Por Sharon Olds
(Traducción del artÃculo publicado por THE NATION en su edición del 10 de octubre, 2005)
La poeta Sharon Olds rechazó la invitación para asistir al Festival Nacional del Libro en Washington que, coincidencia o no, se llevó a cabo antes de ayer, 24 de septiembre, el mismo dÃa para el que estaba convocada una manifestación anti guerra en esa ciudad. Olds, una de las grandes poetas norteamericanas contemporáneas, ganadora de un Premio del CÃrculo Nacional de CrÃticos y profesora de escritura creativa en la Universidad de Nueva York, habÃa sido invitada por la Primera Dama a leer poemas suyos durante el Festival. A continuación, reproducimos la carta enviada por Olds a Laura Bush y publicada por "The Nation".
Estimada Sra. Bush,
Le escribo para decirle por qué no puedo aceptar su amable invitación a dar una charla en el Festival Nacional del Libro, el 24 de septiembre, ni asistir a la cena en la Biblioteca del Congreso, ni al desayuno en la Casa Blanca.
En cierto sentido, se trata de una invitación muy tentadora. La idea de hablar en un festival al que van 85 mil personas es estimulante. La posibilidad de encontrar nuevos lectores es tentadora para un poeta desde el punto de vista personal y también es interesante que la poesÃa sirva a sus seguidores -todos los que necesitamos el placer y las noticias internas y externas que la poesÃa entrega.
Hace mucho que atesoro el concepto de una comunidad de lectores y escritores. Como profesora de escritura creativa a nivel de postgrado en una universidad, también he tenido la oportunidad de ser parte de algunos magnÃficos talleres literarios en programas de extensión universitaria en los cuales muchos de nuestros alumnos se han convertido en profesores. A lo largo de los años, ellos han enseñado en lugares muy diversos: una prisión de mujeres, escuelas públicas de Nueva York, un pabellón oncológico para niños. Nuestro programa inicial, en un hospital del Estado con 900 camas para discapacitados fÃsicos graves, funciona desde hace veinte años, y durante este tiempo ha creado amistades duraderas entre estudiantes de la maestrÃa y sus alumnos—pacientes internados por mucho tiempo que, con su humor, su valentÃa y su sabidurÃa se han convertido en nuestros maestros.
Cuando uno ha visto a alguien que no puede hablar, a alguien que casi no se puede mover, deletrear, con el dedo de un pie, sobre un alfabeto de plástico gigante, letra por letra, su nuevo poema, entonces uno ha vivido, de cerca, la pasión y la esencialidad de la escritura. Cuando uno ha sostenido un pequeño alfabeto de cartón frente a una escritora completamente muda y paralizada que sólo puede mover los ojos y uno le ha señalado primero la letra A, luego la B, después la C, una por una hasta descubrir la primera letra de la primera palabra de la primera lÃnea del poema que ella ha estado componiendo en su cabeza toda la semana, cuando ella levanta los ojos para decir SÃ� cuando uno al fin señala la letra indicada, entonces uno siente con una inmediatez absoluta el impulso humano hacia la creación, la expresión propia, la precisión, la honestidad y el ingenio -y la importancia de la escritura, que celebra el valor de la historia y la canción de cada cual en su singularidad.
De modo que la idea de un Festival de Libros me parecÃa maravillosa. Pensé en la oportunidad de hablar sobre cómo iniciar un programa de extensión. Pensé en la oportunidad de vender algunos libros, firmarlos y conocer a algunos de los ciudadanos de Washington, DC. Pensé, también, que podrÃa tratar de encontrar un modo respetuoso, incluso como invitada suya, de hablarle de mi convicción profunda de que no deberÃamos haber invadido Iraq, y decirle que estoy convencida de que el deseo de invadir otra cultura y otro paÃs -con la consiguiente pérdida de vidas, tanto de nuestros soldados como de los civiles en su propia tierra, no provino de nuestra democracia sino que fue , en cambio, una decisión tomada “en la cimaâ€� y forzada sobre la gente mediante mentiras y un lenguaje distorsionado. TenÃa la esperanza de expresar el temor de que hemos empezado a vivir en las sombras de la tiranÃa y del chauvinismo religioso—opuestos a la libertad, la tolerancia y la diversidad a los que aspira nuestra nación.
Intenté encontrar una manera limpia para asistir al Festival y poder dar testimonio –como una ciudadana norteamericana que ama su paÃs y sus principios y su escritura—en contra de esta guerra no declarada y devastadora.
Pero no pude hacer las paces con la idea de compartir el pan con usted. SabÃa que si me sentaba a comer con usted, hubiera sentido como si estuviera avalando las acciones salvajes y arbitrarias de la Administración Bush.
Me perseguÃa la idea de que yo estarÃa recibiendo comida de la mano de la misma Primera Dama que representa a la Administración que desató esta guerra y que busca su continuación, incluso hasta el punto de permitir "la rendición extraordinariaâ€�: el envÃo de personas a otros paÃses para que sean torturados para nosotros.
¡Tantos estadounidenses que se sintieron orgullosos de su paÃs hoy sienten angustia y vergüenza por este régimen de sangre, heridas y fuego! Pensé en el mantel de lino limpio en su mesa, en los cubiertos brillantes y las llamas de las velas, y no lo pude digerir.
Sinceramente,
SHARON OLDS
http://www.thenation.com/doc/20051010/olds
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