Goma de borrar
 
jueves, diciembre 15, 2005
EN NUESTRA INFINITA BONDAD

Por Inés Garland

Ayer fui al Pesebre Viviente que hizo mi hija en su colegio. El año pasado también hizo un Pesebre Viviente, pero este año había ascendido de pastor a San José, con barba postiza de rulos marrones (sostenida ineficientemente por un elástico vencido) y un palo de hockey a modo de cayado.
Quiero aclarar que elegí expresamente un colegio laico para su educación -mis trece años de colegio de monjas así me lo aconsejaban. Pero no contaba con la astucia de Natascha, la maestra de Catequesis, que con su inicial dulzura infinita reclutó a todas las amigas de mi hija para que se anotaran en sus clases y, finalmente, pudo con mi resistencia gracias a una nota inteligente que hablaba de aquello de "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", el mejor mandamiento según mi experiencia. Después, cuando mi hija me contó que en una clase Natascha había hecho llorar a una nena que acababa de perder a su papá acusándola de no haberlo querido lo suficiente y de haberle contestado y de haberlo hasta ignorado a veces -¿Ven niños cómo no sabemos apreciar lo que tenemos hasta que ya es demasiado tarde?, parece que le dijo a la nena que lloraba desconsolada- ya era tarde. Este cuento me llegó días antes del Pesebre Viviente y sólo pude lamentar mi ingenuidad y proponerme hablar con el Director del Colegio.
Natascha debe pesar ciento cuarenta kilos. Se viste siempre de negro, con camisas amplias de mangas cortas sobre pantalones de gabardina. En invierno usa un tapado corto, o un sweater largo, con botones, negros también. Sus pies chiquitos le dan un aire triangular, me parece asombroso que pueda mantener el equilibrio. Tiene el pelo lacio, a la altura de los hombros y usa una vincha de plástico para que no se le venga a la cara. Sus ojos, su nariz y su boca son diminutos y están hundidos en un centro mínimo entre sus carnosos mofletes. Natascha lucha contra las fuerzas del mal que la habitan. Se me ocurre que practica concienzudamente para que no sospechemos nada de su verdadera naturaleza, pero hay momentos en que es tomada por sus demonios. Su boca se frunce y se aprieta y daría la impresión de que los ojos y la nariz se le amontonan aún más en el medio de la cara en el esfuerzo por contener su ira. Los motivos que la alteran son variados: los niños se olvidan las líneas del acto, dos pastorcitos se tientan de risa en el pesebre, la vaca tropieza, la estrella de David se traba en su recorrido por la tanza de nylon, a María se le cae el almohadón que la embarazaba. Y a Natascha le suben los colores, se le juntan las facciones en el centro de la cara, se le achican los ojos; sus manitos regordetas se crispan sobre la cabeza de plástico de un Papá Noel iluminado que ella colocó en una esquina. Mi San José le pega un golpe en las canillas con el cayadopalodehockey a un rey mago que se queja -ha sido sin querer, pero Natascha ya no puede más con tanto desmadre infantil y se acerca como la víbora del Paraíso, la veo sisear algo y volver a su lugar al lado de Papá Noel, con los ojos brillantes de ira.
Ella ha hecho tanto por estos niños ingratos. ¿Acaso no se quedó anoche pintándole los rulos con marcador amarillo al niñito Jesús de cartulina? Su Jesusito es un bebé recién nacido que sonríe con unos dientes enormes y esos rulos rubios, largos, vaya a saber de qué nacionalidad. ¿Acaso no fue ella la que recortó a Adán y Eva para que, desde la pared del fondo nos recuerden el Pecado Original? Adán y Eva dibujados como dos muñecos redondos, dos pelotas con cabeza, sin sexo, que sonríen a pesar de que trabajarán con el sudor de su frente y parirán con dolor. Pero Natascha está tan orgullosa de su trabajo y ahora no sabe qué le pasa que tiene que apretarle la cabeza a Papá Noel para no ahorcar a Melchor que se tentó de risa porque su amigo Baltasar acaba de tropezarse con una ovejita. Por suerte la fiel colaboradora de Natascha sube el volumen de la música y "Noche de Paz" estalla en el patio. Natascha se acerca el micrófono a la boquita fruncida y canta a toda voz: Noooooche de Paaaaaaaz y los colores empiezan a ceder y sus facciones vuelven lentamente a su lugar y puede sonreír otra vez, cantarnos con su infinita bondad. Está tan pálida por el esfuerzo que parece a punto de desmayarse y los padres y los niños se unen a ella, Nooooche de Amoooooor. Los ojos de Natascha se llenan de lágrimas. Ha vencido una vez más al enemigo.

posted by Mori Ponsowy at 7:56 a.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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