dos botones: ¿Qué tuvieron que ver las Cruzadas con las enseñanzas de Jesús? ¿Qué tuvieron que ver los Gulags soviéticos con los escritos de Marx?

Quisiera terminar contando una experiencia personal. Yo estudié en colegio de monjas y en sexto grado tuve un desencuentro con la que nos enseñaba religión. La Hermana Matilde dijo que no ir a Misa los domingos era pecado mortal y que quien muriera en pecado se iba al infierno. En casa, nadie iba a Misa y yo empecé a preocuparme, no tanto por mí, sino por mis padres. Me aterraba la posibilidad de que alguno muriera y se fuera directo al infierno. Entonces le pregunté a la monja qué sucedía si una persona no iba a Misa un solo domingo de su vida, y se moría el lunes. “Se va al infierno,” respondió, sin que le temblara la voz. “¿Aunque haya sido buena toda la vida?”, insistí, temiendo por el futuro metafísico de mis padres. “¡Se va al infierno!” sentenció la Hermana, con esa seguridad omnipotente que exhiben no sólo muchas personas religiosas, sino muchos marxistas, muchos ultraliberales, muchos kirchneristas, chavistas, anti-kirchneristas y anti-chavistas. Esa omnipotencia que, paradójicamente, también destilan muchos ateos que convierten su no creencia en Dios en una religión.

Gracias a la respuesta de la Hermana Matilde –y porque me resultaba imposible quedarme dormida por las noches imaginando a mis padres ardiendo en el infierno de los injustos- soy agnóstica desde los doce años. Debe ser por eso que no tuve manera de compartir ni la alegría de unos, ni el enojo de otros, ante el nombramiento del Papa argentino. Me cuesta confiar en las instituciones y en los líderes –sean religiosos o políticos- que creen tener la verdad en la mano pues la rigidez de sus teorías me parece la antítesis de la libertad de pensamiento.

Creo que la labor del intelectual es ser agnóstico: cuestionar el poder, a los poderosos, y defender los derechos del hombre individual. Las instituciones, los partidos políticos, las iglesias, las corporaciones, los sistemas cerrados de pensamiento, nos llevan a comportarnos de modos que sacan lo peor de nosotros. Sin embargo, no podemos volver a la aldea primitiva, ni acabar con todas las instituciones, así que quizá el desafío radique en encontrar maneras de conservar nuestra humanidad y cultivar la compasión en el contexto de las instituciones en las que transcurren nuestras vidas. El desafío es no ser más papistas que el Papa, ni que nadie. Aunque a veces incomode, aunque a veces los creyentes provoquen una pizca de envidia, no nos dejemos robar la libertad de pensamiento; no sucumbamos a las anteojeras; y, sobre todo, no creamos en ningún credo que niegue la posibilidad de error; en ninguno de los tantos que se proclaman dueños y señores de una sola verdad.

posted by Mori Ponsowy at 6:51 p.m.

miércoles, marzo 27, 2013
BERENJENA


posted by Mori Ponsowy at 10:32 a.m.

lunes, marzo 11, 2013
La religión del siglo XXI

Soy agnóstica. Y me enorgullezco de serlo.

posted by Mori Ponsowy at 12:19 p.m.

lunes, febrero 04, 2013
ROGER EN NUEVA YORK


Conocimos a Roger una tarde de otoño en Nueva York. Zurita y yo habíamos cruzado caminando el puente de Brooklyn y, ya con el East River atrás, llegamos a Park Row. Al dar la vuelta en una esquina, nos topamos con una pequeña plaza llena de árboles añosos. Era uno de esos rincones en los que Nueva York no parece Nueva York, sino una ciudad pequeña, casi pueblerina. Las veredas eran de adoquines y la gente andaba a paso pausado como si, al caer la tarde, el canto de los pájaros la hechizara. Fue entonces cuando vimos a Roger.

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posted by Mori Ponsowy at 3:43 p.m.

lunes, diciembre 24, 2012
¡FELIZ NAVIDAD!

¿Cuántos de ustedes lograron todo lo que esperaban durante este año que está por terminar? ¿Cuántos se arrepienten de algunas cosas que hicieron? ¿Cuántos lamentan no haber hecho algo que habrían querido hacer? Esta época del año es, casi inevitablemente, un llamado a sacar balances y a la reflexión, y un recordatorio de que el tiempo pasa y seguirá pasando, querámoslo o no. Peor aún: estas semanas nos recuerdan, no sólo que el tiempo pasa, sino que, muy probablemente -a pesar de esas resoluciones de fin de año que suelen durar lo que un suspiro-, seguirá pasando más o menos del mismo modo como lo ha hecho hasta ahora, pues también nosotros seguiremos siendo los mismos, con los mismos defectos y virtudes de siempre.

Esta noche es Nochebuena y dentro de una semana será fin de año. Para muchos se trata de una fecha difícil, pues nos enfrenta con frustraciones y tristezas. Hacer balances implica tomar en cuenta el debe y el haber y, con frecuencia, no todo es alegría. Hasta hace poco, yo odiaba la Navidad y las Fiestas. Recuerdo el malhumor, la ironía, el reconcomio, con que las enfrentaba. Odiaba salir a comprar regalos con los negocios atestados de gente. Odiaba las almibaradas melodías navideñas repitiéndose durante horas hasta el hartazgo. Odiaba los ridículos pinos de plástico después de haber vivido en un país donde los pinos eran naturales y su perfume inundaba la casa. No entendía por qué el 31 brindábamos al dar las doce si, al fin y al cabo, sólo era una noche más. Pero, sobre todo, odiaba sentir la obligación de mostrarme feliz cuando la verdad era que las Fiestas me provocaban angustia, tristeza y desazón: cada año había esperado de mí misma grandes cosas y, al cabo de doce meses, lo único que podía mostrar eran triunfos minúsculos: en vez de una novela entera, algunos capítulos más o menos logrados; en vez del Premio Nobel, un modesto premio local; en vez de lograr armar un grupo de gente que pudiera cambiar el mundo, apenas reuniones de amigos que intentamos, con mucho trabajo, modificar algunas pequeñas cosas, con más o menos suerte.

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posted by Mori Ponsowy at 6:42 p.m.

jueves, diciembre 13, 2012
EL ARTE: ¿CAMINO HACIA UN MUNDO MEJOR?

Dicen que en un antiguo poblado judío vivía un rabino, sabio pero severo, que nunca dejaba de predicar la virtud entre los aldeanos. No sólo lo hacía ante la congregación de fieles sino, también, cada vez que se topaba con alguien por las calles del pueblo. Con el tiempo, cansados de escuchar siempre lo mismo, los vecinos empezaron a esquivarlo. Al verlo venir, cambiaban de rumbo o apuraban el paso, como si tuvieran urgencia por estar en otro lado. El rabino, entonces, decidió cambiar de estrategia: como ya nadie parecía dispuesto a oírlo buenamente, empezó a predicar a voz en cuello de madrugada, despertando a todos los que durante el día no habían querido escucharlo.

Me acordé de ese relato hace poco, cuando vi por YouTube el debate entre Gilles Lipovetsky y Mario Vargas Llosa, realizado en el Instituto Cervantes de Madrid, en ocasión del lanzamiento de “La civilización del espectáculo”...

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posted by Mori Ponsowy at 2:45 p.m.

martes, noviembre 20, 2012
CUÁNTO TIEMPO UN DÍA

¿Cuánto puede durarnos este día
si cuando arremeten las olas
lo barren todo: la sombra de las casas,
la arena de los sueños, el vacío
de los vanos en las puertas?
¿Cuánto, si al andar tropiezo
con pozos de cangrejos, y caigo
hasta el otro lado del mundo,
allí donde mis brazos
no se pegan a tu cuerpo?
Aspavientos del olvido.
Aspas del agua
que enmascaran la nada
de tanta tarde de domingo
que siempre llegó a lunes,
de tantos días idos
en la avalancha de las olas
que vienen y se van,
inclementes siempre.
Como las horas.

Para Jesús Zulaika Goikoetxea

posted by Mori Ponsowy at 2:28 p.m.

viernes, noviembre 02, 2012
LANATA: NAC & POP

Lanata contó que unos días antes del vigésimo quinto aniversario de Página/12, un periodista le preguntó qué tres cosas le gustaban de Cristina Kirchner. Él dijo que le gustaban “su audacia, su inteligencia, y el hecho de que pareciera convencida de lo que estaba haciendo.” Aclaró que nada de eso cambiaba el hecho de que pensara que estaba equivocada. No deja de ser paradójico que millones de argentinos piensen de Lanata exactamente lo mismo que él de Cristina. ¿Quién niega su audacia e inteligencia? ¿Quién, la pasión con que hace periodismo o el convencimiento que evidencia en cada una de las cosas que dice? Sin embargo, nada de esto impide que muchísima gente piense que está equivocado. O peor aun: que no dice la verdad.

Para empezar, digamos lo obvio: todo militante K está convencido no sólo de que Lanata se equivoca, sino de que miente y de que es funcional a supuestos intereses desestabilizadores. Hace unas semanas, cuando él y su equipo fueron detenidos en un sótano del aeropuerto de Caracas donde les borraron el material que tenían grabado en cámaras y computadoras, Gabriela Cerruti afirmó en Twitter: “No les creo nada: ellos se lo ganaron mintiendo sin parar todo el tiempo.” Sin darse cuenta, Cerruti escribió una frase con ominosos ecos al “algo habrán hecho” de mediados de los 70. Pero no son sólo los acérrimos militantes K quienes descreen de cualquier investigación que Lanata presente en “Periodismo para todos”, sino también miles de argentinos que apoyan al gobierno, convencidos de su versión de la historia, y de que toda denuncia que lo perjudique es producto de un complot al servicio de Magneto o de los intereses del neoliberalismo internacional.

Como fiel espejo de un país dividido en dos, frente a ese ejército de fanáticos que reverencian una verdad aguerrida y unívoca, otro ejército semejante, casi igual de populoso y con la misma tendencia a las anteojeras, ha encontrado en Lanata no sólo una voz en la que se siente representado, sino también un catalizador de su enojo ante la soberbia gubernamental, ante los innumerables y desvergonzados casos de corrupción y, sobre todo, ante el miedo y las prácticas extorsivas que el gobierno impone flagrantemente frente a jueces, gobernadores, empresarios, periodistas y, en general, ante cualquier voz de cierto alcance que desentone con el relato oficial.

“Los jueces no son dioses,” dijo Cristina el 6 de septiembre en un discurso en la Casa Rosada. Y afirmó: “sólo hay que tenerle temor a Dios... y a mí, en todo caso, un poquito”. Un domingo después, Lanata abrió su programa refiriéndose a los cacerolazos del 13 de septiembre, y dijo: “Se ve que lo del miedo no le está funcionando. Es curiosa la opinión que Cristina tiene de los demás porque los que no la obedecen tienen que temerle, o quieren joderla. Señora: somos personas, que a veces estamos de acuerdo y otras veces no. Eso es todo. No se muere nadie. Somos personas que tenemos derechos y obligaciones, claro. Pero no sólo obligaciones. También: derechos.”

Sin miedo, cada domingo, Lanata da voz al descontento de millones de personas que no se identifican ni con las medidas, ni con el estilo, de quienes nos gobiernan. Pero lo que caracteriza a “Periodismo para todos” no es sólo la audacia sino, también, su tono irritado, atrevido y, con frecuencia, grosero. Como contrapeso a la prepotencia y autoritarismo presidencial, varias veces durante el programa se muestran decenas de fotos de argentinos de distintas edades haciendo el gesto de “Fuck-you!” ¿A quién se lo hacen? ¿A quién va dirigido ese insulto reiterado, domingo tras domingo, para deleite de casi medio país? Lanata no necesita decirlo para que la audiencia lo sepa. Miles de personas sienten que ese gesto habla por ellos y los representa. ¿La presidente quiere que le tengan miedo? Lanata no se lo tiene y, en esa audacia, en esas fotos, muchos encuentran una válvula de escape. En medio de un clima amedrentador, puede parecer bien que alguien contagie valentía e irreverencia ante al poder político.

Entre esos dos bandos encontrados -los detractores de Lanata y sus fanáticos; los ciudadanos K y los anti K- quedan algunas pocas voces huérfanas, tanto de audiencia como de representantes: una minoría que piensa que Lanata está equivocado, pero no precisamente porque no considere valiosa su investigación, ni porque crea que las denuncias que hace sean falsas, sino porque lamenta que un periodista de su talento dilapide su credibilidad, semana tras semana, haciendo el papel de histrión, emporcándose la boca con insultos innecesarios, fomentando el resentimiento, desconociendo límites verbales y estéticos.

“Nosotros que estuvimos dos horas en un pozo, llegamos a Argentina a explicarle a un montón de pelotudos malintencionados que lo que dijimos es cierto,” dijo Lanata cuando regresó de Venezuela. Y continuó: “Me da tristeza escuchar a Gabriela Cerruti, que tenía una relación cámica con alguien en la época de Menem... No era una gran periodista, pero pensó que era Umberto Eco. Dejó de leer y se convirtió en la analfabeta que es. Y yo tengo que soportar que esa chica ponga en duda lo que nos pasó.” Ese mismo día, también embistió contra Reynaldo Sietecase que había calificado lo sucedido en el aeropuerto como un “episodio menor”: “Reynaldo, me parece que sos un tipo de mierda, porque decir eso es ser un tipo de mierda.”

Cuando Página/12 celebró su aniversario y Cristina omitió mencionarlo, Lanata le escribió una carta abierta que leyó en su programa: “El miércoles fui testigo de algo que conocía pero que nunca había sufrido en carne propia: fui víctima de cómo el gobierno reescribe la historia como quiere, saca y pone personas de la foto a su antojo, como hacían los soviéticos durante las purgas. Me parece, señora presidente, patético y triste que me hayan convertido en el primer desaparecido de Página/12.” Algunos párrafos después, agregó: "No sólo el acto fue patético. Usted fue patética."

Expresiones tan agresivas hacen difícil para algunos tomar en serio el tipo de periodismo que hace Lanata. Los episodios en el aeropuerto de Caracas son injustificables, pero compararlos con un secuestro es exagerado... aunque nunca tan exagerado, ni fuera de lugar, como auto-proclamarse “desaparecido” simplemente porque nadie lo mencionó durante el aniversario de Página. A los desaparecidos los secuestraron, los torturaron, los tiraron al río. Que Lanata diga que él es un “desaparecido” es banalizar la palabra de un modo imperdonable.

¿En qué beneficia a Lanata el constante recurso a la descalificación personal y el empleo de un lenguaje soez? ¿Cuando se autoproclama “desaparecido” no sabe, acaso, que le responderán con indignación? ¡Claro que lo sabe! Si lo hace es precisamente porque uno de sus objetivos –un objetivo quizá más importante que hacer periodismo- es captar la atención del público. Y lo ha logrado: su programa ha superado reiteradamente el 20% de rating, todo un hito para un programa periodístico. El nombre del espacio lo dice todo: “Periodismo para todos” parece implicar que no todo el periodismo es para todos: que los noticieros de CNN no son para todos, ni las páginas de opinión de este diario, por ejemplo. ¿Qué concepción hay del “todos” en el periodismo que Lanata hace en su programa?

El espacio de Lanata es un show y se parece más al de Tinelli que a cualquier programa periodístico. Lanata hace periodismo para informar tanto como para seducir... la misma razón por la que en algún momento el kirchnerismo decidió fabricarse enemigos como receta para perpetuarse en el poder. Los K no debaten ideas: estigmatizan. Lo mismo hace Lanata. Los K convirtieron la política en espectáculo: escenifican, dramatizan, simplifican, banalizan. Lanata está haciendo lo mismo con el periodismo.

Prepotentes, ególatras, patoteros, ocurrentes, soberbios: ¿de quién hablamos: de Lanata o de los K más recalcitrantes? En el fondo, quizá no sean tan pero tan distintos. Al igual que el kirchnerismo, Lanata no busca provocar la reflexión profunda, sino conseguir aplauso. Lo que los votos son para unos, los puntos del rating son para el otro. Luchan con las mismas armas, con el mismo estilo: nutriendo y nutriéndose del resentimiento que mantiene dividido en dos a nuestro país.

posted by Mori Ponsowy at 1:07 p.m.

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Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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