Goma de borrar
 
miércoles, septiembre 21, 2005
BUSCANDO A VENUS, LA DIOSA DEL AMOR

Por Inés Garland

El privilegio de una vida entera es ser quienes somos.
Joseph Campbell

Hay una teoría que dice que cuando nos enamoramos, lo que verdaderamente nos enamora es ver en el otro el reflejo de lo que más valoramos en nosotros mismos (aunque muchas veces esto que valoramos sea inconsciente). Quizás esta teoría no sea muy romántica, pero si pensamos entonces que las relaciones amorosas son para descubrir realmente quienes somos tal vez no sea tan deprimente reconocer que lo que amamos es un reflejo de nuestra propia alma, nos guste o no.

Ahora: el otro día fui a una fiesta de 2.500 personas en Pachá. La primera hora fue un suplicio. Demasiada gente, demasiadas miradas -interesadas, críticas, indiferentes, miradas que buscaban la mía para que les hiciera de espejo (¿tanto como yo buscaba la de ellos para que me hicieran de espejo a mí?); mucha gente joven y la conciencia creciente de ya no serlo -cuando se empieza a mirar a los pendejos con la sensación de estar con la ñata contra el vidrio, la vida se pone un poco más melancólica. Tengo la casi certeza de que a esta altura de mi vida busco una conexión de algún tipo con otro, algún otro, un milagroso otro. Tal vez las teorías de más arriba lo desmientan, tal vez debería decir entonces que lo único que me interesa hoy es una conexión conmigo misma y la persona que soy, sin máscaras. Y en este sentido me puse a pensar algunas cosas: vivimos bombardeados de imágenes que nos dicen qué es lo que tenemos que valorar, en nosotros mismos y en los demás. El resultado es que todos recibimos grandes dosis de lavado de cerebro para valorar y amar las mismas cosas y eso nos lleva a buscarlas desesperadamente en nosotros mismos y en los que nos rodean. La gente que sale en las revistas haciendo declaraciones del estilo de “mi vida superó mis expectativas� (Ajjj, ¿cómo alguien puede declarar una cosa así sin que lo parta el rayo de la envidia colectiva?) nos dice cómo hay que ser para ser amado; los cuerpos espectaculares corregidos digitalmente nos muestran como tiene que ser nuestro cuerpo para ser amado, las historias de éxito material nos dicen qué hay que tener para ser amado. Con tanto ejemplo que nos dan, se hace difícil pensar que nuestros agujeros, nuestra hambre voraz, nuestra necesidad profunda de una mirada amorosa pueden despertar algo que no sea desprecio. Y andamos por la vida con la incómoda sensación de que para que nos amen tenemos que tener, sobre todo tener, muchas cosas que no tenemos, incluido un cuerpo digitalizado y, fundamentalmente, distinto al nuestro e igual al de otra persona.

Con este input estaba en la fiesta, combatiendo una incipiente sensación de inadecuación y me descubrí odiando a los que parecían encantados consigo mismos y miraban a su alrededor con cierto desprecio hasta que me acordé de que posiblemente todos estuvieran sintiendo un terror bastante parecido al mío con mayor o menor conciencia y con mejores o peores armas para defenderse. Saludé torpemente a un par de conocidos de la adolescencia (época en la que nadie me sacaba a bailar por lo que cualquier persona que me remita a esos años me hace sentir automáticamente disminuida) y decidí que lo mejor iba a ser volver a casa. Pero por suerte me acordé de ya no tengo tiempo para perderme una buena noche con estupideces mentales. Me paré en el medio de la pista, cerré los ojos y dejé que la música me moviera, al principio con demasiada cabeza, después fue ganado el cuerpo. Bailé cuatro horas seguidas con un flaquito al que por lo visto también le gustaba mucho bailar, o sea, hice contacto, un contacto fugaz. Y mientras volvía a mi casa pensé que posiblemente eso había sido todo lo que tenía para vivir con él y que estaba muy bien así.

A la Venus de la mitología no le importan los compromisos que se establecen en el tiempo, ni el romanticismo, ni los ideales, ni las leyes de la vida familiar. Su placer y su alegría la llevan adelante. Creo que una persona que puede determinar sus gustos individuales, expresarlos y tener conciencia de su valor, logra una identidad que la embellece. Lástima que ese pensamiento no tenga contenido económico, que si nos sintiéramos así nos venderían muy pocas cosas inútiles. Voy a tener que seguir desarrollando un estado de alerta. Para que no me vendan gato por liebre y para no comprar tristezas escondidas detrás de falsas y caras alegrías cuando la vida me está ofreciendo alegrías verdaderas al alcance de mi mano y, la mayoría de las veces, gratis.

posted by Mori Ponsowy at 4:35 p.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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