Goma de borrar
 
jueves, octubre 06, 2005
UNA MUJER EN TORNO

Por Efraim Medina Reyes

Tenemos todos, hombres, mujeres y ornitorrincos, la filosofía de nuestras propias actitudes. Cada quien vive en un mundo a su medida y hasta el más humilde tiene una idea clara de su grandeza y el más mezquino de su generosidad. Hablamos con facilidad de autocrítica, pero la única forma seria y sincera de autocrítica es el suicidio. Sin embargo, la mayoría de suicidas se van de este mundo por considerar que nadie logró entenderlos; de esa forma lo que debería ser nobleza y pudor se convierte en arrogancia y melodrama. La tendencia general es pensar en función de nuestros propios atributos y cuando reconocemos virtudes en otra persona es para elevarnos sobre esa persona y sus virtudes; en lo más intimo el libertino se siente un santo y el más obeso, acepta a regañadientes, que tiene “unos kilitos de más�.

La obsesión por la verdad en la raza humana es tan patética como entre los hombres la obsesión por el tamaño de la verga. Y digo patética porque la raza humana está destinada a vivir en la mentira y los hombres, aún los más brillantes y poderosos, a soñar y anhelar que son burros. No hay nadie más peligroso en este mundo que quien cree tener la verdad sobre algo ni mujer más falsa que aquella que te repite una y otra vez: Querido, nunca había visto una así de grande. Muy pocos hombres están satisfechos con su propia verga y ninguna mujer está, de verdad, satisfecha con la verga de su marido. Son precisamente las cosas de las que nos reímos en público aquellas que nos hacen llorar en la intimidad. Cuando un especialista en la materia afirma que doce centímetros son suficientes, catorce un tamaño normal y con dieciseis podemos inscribirnos en el club de los superdotados, no deberíamos sentir alivio o gratitud si no buscarlo y darle una paliza.

La única cosa que jamás deja de crecer en un hombre es el ego; la verga, por desgracia, suele atrofiarse al final de la adolescencia y no hay protésis, alargamiento, flexión, masaje o cuento chino que valga. Los que pretenden cambiar el destino de su pequeño colgandejo deberían tener presente que a menudo “morimos más rápidamente del remedio que de la enfermedad�. La ilusión másculina de querer llenar, rebozar, reventar, atravesar o partir en dos a una mujer nunca podrá realizarse. Es imposible llenar algo que por esencia esta vacío. No hay nada allí que “llenar�, la sexualidad entre hombres y mujeres al igual que entre hombres y automóviles se basa en la fricción. Pero la naturaleza estúpida e insegura del hombre pretende la invasión total. El absoluto en el sexo, el amor o la comida thailandesa no tiene sentido; son cosas a medio camino entre un sabor y una sensación, pero los hombres debemos definirlo todo para poder conciliar el sueño.

Las leyendas derivadas del tamaño de la verga se multiplican en cada cultura. Todavía muchos y, sobre todo, muchas, creen que los negros lideran en tamaño y vigor, que los chinos tienen gran habilidad manual y los blancos tienen una lengua insuperable. La realidad, que es la madre de todas las leyendas, decretó hace algún tiempo que los caucásicos llevan la delantera en longitud, los negros en diametro y los chinos... bueno, esos desgraciados están destruyendo la economía mundial. Si eso ocurre en las categorías raciales es mejor no ahondar en las regionales y menos en un país como Colombia donde tantos se sienten “la verga herida�.

De los enanos también hay muchas leyendas y en algunos dibujos del antiguo Egipto se les representa con una verga inmensa, tanto que más parecen un trípode; incluso, leí por ahí, que alguna reina de ese imperio desdeñó atléticos pretendientes para compartir el trono con un enano (ciertos egiptólogos sostienen que motivada por la creencia popular de que los enanos portaban fortuna, yo prefiero acudir a la malicia popular que inspiró los dibujos). Pero, dejando a un lado los enanos, pensemos en los hombres bajitos (que son enanos sin cara de enanos que se niegan a aceptar que son enanos); de estos hay quienes dicen que la tienen minúscula pero la usan más seguido: tirar, tirar, tirar parece ser su consigna. Los bajitos cuando no tienen cargos de poder son criaturas graciosas y amables que hasta logran usar la autoironía en su favor, pero apenas logran escalar un peldaño los asalta el delirio de grandeza, pierden para siempre el sentido del humor y se vuelven cada vez más déspotas y autoritarios. Una escritora francesa, hablando de sus experiencias sexuales, decía que entre sus amantes los de baja estatura eran los más tímidos y que detestaban meter la cara en su vagina o estar abajo durante el coito. Los altos en cambio eran extrovertidos y se concentraban tanto en la vagina que a veces olvidaban que había una mujer en torno.

Sin duda ser un buen amante es la aspiración de altos y bajos, negros y blancos, pobres y ricos de este mundo. ¿Será el tamaño importante para lograrlo? ¿Serán impotentes todos los dictadores o sólo los bajitos? Quizá más que pensar en los centímetros que nos faltan (o los dictadores que le sobran a este mundo) sea importante recordar que si reducimos el sexo a un combate entre la verga y la vagina llevamos todas las de perder.

posted by Mori Ponsowy at 4:14 p.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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