Goma de borrar
 
viernes, diciembre 23, 2005
LO QUE QUEDA DEL PESEBRE

por Efraim Medina Reyes

Si hay algo que detesto de la condición humana es el entusiasmo; se necesita más esfuerzo y concentración para amaestrar una foca que a cualquiera de nosotros. Nada retrata mejor esta "falla de origen" en nuestro carácter que la Navidad. ¿Qué carajos es la Navidad? Supongo que para algunos todavía signifique la conmemoración del nacimiento de Jesús en Belén, lo jodido del asunto es que los evangelios (Mateo y Lucas) no mencionan fechas así que podríamos celebrarlo igual en marzo o septiembre. Pero sin olvidar que el cristianismo, donde lo que cuenta es el sufrimiento y el sacrificio, tenía por costumbre celebrar la muerte y no el nacimiento de sus personajes ilustres. Por el contrario el natalicio solían celebrarlo con bombo y platillos los malos como Herodes & Cia.

En realidad el 25 de diciembre apenas fue reconocido oficialmente como día de Navidad en el año 345, con esto lo que buscaba la Iglesia era reciclar y poner su marca registrada a los ritos paganos. La fiesta pagana asociada entonces con el solsticio de invierno era el Saturnal romano; se trataba de siete días de "sexo, banquetes y rockandroll" dedicados a Saturno, dios de la agricultura. La rumba parece que iba desde el 19 hasta el 25 de diciembre así que antes que fuera instaurada la Navidad lo que había en las calles de Roma para tan magna y sagrada fecha era una pila de borrachos. A diferencia de los romanos, que se quitaban el frío bebiendo y fornicando como locos, en el siempre aburrido Norte de Europa se dedicaban a quemar enormes troncos adornados con ramas y cintas esperando conmover a los dioses para que les mandaran algo de sol. Poco a poco los ritos fueron cediendo su espacio y el "espíritu navideño" invadió el mundo. Uno de los grandes horrores, asociados a la Navidad, que nos dejó la Edad Media son los villancicos; el árbol, por su parte, tuvo su origen en las zonas germanas y se extendió luego a otras partes de Europa y América.

Los gringos, ya lo sabemos, tienen por arte y filosofía convertir cualquier cosa, por patética, cursi o estúpida que sea, en algo mil veces peor y la Navidad, tal y como la conocemos hoy es su obra maestra. La tierna y familiar imagen de Papa Noel, con el brillante trineo, los alegres renos y la bolsa repleta de juguetes, es una invención gringa; sólo ellos podrían tener el sadismo de vestir a un pobre anciano con un traje ridículo para hacerlo después atravesar miles de kilometros de densa nieve y, a sabiendas de que era obeso, darle por trabajo bajar por los estrechos ductos de las chimeneas a dejar regalos a millones de desconocidos que duermen placidamente y que quizá olvidaron apagar el fuego...

Volviendo al entusiasmo y a las focas amaestradas mi pregunta del millón de dólares es: ¿Por qué carajos va usted estos días a todas partes con esa expresión estúpida? ¿Lo invadió acaso el "espíritu navideño"? ¿Su secretaria le prometió sexo oral como regalo? ¿Su marido le prometió que este año sí? ¿Su padre le va a regalar tetas nuevas para que no le cuente a su madre que lo pilló con la secretaria? O quizá simplemente le gusta el ambiente plácido que percibe en Navidad y se lo cree como el resto de idiotas que lo acompañan. Detrás de esos arbolitos y demás bagatelas y luces brillantes hay otra Navidad, una escueta, sin adornos ni consuelo. La Navidad de los miles de secuestrados, los millones de desplazados, las víctimas de minas "quiebrapatas" y todos aquellos que se debaten en la miseria más absoluta mientras la corrupción y la impunidad de Herodes & Cia campea.

Que la Navidad provenga del paganismo como tantas otras cosas buenas de la vida no le quita lustre, lo que hay que evitar es dejarse arrastrar por el entusiasmo prefabricado de los medios en su orquestación mercantil. Muchos creen y predican que pensar en cosas tristes no resuelve nada, que hay que olvidar las penas y ponerse a bailar. Claro que hay que bailar y fornicar hoy y siempre, pero sin olvidar que no todos pueden hacerlo. Por insignificantes que parezcan nuestros actos y opiniones la verdad es que cuentan y cuentan mucho. Son nuestros insignificantes actos y opiniones los que trasforman todo, son nuestras conciencias las que quieren vender al mejor postor. Somos, si nos dejamos convertir en focas, la Navidad con centros comerciales repletos de idiotas que ellos sueñan.

Nunca soporté los villancicos, pero me gustaba hacer el pesebre. Me parecía muy bacano ver un campo poblado de gente que cultivaba la tierra y criaba sus animales; creo que el nacimiento de una vida es digno de celebración y que la muerte es muy aburrida. También emborracharme de vez en cuando me parece saludable y sé que fornicar seguido baja los niveles de grasa en las arterias. Recuerdo que mi profesora de geografía solía comparar a Colombia con un pesebre. Nos mostraba en el mapa ese inmenso territorio verde y nos hablaba de una infinidad de especies animales y vegetales que se cultivaban allí y de los campesinos y sus fiestas. Incluso los más humildes celebraban el nacimiento de sus hijos con tres días de fiesta e invitaban a parientes y amigos que llegaban a lomo de mula desde otros pueblos y, por supuesto, se emborrachaban y fornicaban como en un Saturnal. No sé dónde habrá ido a parar mi profesora de geografía, imagino que se jubiló y estará ayudando a criar sus nietos y me da escalofríos preguntarme cómo podrá explicarles a ellos en el mapa con las pocas piezas que quedan de aquel pesebre.


posted by Mori Ponsowy at 7:15 p.m.

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Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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