Goma de borrar
 
lunes, agosto 22, 2005
EL PARAÍSO PERDIDO

Cuenta Esopo que una cigarra, habiendo cantado durante todo el verano, se encontró sin provisiones cuando llegó el invierno. "Ni un solo trocito de mosca o de gusanillo", se quejaba. Fue entonces cuando decidió ir en busca de ayuda a casa de su vecina, la hormiga, que había trabajado duro para llenar su despensa antes de la llegada del frío. La cigarra tan sólo pedía un par de granos para salvar su vida.

- ¿Qué hiciste mientras duró el verano? -preguntó la hormiga.

- Cantaba de día y de noche.

-¿Cantabas? ?contestó la hormiga. -Y, bien: ¡ahora te ha llegado el momento de bailar!

Aunque esta fábula puede tener algún valor como lección para hombres poco precavidos, lo que dice acerca de los animales está basado en un error: es cierto que las hormigas almacenan alimentos, pero no es verdad que lo hagan como una manera de prepararse para el invierno. Las hormigas almacenan y punto. Almacenan sin saber por qué. Sin cuestionarse. Sin razones. Sin siquiera protestar porque afuera hay sol y la reina las obliga a trabajar. Afirmar que las hormigas atesoran provisiones para no perecer en el invierno es caer en la trampa del antropomorfismo, la creencia de que seres o entidades no humanas pueden explicarse a través de atributos específicamente humanos. Salvo en los cuentos infantiles o en las fábulas, la hormiga no piensa, Se acerca el invierno, es hora de llenar la alacena o de lo contrario los duros meses de frío me verán morir. El futuro sólo existe para el hombre.

Aves, reptiles y mamíferos por igual -con excepción del ser humano- viven en el absoluto presente. No existen para ellos fantasmas que acechen tras las puertas, preocupaciones de lo que traerá consigo el mañana. Pre-ocupación, ocuparse antes de tiempo, virtud o defecto plenamente humano, como el insomnio. Para los animales, como para los niños cuando todavía son pequeños, no existe el futuro. De nada sirve razonar con una criatura de tres o cuatro años diciéndole que mañana volveremos al parque de diversiones, que mañana le compraremos un juguete igual al que se le acaba de romper, que en menos de una hora regresaremos de la calle para estar con él. El niño lo quiere todo y ya, porque su vida es ahora y no mañana. Su llanto es inconsolable porque todo su ser está volcado en el deseo del instante. Por la misma razón, su alegría, cuando por fin desaparezcan las lágrimas, también será incomparable. Un niño cuando ríe es sólo risa, su contento lo abarca entero y lo desborda.

¡Cuán distintos los adultos, escindidos en mil pedazos aún en nuestros momentos más felices! Devora el león la presa que acaba de cazar y su ser entero es la carne tibia entre sus fauces; va un hombre a un restaurante y mientras saborea la última creación del chef francés, se pregunta cómo afectará ese plato sus niveles de colesterol. Se echa el gato a dormir la siesta bajo un rayo de sol y cada uno de sus poros respira esa tibieza de la luz a media tarde; duerme una mujer la siesta, pero cada quince minutos se despierta sobresaltada, mira el reloj y calcula cuánto tiempo le ha robado a la limpieza de su hogar, a la preparación de la cena, o a la ineludible tarea de limar, pulir y pintar sus uñas. Se aparean dos hipopótamos y el mundo entero es el temblor de sus cuerpos sudorosos; hacen el amor por vez primera un hombre y una mujer y se preguntan si será amor realmente, si acaso se llamarán mañana, si habrá posibilidad de algún contagio, si?

El futuro, enemigo de la felicidad. No en balde la mayoría de las religiones procuran enseñarnos a vivir en el presente. A cada día su afán, dice el Evangelio, queriendo decir con esto que nos ocupemos del hoy y no del mañana. Quien es cristiano a rajatabla no acumula como hormiga, si no que se entrega al hoy como la cigarra, da cada día cuanto le sobra -y aún más- sin pensar en lo que podrá necesitar cuando vuelva a amanecer. El budismo enseña que sólo en la inmersión en el presente puede el hombre liberarse del sufrimiento del mundo. ¿Y qué busca la repetición de mantras o palabras sagradas sino disolvernos en el aquí y el ahora, ser conciencia pura, sin pasado, sin futuro, sin nada que perturbe el hecho, simple y milagroso, de existir?

Al diablo el Qué Dirán

El hombre perdió la capacidad de vivir en el presente cuando comió del árbol del bien y del mal. Hasta entonces su existencia era muy similar a la de los animales: no existía el dolor del cuerpo, ni el rigor del invierno, ni la mentira, la envidia o la guerra. Iban desnudos Adán y Eva por el jardín sin avergonzarse. Igual que los animales. Pero bastó que probaran la manzana que les tendió la serpiente para que se apresuraran a tapar con hojas su desnudez. Al llamarlos Dios y descubrir que habían cubierto sus cuerpos, supo que habían pecado, que desde ese día dejarían de ser animales simples para convertirse en amos exclusivos del bien y del mal.

La ética es una creación exclusivamente humana. En la naturaleza no hay animales buenos y animales malos. Hay herbívoros y carnívoros, cada cual haciendo lo que tiene que hacer, cumpliendo un papel dentro de la cadena natural. No en vano el pecado original en casi todas las religiones tiene que ver con el conocimiento del bien y el mal: antes de pecar, Adán y Eva eran como animales. Poseían la felicidad de la ignorancia, la paz que envidiamos en el gato que toma sol después de haber dado muerte al canario, la placidez del león que relame de sus fauces la sangre del cachorro de cebra que acaba de cazar. Nuestros primeros padres no conocían el remordimiento, el vegetarianismo, la preocupación por la escasez futura, ni el temor al "qué dirán". No es que para los animales todo esté bien, sino que las cosas, simplemente, son como son y punto: fin de la historia.

En el preciso instante en que Eva saborea la manzana del conocimiento, desaparece su candidez: se da cuenta que está desnuda y se avergüenza. ¡Se avergüenza! Y en sus mejillas sonrojadas, en su pudor, está el germen de la historia que vendrá, de los horrores futuros, de las creaciones más sublimes, de la contradicción humana y la locura. Hace el perro sus necesidades, vomita si se siente mal, y nada le importa la mancha indeleble en la alfombra persa, el mal aliento, la mirada del amo, o que los otros perros del vecindario lo vean en posición tan comprometida. Eva, en cambio, se da cuenta que está desnuda y sale corriendo: ya no puede vivir llanamente, ha perdido la capacidad de ser sólo en el instante, su conciencia se ha ampliado hasta incluir la mirada de los otros, la censura y el deber ser. Por eso se apresura a cubrirse. Es el fin de la ignorancia y el principio de la moral. Paradójicamente, también es el inicio de la estupidez humana, del error y la agonía.

1400 gramos para hacer frente al universo

¿Podríamos no cubrirnos? ¿Podría el hombre sobrevivir sin pre-ocuparse por lo que vendrá? Empleamos las pieles de otros animales para proteger nuestros cuerpos vulnerables al frío. ¿Qué otro animal se encuentra sobre el planeta tan desprovisto como nosotros? Sin cuernos, sin armadura, sin pelaje espeso. Sin garras, sin vuelo, sin velocidad. Póngase a un hombre desnudo y solo en medio de la pradera. Póngaselo en el desierto o en pleno invierno. Como dijo Edgar Morin, desde el punto de vista corporal, el hombre no es más que un feto de primate que ha llegado a la madurez sexual y responde a una constitución mucho más simple y vulnerable que la mayoría de los mamíferos. Que las religiones y los místicos quieran ayudarnos a recuperar la inocencia perdida, es una cosa. Que eso sea posible y que, al mismo tiempo, logremos sobrevivir desnudos y sin tomar precauciones, otra muy distinta.

¿Qué camino le queda al animal más débil de todos si no el ingenio? Somos "fetos de primates" corporalmente, sí, pero en contraste con ese cuerpo desvalido, nuestro cerebro ha evolucionado de modo considerable y sorprendente. Son mil cuatrocientos gramos de circunvoluciones que multiplican las posibilidades asociativas y las aptitudes adecuadas para tomar decisiones y encontrar soluciones creativas ante un gran número de situaciones imprevistas. Mil cuatrocientos gramos son demasiado para el paraíso: sobran. Miles de millones de sinapsis neuronales no pueden solamente "ocuparse", porque inundan el presente y lo desbordan. El cerebro humano, nuestra única arma contra la inclemencia del tiempo y la voluptuosidad de la naturaleza, creció demasiado y no le queda más remedio que inventar el futuro, preverlo, conjurarlo; no puede sino inventar fantasmas, ideologías, música, guerras santas y utopías. Es tal la desmesura de nuestras sinapsis, tal exceso hay en su actividad constante, que los músculos del rostro se nos deforman en el llanto y la carcajada y creemos ver vida más allá de la muerte y muerte en cada esquina de nuestras vidas.

La pre-ocupación es nuestra manera de hacerle frente al mundo. Carecemos de fuerza corporal, pero tenemos la capacidad de dominarlo todo. La capacidad de matar más allá de la necesidad; de cazar no para satisfacer el hambre, si no para ostentar el trofeo; de distinguir entre el bien y el mal, y optar muchas veces por el mal; de sacrificar la tranquilidad del presente, con miras a un futuro dudoso e ilusorio que nunca llega, porque si algo tiene el futuro, es que no existe como no sea en nuestra imaginación.

Las vacaciones de un cangrejo

Los animales no se toman vacaciones. Ni se quejan de tener que trabajar todos los días. ¿Habráse visto jamás a un mosquito protestando por todas las veces que debe picar para poder saciar su apetito? Ni los peces parecen demasiado cansados de nadar. Entre ellos no existe el mal humor, las huelgas. Claro que tampoco sienten la necesidad de tener un horno micro-ondas o el último modelo de televisor con pantalla plana y sonido digital. Hacen lo que tienen que hacer para sobrevivir y propagar su especie sin ocurrírseles jamás que si pudieran tener heladeras bastaría con que salieran de caza una vez al mes.

Sólo el hombre trabaja. Esto no quiere decir que los demás animales no se esfuercen por subsistir, sino que sólo el hombre se "afana". Sólo nosotros sentimos la lucha por la existencia como un esfuerzo y un castigo. Castigo que, según el relato bíblico, también es consecuencia de haber probado la fruta del árbol que estaba en medio del huerto.

- Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer, y comiste del árbol prohibido, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá. Con el sudor de tu rostro conseguirás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado.

Y sacó Jehová al hombre del huerto del Edén, para que labrase la tierra de la que fue tomado.

Por supuesto que el valor de todos estos relatos debe tomarse alegóricamente, y no en su significado literal. Lo que viene a decirnos la narración de la caída y la desobediencia de Eva y Adán es de qué manera nuestra especie se separó del resto de los animales cuando alcanzó el conocimiento, cuando vislumbró la diferencia entre bien y mal, entre lo que simplemente es y lo que debe ser, entre lo que es y lo que puede llegar a ser.

Necesitamos vacaciones porque trabajamos en exceso. Y trabajamos en exceso porque deseamos demasiado: no nos basta nunca con lo que tenemos pues la imaginación nos dice que podríamos tener más. Lo que es versus lo que puede ser. Deseamos la comida de hoy, la de mañana y también seguridad para los años venideros. Deseamos abrigo para el invierno, pero no cualquiera, sino el que esté de moda y realce el color de nuestros ojos. Deseamos asegurar el futuro, que sea mejor que nuestro presente, que venga de la mano del cuerno de la abundancia y de una orquesta de dioses propicios. ¿Qué más podemos pedir?

Vacaciones, sin duda. Pero no de nuestro trabajo, sino de nosotros mismos. El día que una agencia de viajes ofrezca, no ya la estrafalaria estadía en la mente de John Malkovich, sino un viaje al interior de un cangrejo, habrá encontrado la gallina de los huevos de oro y, quizá, el secreto de nuestra felicidad. Desandando la complejidad de la escala evolutiva, para atrás como el crustáceo, puede ser que descubramos el origen de nuestros males. Desaprender para aprender. Adelante no siempre es al frente: el norte puede estar también a nuestras espaldas.


posted by Mori Ponsowy at 11:49 a.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

¿Mensajes? ¿Comentarios?
mponsowy @ yahoo.com



Publicaciones

Enemigos afuera

Los colores de la inmaculada

No somos perfectas

El padre

Marie Howe

Mujeres políticas y argentinas

Manifiesto vital

Notas de opinión

Notas en LNRevista

Aquí y allá

Estante de preferidos

  • "The Corrections" de Jonathan Franzen
  • "Freedom" de Jonathan Franzen
  • "La noche de los tiempos" de Antonio Muñoz Molina
  • "The Fifth Child" de Doris Lessing
  • "1Q84" de Murakami
  • "Ulises" de James Joyce
  • "White Noise" de Don DeLillo
  • "Falling Man" de Don DeLillo
  • "Me casé con un comunista" de Philip Roth
  • "Pastoral Americana" de Philip Roth
  • "Sábado" de Ian McEwan
  • "Kafka en la orilla" de Haruki Murakami
  • "La Mancha Humana" de Philip Roth
  • "Alta Fidelidad" de Nick Hornby
  • "Abril Rojo" de Santiago Roncagliolo
  • "Cómo ser buenos" de Nick Hornby
  • "Matadero Cinco" de Kurt Vonnegut
  • "Desgracia" de J.M.Coetzee
  • "Las cosas que llevaban" de Tim O´Brien

Pelis

  • "El hombre elefante" de David Lynch
  • "Blue Valentine" de Derek Cianfrance
  • "Singin in the Rain" de Gene Kelley y Stanley Doney
  • "The Day the Earth Stood Still" de Robert Wise
  • "Luz silenciosa" de Carlos Reygadas
  • "Gigante" de Adrián Biniez
  • "La teta asustada" de Claudia Llosa
  • "Slumdog Millionaire" de Danny Boyle
  • "Caramel" de Nadine Labaki
  • "Paranoid Park" de Gus Van Sant
  • "Sin lugar para los débiles" de los hermanos Cohen
  • "El arco" de Kim Ki-duk
  • "Volver" de Almodóvar
  • "Nadie sabe" de Hirokazu Kore-eda
  • "De latir el corazón se me paró" de Jacques Audiard
  • "Caché" de Haneke
  • "La promesa" de Jean-Pierre y Luc Dardenne
  • "El niño" de Jean-Pierre y Luc Dardenne
  • "Una historia sencilla" de David Lynch
  • "Los idiotas" de Lars von Trier
Un enemigo

Arnet, gran estafa

Muchos amigos

Por los chicos

Fedro

Hostería Los Pecanes

Miradapuntoart:arte y diseño

Powered by Blogger

Entrevistas y algo más

Poemas

Otros blogs y sitios amigos

Archivos