Goma de borrar
 
jueves, agosto 25, 2005
CRÍMENES IMPERCEPTIBLES

por Efraim Medina Reyes


En una página de internet encontré la noticia: "Chica de 17 años asesina a su amante de 56 porque era viejo, feo y olía mal". El hecho había sucedido en un pequeño pueblo al norte de Guatemala. La página invitaba a los lectores a establecer, a partir de aquellos datos, qué clase de persona era el muerto y si la chica merecía ser castigada. "Alguien feo de 56 que tiene una amante de 17 debe ser millonario" decía un lector y otro agregaba: "Si olía mal era francés o alemán" y un tercero afirmaba que "seguro se trataba de un político de mierda". También había comentarios que defendían el derecho de los viejos al amor y el de los franceses a oler mal y no faltó quien pidiera la pena de muerte para la chica. Al final de los comentarios bastaba clicar en la foto de la chica (muy bella por cierto) para saber quien era la victima... En efecto era de origen francés, pero no era millonario ni político; se trataba de un cooperante que había llegado a ese pueblo para coordinar un proyecto humanitario. El proyecto consistía en construir casas para 250 familias damnificadas por una avalancha, la chica que asesinó al cooperante pertenecía a una de esas familias y fue contratada por el cooperante como asistente quien, como por desgracia sucede a menudo, aprovechó su privilegiada posición para convertirla en su amante. Al menos eso sostuvo la chica en la indagatoria que siguió a su captura. Por supuesto que el crimen es condenable y la chica será procesada y condenada, pero también es una noticia que invita a reflexionar sobre los principios éticos de algunos funcionarios y personas que trabajan en Cooperación Internacional. En Colombia y otros países latinoamericanos he tenido contacto como periodista con el trabajo humanitario y puedo asegurar que los vacíos éticos abundan. Para muchos se trata sólo de un trabajo bien pagado que les permite hacer turismo de primera clase con "paquete sexual" incluido. No quisiera generalizar porque también hay miles de personas que realizan su trabajo con pulcritud, sin embargo, sería interesante que quienes dirigen esas organizaciones pusieran más atención en la calidad humana de quienes contratan. Viendo el grotesco espéctaculo en que se ha convertido la ayuda humanitaria pos-tsunami es bueno recordar a quienes hoy se escandalizan que convertir la desgracia de muchos en la oportunidad de unos pocos no es una novedad; antes y después del famoso Plan Marshall las catástrofes, guerras y pestes han representado un negocio lucrativo y una forma de ganar influencia estratégica para ciertos gobiernos. Detrás de la supuesta generosidad se ocultan intereses muy precisos y sólo los tontos pueden creer que los gobiernos tengan alma. Por terrible que parezca con la Cooperación en muchos casos se cumple el viejo adagio de que "la cura resulta peor que la enfermedad". Basta escuchar los ruegos de las víctimas del tsunami pidiendo ?no más ayuda, por favor?.

A diario en los periódicos del mundo hay noticias escuetas sobre crímenes de todo tipo detrás de los cuales suelen ocultarse otros no menos crueles que resultan ignorados por ser imperceptibles. O acaso no es un crimen valerse de la necesidad y la miseria de una chica para someterla? Peor aún cuando se trata de alguien en que esa chica debería ver un protector o al menos una persona honesta. Recuerdo que en el verano de 2002 fui invitado a la fiesta de un funcionario de la Comisión Europea. El sujeto ganaba cerca de 7.000 euros mensuales libres de gastos. Vivía en un lujoso apartamento del norte de Bogotá y tenía varias amantes jóvenes que atendían a los invitados. La comida era digna de un sultán y algunos ceniceros de cristal estaban repletos de un polvo blanco, muy blanco, que muchos invitados consumían con despreocupación. También las ONG hacían buenas fiestas y no es que tenga algo en contra de las fiestas, como buen sudamericano me gustan. Tampoco tengo nada contra el amor a cualquier edad o las relaciones sentimentales entre europeos y latinoamericanos, de hecho estoy casado con una italiana que ha trabajado en Cooperación; sólo pienso que este tipo de trabajo entraña (o al menos debería entrañar) como pocos una responsabilidad ética y moral. Recuerdo que un cura de Firenze, que estaba de misionero en Colombia, me contó que en los proyectos humanitarios de Naciones Unidas sólo el 40% del presupuesto total llegaba a los beneficiarios. El 60% restante, y estamos hablando de cifras atronómicas, era consumido por la burocracia de esta organización. Quienes trabajan allí no son voluntarios soñadores con ganas de cambiar el mundo si no ambiciosos yuppies que se cortarían un brazo con tal de conservar un empleo que otorga tantas garantías.

Es un hecho que las poblaciones afectadas por guerras y catástrofes tienen derecho a recibir ayuda como contempla el derecho internacional; lo importante es hacer que esta ayuda sea efectiva, vigilar que quienes trabajan en un sector tan delicado cumplan su labor de la mejor manera y evitar en lo posible que los intereses superen las buenas intenciones. Quizá esa sea la mejor manera de evitar los crímenes imperceptibles que nunca salen en las noticias, pero que en ocasiones llevan a que una adolescente mate a un viejo, feo y que, en cualquier caso, huele mal.

posted by Mori Ponsowy at 2:01 a.m.

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Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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