Goma de borrar
 
viernes, noviembre 25, 2005
LOS LECTORES CUENTAN

COMO HOJAS SECAS

Por Daniel Alvarez

El sol que se refleja en el agua del arroyo por momentos me ciega. Es el primer arroyo de agua salada que conozco. Me lo dijo mi papá y es cierto, probé el agua y es salada. Por la costa barrosa caminan muchos cangrejos que entran y salen del agua. Son medio verdosos con el caparazón cubierto por una cosa que se parece al barro de la costa. Dejo la caña de pescar a un costado y agarro la latita de la carnada. Yo tengo una latita que es mía, diferente de la de mi papá porque él y yo pescamos diferente entonces necesitamos latitas de carnada diferentes para cada uno. Agarro mi latita de carnada y saco un poco de pescado seco que tiro al agua. Apenas los cangrejos se dan cuenta se tiran encima de la carnada para comerla. Les tiro otro pedazo y se empiezan a juntar un montón. Los que caminan por la costa se meten en el agua para comer como los otros. Les tiro un pedazo, más grande.

- A ver si te terminan comiendo a vos - me dice mi papá que pesca, no lejos de mí sin dejar de mirar la boya que flota, sin piques, desde hace un rato.

No digo nada. Dejo de darles de comer a los cangrejos y tiro mi línea al agua para hacer tiempo. Después de un rato la recojo, agarro mi latita de carnada y empiezo a caminar por la costa del arroyo. No se bien cuanto tiempo camino porque no tengo reloj. Mi mama dice que el reloj que me regalo mi abuela es muy caro y no es para ir a pescar y que se caiga al agua y se arruine por eso no se cuanto tiempo camino. Llego hasta donde el arroyo termina en un río muy grande o a lo mejor es el mar pero no estoy seguro. No veo olas y en el mar siempre hay olas enormes con espuma cuando rompen y gente bañándose. Pero no hay olas ni gente bañándose. No hay nadie, solamente estamos yo y los cangrejos. Camino por el agua y no me mojo porque tengo unas botas de goma que mi papa me obliga siempre a ponerme. Él dice que es peligroso si no las uso aunque nunca me dice que cosa es lo peligroso. A mi no me gustan porque como tengo las piernas muy flacas que me salen como palos de las botas parezco un entupido, pero igual no hay nadie y no me da tanta vergüenza.

Dejo la caña de pescar en una parte seca de la costa y sigo caminando con la latita de la carnada hasta que agarro un palo que encuentro tirado. En esta parte del arroyo no hay tantos cangrejos pero apenas tiro un pedacito de carnada aparecen. Me meto hasta que el agua me llega justo al borde de las botas. Yo los miro a los cangrejos porque me gustaría saber como se avisan que hay comida pero por más que los miro no me doy cuenta como se hablan entre ellos. En un ratito junto un montón alrededor mío que comen la carnada que les voy tirando despacio. Se juntan muchos, cada vez más. Cuando no se ni cuantos son les dejo de dar de comer. Creo que me miran pero como tienen esa cosa parecida al barro pegada encima no estoy seguro. Parecen nerviosos porque no les doy mas de comer pero no me quiero quedar sin carnada porque sino le voy a tener que pedir a mi papa y me va a decir que qué hice con la mía y si le digo que se la di a los cangrejos se va a enojar, porque la carnada es para pescar no para dársela a los cangrejos. Los cangrejos se ponen cada vez mas nerviosos y a mi me da miedo moverme del agua por que si me voy a lo mejor se enojan pero si no les doy de comer a lo mejor se enojan mas todavía. Entonces me quedo quieto y no hago nada. Uno de los cangrejos, el que me parece el mas grande de todos me empieza a trepar por la bota y a mi me da miedo. Me da tanto miedo que lo aplasto con el palo que tengo en la mano. Cuando le doy con el palo siento como el caparazón le hace un ruido de hojas secas que se rompen. Es raro por qué no siento el ruido del cangrejo que se rompe con el oido. Lo siento con el palo. El cangrejo cae al fondo del agua y los otros se lo empiezan a comer lo más tranquilos. Yo estoy cada vez mas asustado. Varios cangrejos me quieren subir por las botas de goma y les doy con el palo que los rompe en pedazos, pero los otros no se quedan más tranquilos, se ponen peor porque se pelean entre ellos para ver quien se come primero a los cangrejos muertos y es como una guerra de cangrejos. Estoy asustado en el medio de la guerra hasta que los cangrejos paran de comerse. Es un momento que paran nada más, que se quedan quietos, muy quietos pero enseguida se enojan conmigo y me empiezan a subir por la botas. Les doy como puedo con el palo pero son muchos y me pongo a correr por la costa del arroyo salado aplastando cangrejos con las botas. Dejo la caña tirada y la latita de la carnada se me pierde porque me parece que los cangrejos me corren para comerme y no me importa que después mi papa me pregunte por la caña y que me diga maricón por asustarme de los cangrejos y por perder la latita de la carnada justo ahora que casi no tenemos.

Desde esa mañana hasta hoy pasó mucho tiempo. Supe en algún momento, cuando ya no era un chico, que el arroyo de agua salada es un río que no recuerdo como se llama y que desemboca en un cangrejal cerca de la bahía de San Borombon. En esa zona el mar parece río y la costa es un lodazal interminable y peligroso que casi nadie se anima a recorrer a pie. Mi padre ha muerto, mis cosas de pescar están guardadas y ya no tengo una latita de carnada. Por momentos pienso que todo esto pasó hace siglos pero estoy seguro que también pasa hoy. Lo sé porque algunas noches, cuando el calor del verano se va y las hojas de los árboles empiezan a caer salgo a caminar por las calles del barrio. Siempre de madrugada. En algún momento bajo de la vereda la calle, cierro los ojos y empiezo a corre como cuando era chico y me querían comer los cangrejos. Corro para encontrarme con mi padre pero ahora, que ya soy grande, se que no voy a volver a verlo porque murio y cuando me doy cuanta de esto me pongo a llorar, con los ojos cerrados, sin dejar de correr y de pisar las hojas secas de los árboles que no paran de crujir como cangrejos aplastados.

posted by Mori Ponsowy at 11:53 a.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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