Goma de borrar
 
domingo, octubre 16, 2005
LOS LECTORES CUENTAN

El joven lobo, un cuento de Sebastián Zoroastro
Había una vez un lobo que vivía en un bosque. Era el más joven de tres hermanos, su papá lobo era el jefe de la manada y su mamá loba era la presidenta de la comisión de madres lobas. Este joven lobo se diferenciaba de sus hermanos por ser un soñador y sus padres a menudo lo retaban por comportarse como un cachorro.

Un día su padre, cansado de esta situación, le dijo:

-Hijo mío, yo tengo la obligación de mantener el orden en la manada y es ley que a tu edad debas cazar. Ve al bosque y no vuelvas hasta que atrapes una presa.

El joven Lobo partió en seguida hacia el bosque, pensando que él no había nacido para cazar. Pero si no lo hacía lo expulsarían de su hogar y de la manada. En el bosque encontró a una niña vestida con una capa roja y una canasta en su brazo. Era su oportunidad, pero no pudo cazarla porque sus patas temblaban demasiado. Al joven lobo le pareció extraño que la niña al verlo no se espantara y le pregunto a dónde iba:

-Voy a ver a mi abuela que está enferma, y le llevo una torta y un tarrito de manteca que mi mamá le envía.- dijo la niña

-¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo.

-¡Oh, sí! -dijo la niña-, más allá del molino que se ve a lo lejos, en la primera casita del pueblo.

La niña, con su capita tan ridícula, le pareció al joven lobo muy simpática y sin pensarlo le ofreció que jugaran juntos.

-Pues bien -dijo -, Juguemos una competencia; yo iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero.

La niña se fue por el camino que le había dicho el joven lobo, y él, que sabía que el camino que había elegido para sí era el más corto, partió corriendo a toda velocidad. Frente a la casa de la abuela recordó la advertencia de su papá. Decidió que se comería a la abuela, ella era una presa fácil y no era mucho lo que le quedaba de vida.
Se paro frente a la puerta, las patas le volvieron a temblar y su corazón le latía muy fuerte. Golpeó: Toc. Toc

-¿Quién es? - dijo la abuela.

-Es su nieta, -dijo el lobo, disfrazando la voz-, le traigo una torta y un tarrito de manteca que mi mamá le envía.

Pensó que si sus hermanos lo hubieran visto en ese momento se habrían burlado de él -no estaba siguiendo ninguna de las enseñanzas de su padre para cazar. Ellos se lanzaban sobre sus presas con decisión y destreza. Ellos jamás hubieran imitado la voz de una niña.

La dulce abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, le gritó que pasara. El respiró profundo para juntar coraje. Tiró la puerta abajo y se abalanzó sobre la abuela. La tragó de un solo bocado y se puso a caminar en círculos alrededor de la mesa. Sentía remordimientos por haberse comido a la abuela pero por otro lado un inmenso placer. Notó que sus garras estaban afuera de sus patas y que su boca chorreaba saliva. Sus instintos animales se habían despertado.

Golpearon a la puerta: Toc, Toc

Seguramente era la niña y él no sabía que decirle. Lo único que se le ocurrió fue ponerse el camisón de la abuela y meterse en la cama.

-¿Quién es? - dijo el joven lobo.
La niña, al oír la voz ronca del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó:

-Soy su nieta, le traigo una torta y un tarrito de manteca que mi mamá le envía.

El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:

-Pasa la puerta está abierta.

Viéndola entrar, el lobo se escondió bajo la frazada dejando apenas una hendija para respirar.

-Deja la torta y el tarrito de manteca en la mesa y ven a acostarte conmigo.

La niña se desvistió y se metió en la cama. El joven lobo sintió el aroma de la niña y pensó que su carne joven sería mucho más tierna que la de la abuela. Trató de reprimir ese pensamiento pero notó que su boca se llenaba nuevamente de saliva.

La niña no lo reconoció, sólo estaba asombrada de ver a su abuela diferente.

-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!

El joven lobo se preguntó, ¿Por qué esta niña tonta no escapa?
Entendió que la niña en su ingenuidad -esa ingenuidad que él había perdido hacía unos instantes cuando se había comido a su primera presa -no veía el peligro.

-Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene! - dijo la niña, acostada su lado.

-Son para oírte mejor - dijo el joven lobo para seguir con el engaño.

El jóven lobo sintió que desde sus tripas empujaba otra vez el impulso que había estado dormido hasta hacía unos instantes. Ese impulso que lo unía a los de su raza. Ahora entendió muchas de las cosas que le decía su papá. Notó que sus garras estaban completamente fuera de sus patas y él no había podido evitarlo.

-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene! - dijo la niña.

-¡Son para comerte mejor! - dijo el joven lobo.

Y de un salto, se abalanzó sobre la niña y se la comió.

posted by Mori Ponsowy at 11:08 a.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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