Goma de borrar
 
domingo, octubre 09, 2005
ACERCA DE BLOGS Y SILLAS

Por Mori Ponsowy


Pienso en Río Chico, en Mango de Ocoita, en Aristóbulo del Valle, en El Soberbio. Pueblos de no más de quinientos habitantes, con una sola calle asfaltada y las demás de tierra. Los primeros dos están en la costa venezolana, los otros al sureste de Misiones. Como esos, debe haber cientos a lo largo y ancho de Latinoamérica. Miles más, ¿millones?, en el mundo entero. Caseríos en los que todos conocen a todos y no es necesario leer el diario, ni prender la televisión para enterarse de las noticias locales porque el boca a boca no demora más de lo que se tarda en recorrer a pie sus seis o siete cuadras polvorientas.

La belleza de las mujeres de esos pueblos se parece más a la belleza natural de la Venus de Neandertal que a la trabajosa belleza de las delgadas mujeres de nuestros centros comerciales. Aunque parezca exageración literaria, juro que en Aristóbulo vi a un grupo de niños descalzos que jugaban empujando una rueda con un palito. El pasatiempo mayor de los hombres en esos pueblos, al caer la tarde, es sacar las sillas a la entrada de sus casas y sentarse a conversar con los vecinos o con quien sea que pase por ahí.

Solos y solas
Durante los años en que estuve sola después de que me divorcié, pensé mucho sobre la vida en esos pueblos. Me sabía capaz de amar y ser amada por un hombre, pero aún así la soledad duraba demasiado. "No hay hombres", decían algunas de mis amigas, también solas, y yo pensaba en Aristóbulo, convencida de que el problema no era que no hubiera hombres, sino que no sabíamos dónde encontrarlos y, si acaso encontrábamos a alguno, siempre terminaba pareciéndonos inadecuado. Paradójicamente, en las grandes ciudades, repletas de bares, restaurantes, teatros, gimnasios, cibercafés, plazas y avenidas, la cantidad de gente que vive sola es cada vez mayor. En pueblos como Aristóbulo, en cambio, el fenómeno de los adultos sin pareja es cosa rara. Ahí las solteronas son bichos raros, mientras que entre nosotros los "solos y solas" son moneda de rigor. Y es que el bombardeo de información, el ruido publicitario, el culto a los famosos, la cibernética y los medios de comunicación masiva nos acercan al resto del mundo pero, al mismo tiempo, nos convierten en seres profundamente insatisfechos, aislados, aprehensivos, desconfiados, sin tiempo que perder para mirar la caída del sol. Nos convierten en solos y solas no solamente en relación a la pareja, sino solos y solas universales como resultado de la falta de contacto y del desconocimiento íntimo del otro. No hay tiempo, ni lugar, ni disposición, para sentarse a la entrada de las casas a hablar de cualquier cosa. La vida apremia.

Teniendo todo lo anterior en cuenta, cabe preguntarse qué valor tiene para sí mismo el individuo en la era más individualista de todas. "Desde la infancia te enseñan que los demás siempre son más interesantes que vos mismo", escribió Christian Rodríguez. En la época que endiosa a los famosos, en la época que más valora la originalidad, los individuos comunes valen menos que un comino y se sienten tan sin voz, tan anónimos, como hormigas. ¿Cómo hacer escuchar la propia voz por sobre el sonido de la televisión, del tráfico, de la música tecno, del aluvión cotidiano de publicidad, de las noticias siempre urgentes, siempre de última hora pero, también, siempre las mismas? ¿Cómo sentirnos valiosos en un mundo que rinde culto a la celebridad? ¿Cómo podemos hacer, todos aquellos que no somos Maradona, ni Shakira, ni Cristina K, para hacer "valer" la propia voz?

¡Si tan sólo pudiéramos sacar la silla a la puerta, sentarnos a conversar y hacernos escuchar para que el resto del pueblo sepa quiénes somos!

Podemos. O creemos que podemos. Con los blogs.

El blog es un arma
Un blog es una página en Internet. Una página gratuita que cualquiera puede tener sin necesidad de saber gran cosa de computación, ni de diseño. Basta entrar en http://www.blogger.com/home y elegir un nombre de usuario y otro para el blog. Los bloggers (profesionales o no, científicos o no, escritores o no) escriben cada día lo que tengan ganas de decir y quienquiera que vaya pasando por ahí puede detenerse y dejar sus comentarios.

Hay blogs de todos los tipos: blogs personales semejantes a diarios íntimos, blogs periodísticos alternativos, blogs científicos, blogs colectivos, blogs pornográficos, blogs poéticos. Lo que tienen todos de común es que cada uno es una manera de plantarse y decir: "Aquí estoy yo y quiero que me escuchen." El blog es una alternativa frente al anonimato (algo innecesario en Mango de Ocoita y en Aristóbulo) y una estrategia para crear nuevas comunidades. Como dijo Beatriz Vignoli, poeta y famosa blogger: "El blog es individual por necesidad, por acorralamiento, por desesperación". O en palabras de Daniel Massei, otro blogger de renombre: "Eso es un blog: un espacio que nos salva de la asfixia. Una voz cualquiera entre otras miles de voces cualesquiera que establece un puente, un diálogo con otros."

Veo al blog como la expresión y la válvula de escape de un malestar colectivo que tiene que ver con el anonimato, el aislamiento, la desvalorización del individuo. Quizá donde mejor se evidencia este malestar es en los blogs literarios: blogs de escritores, éditos e inéditos, insatisfechos con la industria cultural. "¿Qué pasó entre la subjetividad y la industria cultural?", se preguntaba Beatriz Vignoli en el encuentro de bloggers que se celebró la semana pasada en el Centro Cultural Rojas. Bien: lo que pasó con la industria cultural es que lo que se publica no suele ser lo mejor. Que lo que se publica es lo que más vende, pero no siempre lo más inteligente. "¿A quién le da permiso la industria cultural para decir YO"? Le da permiso a Maradona. A Caparros. A Bucay. En Argentina un escritor como Tabarovsky no vende más de setecientos ejemplares. Por eso, como concluyó Massei después del encuentro del Rojas, "aunque el blog no sea el lugar indicado para desarrollar una carrera literaria, a estas alturas todos deberíamos tener en claro que desarrollar una carrera literaria es una pretensión demasiado estúpida". Al blog de Masssei lo leen más de cien personas por día. ¿Tendría sentido, entonces, que él quisiera convertirse en un escritor "édito"?

Pero no sólo los escritores inéditos encuentran una alternativa válida en la blogosfera. También otros, éditos y más conocidos, recurren al blog como medio para hacer conocer sus opiniones o sus textos. Así, Gustavo Nielsen, cuyos libros han sido publicados por Alfaguara y por Planeta, creó un blog para publicar sus cuentos completos.

Todos queremos que nos quieran
El blog es un arma. En un mundo tan saturado de información, de mandatos publicitarios, en un mundo que endiosa a los famosos y en el que el índice de la fama viene dado por la cantidad de tiempo y espacio ocupado en los medios (y ya sabemos que la mayoría de los medios valoran más a Susana Giménez que al mejor de los poetas), en un mundo así, las mayores carencias son la intimidad, la calidez, la cercanía, el valor que todos queremos tener ante los ojos de los demás. Queremos ser queridos y comprendidos. Deseo genuinamente humano. Como dijo Vignoli, no se llega al blog por casualidad ni por romanticismo. Se llega por necesidad.

Veo los blogs como las sillas en las entradas de las casas en Mango de Ocoita o Aristóbulo. "Entrar en un weblog personal por primera vez es como encontrarse con alguien bajo el sol blanco del mediodía", dijo Christian Rodríguez, dueño del blog "Puto y aparte", un blog de alta calidad literaria y, al mismo tiempo, de una intimidad apabullante. El blog es un lugar -un medio- donde las personas pueden hablar, escribir, decir lo que piensan y ser leídos por sus vecinos. Un blog es un lugar donde se puede dejar de ser un engranaje. Un blog es una silla. Y varias sillas en el porche forman una comunidad afectiva de bloggers. Por eso tener un blog viene a ser más o menos lo mismo que mudarse a Aristóbulo. Un pueblo de cuatro calles polvorientas donde quizá sea posible sentirse menos solo.


(Este artículo apareció en la edición del domingo 9 de octubre de La Voz del Interior .)

posted by Mori Ponsowy at 8:33 p.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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