Goma de borrar
 
viernes, marzo 31, 2006
Mati, Gus, yo


y una rana amiga.

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jueves, marzo 30, 2006
LA REALIDAD

cuento inédito de Andrés Neuman

-¡Llueve! ¡Llueve! ¡Mamá, mira cómo llueve!
Eso exclama riendo la niña del vestidito rosa, que pasea de la mano de su madre. Para ser sinceros, no nos agrada demasiado el vestidito rosa. Pero así es como la ha vestido su madre, y uno bastante tiene con preocuparse de lo suyo como para ir censurando la vestimenta ajena, y mucho menos la de una niña tan simpática.
Así que la niña del vestidito rosa, riendo, tira de la mano de su madre: una mujer de apariencia sobria y un punto distraída o cansada de los continuos hallazgos de su hija. Esto nos la vuelve menos amable, aunque cada uno educa a sus retoños como mejor entiende y uno tiene bastante con lo suyo, etcétera, etcétera. Reconozcamos que la señora conserva unos magníficos tobillos, eso sí. Camina erguida como una reina. Tacón va, tacón viene.
-¡Mamá, llueve! ¡Mira cómo llueve! ?insiste la niña.
La señora se detiene en seco, nunca mejor dicho, y le clava una mirada que si no tuviera uno ya bastante, etcétera, podríamos calificar de injusta e incluso de terrible. Le suelta la mano a su hija. Mira con didáctica vehemencia hacia arriba, hacia donde se elevan las hileras de balcones floreados bajo un cielo impoluto, azulísimo. Luego vuelve a mirar a la niña y pone los brazos en jarra.
-¡Llueve, mamá, llueve!
La niña ríe sin parar. Brinca en círculos, sacudiéndose los húmedos hombritos. Su madre menea la cabeza y resopla abultando los labios bien pintados.
-¡Llueve! ¡Llueve...!
Pero sucede que las evidencias rara vez son evidentes: la severa señora detiene el movimiento de su hija como quien posa un dedo sobre un trompo, le aprieta la carita iluminada y se agacha, hablándole al oído:
-Alba, hija. Oye. Que pareces tonta. ¿Es que no te das cuenta de que el agua cae de los balcones?
Alba aparta la cara, baja la vista un momento. Luego chasquea la lengua con fastidio y decide tener paciencia con su madre. Contesta muy despacio, subrayando cada sílaba:
-Ya lo sé, mamá: los balcones. Pues claro. Pero... ¡mira, mami, mira cómo llueve! ¡Qué bonita, qué requetebonita es la lluvia!
Dicho lo cual, Alba regresa de inmediato a su júbilo y a sus brincos, haciendo ondear ese insólito vestidito rosa del que ya no opinaremos.

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martes, marzo 28, 2006
(fragmento de novela en progreso)

Por Alejandra Laurencich

Aquella noche jugábamos todos los de la banda, porque la presencia de los Kunstler en el barrio, había congregado un grupo heterogéneo de chicos y chicas que hasta entonces yo no conocía, hijos de gente que alquilaba chalets por una quincena o un mes, y otros, marplatenses que jamás había visto. Pero los Kunstler tenían esa cualidad, se relacionaban naturalmente con todo tipo de gente. Andrés por ejemplo, se había hecho amigo del viejo que vendía revistas usadas en la estación de servicio. Un viejo huraño y sucio al que ninguno de los chicos del barrio podía dirigirle la palabra sin obtener un gruñido como respuesta. Andrés, apenas le contamos del viejo, fue a verlo, y a la semana nos traía revistas gratis que le eran dadas con la condición de que no las prestara. Andrés cobraba treinta centavos o algo así al que se la pedía por un par de horas. Veinte centavos menos de lo que cobraba el viejo. Muchas veces me pregunté qué le daba a cambio Andrés al viejo. Tal vez sólo compañía. Un poco de charla educada y una sonrisa. Después, con los años, alguien dijo que el viejo era de los servicios, que desde su casilla observaba el movimiento del barrio y que lo transmitía a un cabo que aparecía a la noche para recolectar informes. También dijeron que al viejo se lo llevaron ese invierno, porque debajo de las revistas tenía panfletos del ERP, que trabajaba para ellos. Se decían tantas cosas. Como una tormenta de ideas, cada vecino en los años siguientes aportaba la versión más macabra. Pero aquél verano del 76, nadie podía negar aquella realidad: Andrés se había metido de una manera inexplicable al ogro en el bolsillo. Pero no era el único de los Kunstler hijos que tenía esa habilidad, ese don de gentes como decía mi mamá. Los Kunstler atraían. Con su llegada, cantidad de chicas y chicos habían aparecido en la cuadra como caracoles después de la lluvia. Así que esa noche de las escondidas éramos como quince. Las edades iban desde los diez años a los diecinueve: Andrés era el mayor y, por privilegio de mayorazgo, esa noche había extendido los límites del territorio permitido para esconderse hasta las cuadras laterales. Eso incluía la cuadra de mi casa. Empezó a contar la Lora, una chica que estaba de vacaciones en el chalet de la esquina, Mariana la había bautizado así por la nariz enorme que tenía. Uno dos tres, empezó la Lora y todos corrieron a esconderse. Yo iba a hacer lo mismo pero...

(sigue aquí, en SACAPUNTAS.)


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lunes, marzo 27, 2006
llegar a salvo

por Laura Yasan

hay que saber llegar hasta la orilla sin mojarse los pies
cruzar una ciudad en donde el agua es negra
y negra es la saliva de los perros
y negro el semen que descargan los ángeles
en las sá¡banas sucias de los partos
hay que hundir la cabeza con los ojos abiertos
negociar el ardor
forzar al corazón su máquina de aceite
y resistirlo a flote una noche completa
hay que entregar el cuerpo a la corriente
fijar la convicción
nadie vendrá para salvarme
no soltar la palabra que dispare el alud de un espejismo
nadie
vendrá para salvarme
tragar si es necesario
la sal que se desprende generosa de tu propio temor
sentirte el muelle de un puerto abandonado
una vieja estructura que el tiempo embiste sin control
hay que saber quedarse y aguantar
saber que no vendrá
para salvarme
nadie

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Talleres de Escritura Creativa

¿Cómo se construye un poema, un cuento, un relato?

/ Viví la experiencia de escribir /
/ Estimulá tu potencial creativo /
/ Desarrollá tu capacidad de innovar el lenguaje /

Recursos y herramientas
Técnicas de producción
Correción de estilo
Orientaciñón de lecturas

Adultos / Adolescentes

Modalidades:
Grupales / Individuales
-zona Caballito Norte, Buenos Aires-
Virtuales (a través de correo electrónico)
-todo el paí­s y exterior-

Coordinación: Laura Yasan
Informes: 011 4581-6729
talleres@laurayasan.com.ar
http://www.laurayasan.com.ar/

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viernes, marzo 24, 2006
EN PELOTAS, EN CARACAS

"La cita era a las cuatro y media de la mañana, pero Andrea no quería despertarse, llegamos tarde, y tuvimos que suplicar para que nos dejaran entrar. Nos condujeron a un punto donde estaban docenas de curiosos, chavistas, malandros y borrachos y allí, de pronto, la cuidadora de la línea nos dijo, ¡es ahora o nunca!, y tuvimos que hacer un frenético strep tease, dejar nuestras ropas (carteras, llaves del carro) al lado de los lateros y correr hacia la muchedumbre desnuda que nos recibió con aplausos. Apenas me incorporé a las filas, una mujer me abordó con algún comentario que ni recuerdo, fue muy extraño porque normalmente uno habla y luego se desnuda, pero esta vez fue al revés. Andrea pensaba que todos los hombres iban a tener erecciones, pero no fue así, aunque hubo bastante roce como para que pudiera suceder. Creo que nunca imaginé ver una muestra tan diversa de la sociedad caraqueña en pelotas. Todo lo que te puedas imaginar, gordas, flacas, negras, feas, bonitas, viejas, jovencitas, paralíticas, pobres, ricas, senos de todas las formas y tamaños, micropenes y exhibicionistas, olores mezclados, pero todos gente, como decía Andrea, gente que hubiera sido magnífico conocer mejor, a pesar de que habíamos comenzado a conocerla desde el final. Una vez que terminó la sesión, nos dirigimos a la zona donde estaba la ropa y nadie quería vestirse. Pero después, a medida que la gente volvía a disfrazarse de gente, los que aún permanecían desnudos se iban sintiendo incómodos. Los guardias que "custodiaban" nuestras pertenencias no hicieron mas que grabar con sus celulares a las mujeres y así como comenzó, todo terminó...y ya."

Una crónica más formal, acá.

Fotografía de Spencer Tunick.


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jueves, marzo 23, 2006
María Teresa Andruetto


María Teresa Andruetto nació en Arroyo Cabral, Provincia de Córdoba, Argentina, en 1954. Ha escrito las novelas La Mujer en Cuestión (Alcion editora, 2003), Tama (Editorial Municipal de Córdoba, 1993) y Stefano (Sudamericana, 1997), el volumen de cuentos Todo movimiento es cacería (Alcion editora, 2002), los libros de poesía Palabras al rescoldo (Ediciones Argos, 1993), Pavese y otros poemas (Ediciones Argos,1997) y Kodak (Ediciones Argos, 2001), la obra de teatro Enero/Volver (Ediciones del Apuntador, en prensa) y numerosos libros destinados a jóvenes lectores.

Fue finalista del Premio Sent-Sovi (ediciones Destino), obtuvo una beca para creación (año 1985/Fondo Nacional de las Artes), menciones de honor en los géneros de teatro inédito y cuento (Fondo Nacional de las Artes/2000), y el Primer Premio Novela 2002 del Fondo Nacional de las Artes.

El poema que publicamos en Goma de Borrar forma parte de su próximo libro de poesía, Beatriz.


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HOY

Poema inédito de Marí­a Teresa Andruetto

Llueve en mi corazón y llueve
sobre el Yan Tsá
Juan L. Ortiz


I

hablamos de Ayer,
de tu rincón
del Ubajay con siriríes y garzas

(en el arrozal/una garza
una garza sola/ una garza)

tenías en otro tiempo un corderito,
y se lo llevó el río
(¿o aquella casita blanca?)

Ahora
ni el grito de los teros
ni sus pequeñas alas

estoy preparando la huída, decís,
y yo no sé hacia dónde iremos
con el cuerpo o la cabeza
esta mañana

Levantamos los vasos,
el contorno de la jarra
entorna el agua
pero qué celebrar

por el televisor pasa el entierro
de Arafat
Abu Ammar
Abu Ammar
pasa el entierro de Arafat

(si la mecedora fuera un ala,
si el ala fuera una flor)

si la mecedora fuera
un ala, prepararíamos la huída para dos.

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miércoles, marzo 22, 2006
¡POR FIN! LOS GANADORES DEL CONCURSO DE PALÍNDROMOS

En primer lugar Cristian Vazquez que descubrió, gracias a Goma de Borrar, este peculiar talento suyo con palíndromos como:

SAM: SER TECNO... SOMOS ONCE: TRES MÁS
¡DIOSES, OÍD!
EL GATO, TAGLE
TU GARRAFA, FARRAGUT
EL BAR 'ODAS' ES ADORABLE
RÓBASLE LA TOTAL EL SABOR
OÍ CAER A REACIO
OH, SOY DADÁ, HADAD Y OSHO
ONANISMO, TOM. SIN ANO
SIR OMELET, A LA RIMA. ¡MIRA LA TELE! ¡MORÍS!
ODA TUPIDA, DIPUTADO
O TOME RON. ¡OH, DA ANANÁ AD HONOREM, OTO!
A LA CASA, SACALA
SI PECA, HEBE HACE PIS
ADELA LE DA AVE A EVA, AVE A EVA ADELA LE DA
ÁVIDA DÁDIVA
RARA RAZA TROCAR. ¡OH, AHORA CORTAZAR ARAR!
ATAN A LANATA
AIRA HACE, PECA, ¿HARÍA?
ATEN AL PLANETA

El segundo lugar para Luz Azul,y el tercero para Don Marco Antonio Ortega (Marquito, ¿quién lo hubiera imaginado? ¿tú, aquí?!!!!!!!!).Felicitaciones a los ganadores. Por favor escriban diciendo cuál es su dirección postal para hacerles llegar sus respectivos premios.

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martes, marzo 21, 2006
SALVAVIDAS

Por Inés Garland

Muy poca gente se resignó al día gris y ventoso. Hay mar de tormenta, olas enormes que rompen de golpe, con un ruido fuerte y continuo. Una pareja juega a la paleta, dos mujeres leen bajo la sombrilla; tres chiquitos están en cuclillas frente al cuerpo de un lobo marino muerto, se acercan al ojo vidrioso, lo tocan con la punta de un palo, extasiados. Recuerdo una escena de la película que vi ayer. Una mujer tensa y estructurada está comprometida para casarse con un hombre. El hermano del hombre, más joven y muy volado, le dice que soñó con ella. "

En el sueño eras chiquita y estabas con un vestido de franela gris limpiando la nieve frente a casa", le dice él. "Nevaba mucho y levantabas la nieve con una pala roja. Y yo era la nieve, sobre los pinos y sobre la vereda, y me levantabas con la pala". Tuve ganas de llorar. Hay un puntito oscuro detrás de la rompiente. Lo veo de pronto y me paro para ver qué es. Es un hombre. Su cabeza aparece y desaparece entre las olas. Se mete debajo de la espuma, lo pierdo de vista, vuelve a aparecer. Supongo que tiene una tabla, pero me doy cuenta de que no. Está solo. Nada, se hunde, vuelve a salir. Las olas rompen una después de otra, sin descanso. Se levantan tres o cuatro metros y se desploman de golpe, con un rugido que tapa todos los otros sonidos. El hombre no está pidiendo ayuda y cada tanto sus brazos salen del agua, da un par de brazadas y otra vez se queda quieto. Cada ola que le revienta encima me deja en suspenso hasta que lo veo reaparecer. Por momentos lo pierdo totalmente de vista y se me encoge el corazón. Tal vez sea un hombre arrogante que no quiere pedir auxilio. Tal vez tomó la decisión de morir mucho antes de que yo lo viera. Nadie más en la playa parece haberlo notado. No puedo perderlo de vista. Me pregunto si estará asustado. Hace ya mucho que está ahí, más o menos a ciento cincuenta metros de la costa, luchando contra cada una de las olas que cae a pique. Barrena una ola con el brazo extendido pero cuando la ola lo traga desaparece. Ya no lo veo. Me paro para correr hacia la orilla. Doy unos pasos y recorro la superficie del mar con la vista. Lo veo unos metros más atrás, muy quieto. Tal vez él se acaba de dar cuenta de que está realmente cansado y quiere volver pero las olas no lo dejan. Tal vez, ahora sí, tenga miedo. ¿Qué voy a hacer cuando pida auxilio? El se aleja hacia el horizonte como si quisiera perderse en altamar. Entre él y la playa, el mar hace un remolino de espuma la contraola parece arrastrarlo con una corriente inevitable que lo va a dejar en el fondo del mar. Pienso que nada va a volver a ser igual si no lo veo salir del mar con vida.

El sol se está poniendo tras las nubes y la gente recoge sus cosas y se va. Empieza a hacer frío. Me envuelvo en la toalla. Perdí la noción del tiempo y siento que no puedo seguir con mi vida si no lo veo salir del mar, si no le veo la cara, si no lo miro a los ojos. El sol se pone a mi espalda y el mar se oscurece de golpe. Apenas lo veo, cada tanto, tomar una ola como si estuviera en una mañana cualquiera de sol, en un día de mar manso. ¿Por qué me puse a pensar que está en peligro, que me necesita? Una ola enorme, la más grande que haya visto en toda la tarde, rompe sobre él. Se me cierra la garganta. No puedo verlo ahora y la luz que queda es tan pobre que el mar se confunde con las rocas y la isla al fondo, en el horizonte, empieza a desaparecer en la oscuridad. Lo busco por la superficie, entre las olas y no lo encuentro. Ya no queda nadie a quien pedirle ayuda. Lo veo de pronto remontar una ola gigante, oscura, que se desploma en un torbellino de espuma blanca. La cabeza se pierde entre la espuma, pero el brazo, extendido hacia la orilla, es un gesto de esperanza. Corro hacia el mar. El está más cerca ahora. Hace pie y se queda un rato ahí, con el agua por los hombros. Me siento estúpida parada ahí en la orilla como una novia y entonces me pongo en cuclillas y después me siento en la arena todavía tibia. Con un último impulso, él se deja llevar por la espuma de una ola hasta la orilla.

Sale del agua con las patas de rana en la mano, se queda un instante con la cabeza ladeada hacia un lado, después hacia el otro.

-Tenías miedo -quiero preguntarle.

Quiero que me mire, que me reconozca, que me diga que soñó conmigo, que soñó que yo lo buscaba en el mar y lo ponía a salvo.

Pero él pasa con la vista al frente y se pierde en la oscuridad.


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lunes, marzo 20, 2006
HACERSE LA VÍCTIMA

Estoy de acuerdo con Valiente Noailles . ¿Hasta cuándo dar lástima va a ser una salida? En la polí­tica y en la vida, la posición de ví­ctima muchas veces no es más que un teatro. Cómodo. Infantil. Totalmente irresponsable.

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viernes, marzo 17, 2006
Alejandro Parisi


Alejandro Parisi nació en Villa Lugano, Ciudad de Buenos Aires, en el año 1976. Varios de sus cuentos fueron publicados en antologías de Editorial Norma, del Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA), del Centro Cultural General San Martín y de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Delivery, su primera novela, fue publicada en el año 2002 por Editorial Sudamericana. Actualmente, Parisi vive en Barcelona y trabaja en su segunda novela. ¡Bienvenido a Goma de Borrar, Alejandro!


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COCINA MEDITERRÁNEA

Por Alejandro Parisi

Sobre la superficie del agua tibia, las manchas de aceite reflejan la luz blanca, fluorescente, que ilumina la cocina. El hombre tiene los brazos sumergidos dentro de la pileta. Busca la esponja amarilla, a tientas, en el agua turbia, entre cacerolas, cubiertos y platos sucios. A veces, el filo del metal vence la piel curtida y libera una gota de sangre.

El hombre contempla el mar parado en puntas de pie; la ventana es estrecha pero a través de ella se pueden ver muchas cosas: hoy el Mediterráneo es un paño esmeralda que apenas se mueve. Los bañistas toman el sol tendidos en la playa; en la orilla, un niño juega a la paleta con una mujer que lleva el pecho desnudo. Suelto, su cabello rubio refulge al sol; a pesar de la distancia, puede percibir la generosidad de los pechos bronceados y, mientras la ve doblar sus largas piernas para recoger una pelota de goma, el hombre decide que detrás de las gafas de sol ella esconde dos ojos azules.

(sigue acá, en SACAPUNTAS)

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jueves, marzo 16, 2006
CEJAS Y BABONES


Aunque no lo crean, el de bigotes blancos, es el mismo dulce perrito que vieron acá.

La vida también da alegrí­as.

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miércoles, marzo 15, 2006
LOS ESCRIBAS DE SCHREIBEN

por Beatriz Vignoli

Según la documentación hallada hasta el presente, alrededor del año 1360 se produjo un diminuto movimiento, acaso revolucionario, en la tranquila localidad centroeuropea de Schreiben. Todo parece haber sucedido así: los escribas encargados de copiar el Texto Sagrado comenzaron en algún momento a permitirse errores. Los errores seguían un obvio patrón recurrente. En esto, desoían los escribas la advertencia de Rabí Ishéma (Talmud, Erubín 13 a): "Hijo mío, ten cuidado con tu trabajo porque es la labor de Dios; si omites una sola letra, o escribes una letra de más, destruirás el mundo".
¿Pero, eran simplemente torpes los escribas de Schreiben, o sus errores fueron deliberados? El descubrimiento, en enero de 1946, de las Escrituras de Schreiben entre las vigas del sótano de un granero, habilitado como refugio antiaéreo clandestino en las inmediaciones de dicha localidad, sembró el desasosiego entre los sobrevivientes de nuestra comunidad religiosa. Algunos de los que tomaron parte en la polémica suscitada entonces por el descubrimiento aventuraron la hipótesis de que se trataría de una secta heterodoxa demoníaca, abocada a la destrucción del mundo mediante la tergiversación de la Sagrada Escritura. El primer trabajo publicado por la Fundación para la investigación de los Archivos de las Escrituras de Schreiben (SAVS), "Tetragramsanagramen bei Scheibenschriften" (1947, por Bev Winograd et alt.) consigna un error recurrente en la transcripción del Libro del Génesis: la inversión parcial de la secuencia yod- hei- vav en el Santo Nombre, anteponiendo "hei" a "yod". Los autores de dicho ensayo interpretan esta inversión como un lapsus linguae tendiente a equiparar el Nombre Santo con el digrama "hai", análogo a "jai", que en hebreo significa vida. En algunos pasajes, inclusive, se llegó a sustituir la letra "hei" por una "jet".
En la versión ya alterada del Nombre Sagrado. El "error" es tanto más significativo por cuanto se da con mayor recurrencia en dos pasajes: Bereshit 1, 20- 25, que narra la creación de los seres vivientes (jaim) en el Quinto Día, y Bereshit 2, 21. En este segundo caso, sugieren los autores del ensayo que la presunta secta herética de escribientes estaría jugando con el sentido del versículo anterior, donde se consigna la etimología del nombre Java (Eva) como "madre de todos los seres vivientes"
(Bereshit 2, 20). Winograd vio en esto último un "protofeminismo" paradójicamente "protonietzchiano". El contenido revolucionario y el tono juguetón de su artículo despertaron repudio entre algunos sectores ortodoxos de la comunidad religiosa mundial, que declararon anatema a la presunta heterodoxia.
Declaraciones de repudio a tal declaración fueron emitidas casi inmediatamente por los sectores más heterodoxos de la comunidad religiosa mundial. Algunos detalles de tal polémica constan en un artículo a su vez polémico de Jesús Ovejero, "Vértigos del abismo: Lacan y la Cábala· (Grado Cero Nº6, pp. 32 y ss., Barcelona, agosto de 1955). La polémica, que se prolongó a lo largo de tres décadas, dividió a los comentadores e investigadores del Archivo de las Escrituras de Schreiben en "satanistas" y "azaristas". El sector de "satanistas" encabezado por Bev Winograd sería luego tildado de "lilithista" dado el posterior involucramiento de dicha autora en el Movimiento de Liberación de la Mujer.
Entre los "azaristas", quienes coinciden con la otra facción en que los errores son deliberados, pero los consideran más bien como un desafío optimista a la terrible idea de un desastre cósmico de origen puramente gráfico, la hipótesis más interesante hasta ahora ha sido la de Sophie Taueber-Cage, que intenta demostrar una influencia del I Ching sobre los escribas de Schreiben a través de alguna de las rutas comerciales de las especias y la seda. Taueber-Cage juega además con la posibilidad ?improbable, a nuestro entender? de que la influencia china haya llegado a Schreiben desde España a través de los árabes. "No es tan descabellado pensar que los escribas judíos de Schreiben, agobiados por la confusión contradictoria de los dogmas sectarios que proliferaban en la Europa del siglo XIV, hayan adscrito a una especie de nihilismo de corte helenístico que les hiciera confiar irónicamente en el azar como única vía segura de conocimiento.·" (Sophie Taueber-Cage, "Los misterios de Schreiben", en Alef-Bet, revista de la Fundación para la Investigación de los Archivos de las Escrituras de Schreiben, Nº2, p. 10). En sucesivos trabajos (véase especialmente "El bello error" en Alef-Bet Nº4, pp. 3 a 14), Taueber emprende un acercamiento paradójico a la hipótesis de Winograd en cuanto la contradice, presuponiendo no obstante un optimismo vitalista en los escribas, quienes habrían "vislumbrado una Creación absolutamente buena donde ninguna contingencia sería sinónimo de falla". Tan edénica cosmovisión estaría regida por una función benigna -no destructiva- del factor azar como expresión más viviente y activa de la voluntad divina que su viejo Texto. "En esto se habrían acercado los escribas de Schreiben a la noción del Tao." (Ibíd., p. 7). Cabe apuntar que tal noción de contingencia se asemeja más bien a su opuesto filosófico: la necesidad.
Como sea, el caso es que la tranquila localidad de Schreiben ya no existe. Hacia 1365, desapareció sin dejar rastros.

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martes, marzo 14, 2006
FRAGMENTO DE NOVELA (work in progress)

Por Alejandra Laurencich

Si tuviera que precisar el momento en el que tomé conciencia de ese poder, diría que fue un atardecer de invierno, a mis once años. Me había pasado la tarde sentada en el comedor. Aunque para hacer los deberes yo prefería siempre los lugares apartados y silenciosos de la casa, aquel día -quizá por esa frase que recordaba: Si tienes que hacer algo prohibido busca el sitio más público y ventilado, el mundo entonces abandonará la sospecha- elegí el comedor, de espaldas al ventanal, sentada a la cabecera de la mesa enorme. La dimensión de la mesa le confería a mis obligaciones un ámbito de soledad inabordable, similar a la que, imaginaba, debía rodear al dueño de una empresa -el duque de Standford, por ejemplo- en los preliminares de una reunión de directorio. Tenía mi cuaderno de tareas desplegado frente a mí. Detrás el manual Kapelusz abierto y de pie, a modo de pequeño biombo que me separaba del florero de porcelana y de todo lo que acontecía en el living y más allá de él: la vida doméstica. Lapicera Parker en mano, copiaba prolijamente algunos ejercicios de aritmética en mi cuaderno. Aunque a decir verdad no era eso lo que hacía sino lo que intentaba hacer creer a mis padres. Ellos pasaban cada tanto por el living en sus idas y venidas por la casa. Sin molestar a quien cumplía con sus obligaciones escolares, sin la impertinencia que podrían haber mostrado al descubrir el libro que yo llevaba leyendo toda la tarde. Porque escondido dentro del manual Kapelusz había otro libro abierto: Juana, la Loca, una novela que contaba la vida de una pobre reina, castísima hija de reyes, perdida por un apetito atroz hacia Felipe el Hermoso. Yo lo había retirado de la biblioteca del colegio ? la biblioteca que había sido fundada medio siglo atrás y de la cual yo era la socia N° 7- esa mañana. La bibliotecaria era una mujer canosa con cara de dogo argentino, pero a mí me trataba con dulzura y respeto. Revisá tranquila, me decía y elogiaba los trazos de mi firma rococó cuando me tocaba firmar en la planilla de retiros. El libro llegaba a casa escondido en mi portafolio y luego, ya en la mesa, dentro del manual. Sostenido por el borde del cuaderno y a veces, por la cartuchera. Todo este sistema de sincronía geométrica era para poder leer en paz, pues desde la perspectiva de mi madre era sin duda más sano para una nena estar jugando en la terraza que leyendo las peripecias de una reina trastornada. Aquella tarde entonces, fingía cumplir con mi deber y en esa posición, leía a mis anchas. Pero de pronto alguien, no recuerdo quién, se detuvo en una de las ventanas del living y dijo: ¡Mirá lo que es eso! Dejé el palacio de Gante y las ansias de amor de Juana y miré hacia el cielo. Rojizo. Perturbador.
Se me ocurrió que el sol debía ser una bola de fuego. Guardé el libro y salí corriendo por las escaleras que llevaban a la terraza. Pero mientras iba subiendo tropecé con los cordones y caí de boca en el palier al que daba la casa de mi tía. Mientras yo me levantaba se abrió la puerta. Qué fue ese ruido, dijo la voz alarmada. Nada, nada. Adónde vas. A ver el sol. Ni que te estuvieran persiguiendo con perros?Nena!.. Te vas a romper una pierna! Fue lo último que escuché resonando en la escalera antes de abrir la puerta de la terraza y encontrarme frente a ese crepúsculo magnífico. El sol atravesado por nubes rojas, hilachas de sangre que se abrían en abanico, cortejando al círculo incandescente que se hundía en el horizonte. Me quedé allí hasta que oscureció, dejando que el brillo lastimara mis ojos, sintiendo el frío de junio llegándome a la piel, el olor a aire invernal asiéndose a mi pullover. Y pensé que si hubiese caído por la escalera y me hubiera roto una pierna, no habría llegado a ver esa maravillosa puesta del sol. Pero aún con un hueso roto me las hubiera apañado para verla, pensé también. Por un cielo así, por una bola anaranjada como esa, valía la pena perder la vida. Aunque era un poco exagerado perder la vida por ver el sol. Bueno, alguien loco como Juana podría ser capaz, claro, pero no a causa del accidente ridículo de resbalar en la escalera por pisarse los cordones. La vida se puede perder sólo siendo asesinado, o acribillado a balazos, como les sucedía a los montoneros o al che guevara. O a Rucci, en plena calle, con su camisa común y corriente, a gente así, que aparecía en las fotos borrosas de los diarios. Y pensándolo bien tampoco el paisaje de terrazas y tanques de agua y ropa colgada quedaba lindo como fondo para esa historia triste. Un mar, o un bosque estarían mejor. Empezaba a gustarme la idea. Alguien que huyera de los malos, alguien que se escondiera en una cueva, alguien que adorara al sol hasta el punto de dejarse matar por llegar a verlo. Podría escribir eso entonces, necesitaba escribirlo: el relato de un loco perseguido por las fuerzas del mal, escopeta en mano lo buscan durante toda la noche por el bosque. ¿El loco ha matado a alguien? ¿El loco es un asesino? ¿Un ladrón de bancos? ¿Un criminal? No, nada de eso. Es un poeta maldito, un poeta en fin, que pone nerviosa a la gente y a la policía en general. El loco está escondido y nadie lo encuentra. Pero entonces, en el terrible amanecer, un rayo de sol rojizo penetra en la cueva, y el loco no puede resistir la tentación, Padre haz pasar de mí este cáliz, dice, pero el padre del loco parece estar muy ocupado en otras partes del mundo y el loco tiembla de miedo y de deseo como Juana frente al gallardo Felipe, y el loco se asoma a la cueva y ve las siluetas uniformadas de los militares que lo esperan, y sabe que el sol ha aparecido en la línea del horizonte, y que la luz llega con él, y no resiste, entonces sale y corre, corre, corre, corre bajo las ráfagas de metralla y muere con los brazos abiertos bañado en la luz sanguinolenta del día que comienza. Muy buen final.
Bajé a casa, otra vez corriendo, y escribí la historia en una hoja arrancada del cuaderno de deberes. Tenía los dedos entumecidos por el frío y la letra rococó me salía espantosa. Fue un poema, casi panfletario, pues a medida que escribía, la indignación entrevista en las publicaciones y periódicos que traía mi hermano, me iba inflamando contra los gobernantes de turno, así que "El loco" terminó cargado de frases tales como: Los guachos milicos lo dejaron sin luz. Pero más allá del dudoso resultado que debe andar dando vueltas aún por los cajones de mi casa, recuerdo esa historia, porque fue la primera que me permitió vislumbrar el proceso de fundar un destino. Una de las primeras historias que no hablaban de mí y que me harían saborear el gusto de sentirme Dios. Haciendo uso de ese poder divino decidíría un año más tarde, echar a rodar aquel secreto que me había confiado Mariana Kunstler, ponerlo al servicio de una historia que, imaginé, cambiaría el rumbo de las cosas.


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lunes, marzo 13, 2006
PODEMOS TRATAR

Por Mori Ponsowy


Lo más que podemos es tratar.
Pronunciar todos los conjuros,
encender de fe el incienso
mezclar en la dosis justa
los ingredientes del mejor trago,
elegir las copas, vigilar las horas
cuidando que no escape
la única propicia.
Más, no podemos:
nada garantiza que el incienso
ascienda en lí­nea recta,
que el perfume de las flores
no llegue rancio al cielo,
que nuestras plegarias no se desví­en
hacia ese único lugar
que cambiará su signo
para golpearnos entre los dientes,
en el centro mismo de los sueños.

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viernes, marzo 10, 2006
DOS CHICAS POR UNA CABRA

por Efraim Medina Reyes

Introducción
Cuando conocí a Cesare Cicardini en Milano le conté esta historia y le propuse venir a Colombia y viajar por la Costa Atlántica hasta encontrar el caserío donde todo esto empezó. Finalmente hicimos el viaje. El sacó sus fotos y yo escribí la historia donde no hay (ojalá fuera así) una gota de ficción.

1. El dueño
Era un tipo blanco, casi albino, elegante a pesar de su baja estatura, que sonreía a diestra y siniestra en medio de las dos chicas: ambas eran altas, morenas, con ligeros rasgos mestizos. Tenían el pelo lacio y pintado de rubio pero la raíz, que se asomaba invencible, era de un color más oscuro que el negro. Diego saludó de beso a las chicas y luego estrechó la mano del tipo y les dijo que yo era un poeta. Las chicas sonrieron, el tipo me alargó la mano y la estreché. Una mano pequeña, gorda y más fría que un sapo de yeso.
-Todos me dicen Peralta y me gusta. También me gusta la poesía-echó una mirada alrededor y saludó con un guiño al resto de invitados-. Este yate se lo compré a un escritor jamaiquino. No es un poeta, es alguien que escribe para ganar dinero.
-Ellas son Miriam y Carol-dijo Diego presentándome a las chicas. Calculé que Miriam era tres centímetros más alta que Carol-. Miriam, por qué no le muestras el yate al poeta.
Miriam, desvió la mirada hacia Peralta que permaneció tan impasible como una máscara china. Sin embargo, ella pudo descifrar la decisión de aquella máscara porque enseguida me agarró de la mano y me arrastró, por una estrecha escalera, hasta el primer piso del yate. Una vez abajo le pregunté cómo sabía que Peralta estaba de acuerdo con nuestro paseo.
-Sólo lo sé-dijo ella-. ¿Puedo preguntarte algo?
-Claro-dije-. Pregúntame lo que sea.
-¿Cómo se siente un beso de verdad?
-¿Un beso de verdad? No sé?
-Dicen que eres un poeta.
-Sí, bueno, no del todo. Son cosas que dice Diego? Seguro que tú sabes más que yo de poesía y besos. Eres muy linda y deben haberte dado muchos.
-Me refería a los de verdad?
Para evitar el tema finjo buscar un cigarrillo; mientras recorremos las instalaciones ella me cuenta el origen de cada objeto, tiene un acento muy extraño y dentro de ese acento algo que me resulta familiar.
-¿De dónde eres?
-No me acuerdo-dice ella.
-¿No sabes de dónde eres?
-Eran sólo dos calles? No había iglesia, ni luz y menos agua potable.
-¿Y en qué país están esas dos calles?
-A tres horas de Sincelejo.
-¿Eres colombiana?
-Y costeña, como tú.
-Pensé que eras chicana y no sólo por el acento. ¿Desde cuándo trabajas para Peralta?
Soltó una carcajada y luego se puso muy seria y dijo:
-No trabajo para Peralta, él es mi? es nuestro dueño.

2. Al oído de Dios

Según Peralta se trataba de otro pequeño pueblo sin nombre, un caserío a media hora de Chinú (Córdoba) en la Costa Norte colombiana. Celestino, el padre de Miriam y Carol (que entonces tenían otros nombres) se las había entregado a cambio de una cabra.
-No-dice Miriam-. Mi papá quería una cabra pero Dámaso (ellas no le dicen Peralta) no sabía nada de cabras, él quería darle dinero.
-¿Y qué tenía de malo el dinero?
-Para mi padre era sólo papel. El cambiaba cosas por cosas. No podía imaginar (y menos nosotras) que en aquel pequeño fajo de billetes había más de ocho cabras.
-¿Piensan que voy a creer eso? Hace doscientos años quizá? ¿Acaso tu padre no veía televisión?
-¿Televisión?-la voz de Peralta tiene aristas de ironía y fastidio-. Su padre no ha visto ni un bombillo en su vida. Para él una vela sigue siendo alta tecnología. Es igual que aquí, ¿acaso lo que vemos es la verdadera ciudad?
Estábamos de nuevo en la cubierta del yate. Miriam, ahora con la ayuda de Peralta, seguía contándome la historia que sacó a dos niñas de un remoto caserío y las llevó a vivir en la Florida. Diego ha bebido muy rápido y duerme recostado en una silla playera. Los otros invitados han formado pequeños grupos que conversan, beben, fuman? El olor a marihuana se mezcla con la brisa marina. Desde la cubierta se aprecia en todo su esplendor la bella postal colonial rodeada de piedras: Cartagena de Indias. Más allá de esas murallas empiezan las barriadas marginales, el mar que se pudre, la miseria y el abandono que son el perfecto laboratorio de toda violencia. Quizá Peralta tenía razón, muy pocos turistas viendo la bella postal pensarían en la pobreza extrema que se esconde a sólo quince minutos.
-¿Y cómo pudiste convencerlo?
-No pude-dice un risueño Peralta-. Tuve que salir a comprar la famosa cabra y volver por las chicas. También le traje gallinas y un par de cerdos. Pero dinero no quiso aceptar.
Según el relato de Miriam había un anciano ganadero de apellido Vergara pujando también por llevárselas, pero Celestino había dado su palabra a Peralta de esperarlo 12 horas y para él su palabra era asunto de vida o muerte.
-¿Y por qué prefería a Peralta?
Carol se ríe y Miriam me explica que el tal Vergara ya se había llevado a varias niñas, vecinas suyas, a cambio de gallinas enfermas y tenía fama de malagente.
-¿Cómo así malagente?
-Un hijueputa con todo y ropa-dice Peralta-. Las niñas que caían en sus manos eran obligadas a trabajar como mulas y usadas sexualmente como trapos de cocina. Cuando salían embarazadas las echaba a patadas por putas. Y ten en cuenta que Vergara tenía entonces setenta y pico años.
-¿Y cómo sabían que Peralta no era peor?
Hay un largo silencio, Carol se toma la cara y solloza bajito.
Miriam me cuenta que aquella noche, mientras Peralta se había ido prometiendo regresar con la cabra, su madre y ellas salieron a campo abierto y rezaron varias horas para que aquel señor bien vestido resultara un hombre decente.
-¿Por qué en campo abierto?
Carol, un poco más serena, me explica que cuando no hay iglesia debes orar fuerte para que Dios (que es medio sordo) alcance a escuchar.

3. La vida está en otra parte

La casa donde nació Peralta estaba a menos de dos horas del caserío de Miriam y Carol, pero dentro de un pueblo de 30.000 habitantes, un pueblo regido por una enorme plaza y una iglesia cuya torre podía verse a kilómetros de distancia. Apenas acabó la primaria se fue a Cartagena, donde tenía parientes, a hacer la secundaria. Después estudió química y farmacia en Bogotá y realizó una especialización en París que lo convirtió en un experto en dar el sabor y aroma final a perfumes y licores. Trabajó para un par de compañías y luego abrió su propio negocio. Hoy tiene una fortuna, tres divorcios, dos hijos viviendo en Francia y muchas propuestas de trabajo porque es muy bueno en lo suyo. Pero él prefiere vivir en su yate, la mayor parte del tiempo anclado cerca de Boca Ratón, con sus dos ninfas de compañía que lo consienten como amante y lo respetan como un padre. De las dos niñas analfabetas, recibidas por una cabra, queda poco. Él, después de someterlas a tratamientos médicos para enfrentar la desnutrición, los parásitos y un montón de otras plagas que portaban, las hizo estudiar. De hecho ambas hablan inglés, italiano y francés (supongo que es la causa del raro acento), también les contrató clases particulares de glamour y modelaje.
-Pero lo hizo para tener amantes jóvenes y de lujo-dice Diego.
Hace unos minutos bajamos del yate porque Diego, que había dormido la mayor parte de la fiesta, se despertó con ganas de discutir. Primero lo hizo con algunos invitados y luego con el anfitrión. Tuve que ofrecer disculpas a todos y sacarlo de allí a rastras, ni siquiera pude anotar el celular de Miriam. Ahora está orinando contra las imponentes murallas y acusando a Peralta, el mismo que horas antes juraba admirar, de proxeneta y pervertido. Diego es fotógrafo y tiene cierto prestigio, eso le permite hacer amistades como Peralta. Nos conocemos desde hace un par de años y como me sé algunos poemas de memoria, él cree que soy un genio y me usa de apoyo intelectual. Seguro pensó que mi tanda de sonetos borgianos podían impresionar a Peralta. Termina de orinar y nos adentramos por las calles coloniales en busca de un bar. La imagen de Miriam titila en la oscura pantalla de mi mente. Diego insiste en acusar a Peralta. Entonces le hago la pregunta del millón:
-¿Crees que les habría ido mejor con Vergara?

4. Solas ante el destino
Una serie de casualidades propiciaron el encuentro entre Peralta y las chicas. El había regresado a su pueblo, luego de muchos años, para asistir al funeral de un pariente. En realidad el pariente le importaba poco, pero su madre le había pedido que la acompañara. Peralta trató por todos los medios de disuadirla pero ella amenazó con irse sola y como era vieja, terca y estaba algo enferma, se vio obligado a acceder. A esas alturas la madre de Peralta y sus parientes más cercanos vivían en Bogotá, así que aquel viaje nunca estuvo en sus planes. Durante el velorio, y en medio de los chistes y los tragos que son propios de esas ocasiones, alguien le contó la historia del hombre que estaba dispuesto a entregar dos hijas por una cabra. Para él no era extraño escuchar hablar de eso, cambiar, vender y esclavizar mujeres era una práctica antigua. Estaba en la historia de la humanidad y en el presente de muchas culturas, incluso mucho más crueles y salvajes que la suya. Peralta, como la mayoría de hombres latinoamericanos, había recibido una educación de fuerte tendencia machista. Su madre le había enseñado que él era un hombre y que una mujer era sólo una mujer. Millones de madres, a lo largo y ancho de este continente y más allá, les habían enseñado durante siglos lo mismo a sus hijos. Cambiar hijas por cabras quizá suene primitivo y prosaico, sin embargo, en los grandes centros de la civilización occidental ocurren cosas peores: por limpias y luminosas que sean las vitrinas llenas de mujeres que adornan las calles de Ámsterdam, por exóticas que resulten las modelos sacadas por los caza talentos de pantanos de África o el culo del mundo, allí hay cabra encerrada. Precisamente, lo que llamó la atención de Peralta en aquella historia fue la extraordinaria belleza que se les atribuía a las niñas. Entonces decidió ir a conocerlas y junto a otros hombres subió a un jeep con destino al caserío. La llegada de aquel forastero de mediana edad causó cierto revuelo, sobre todo porque sus acompañantes corrieron la voz que venía a llevarse las hijas de Celestino. A Peralta las chicas, que en aquel momento tenían catorce y dieciséis años, no le parecieron nada bellas. Estaban desaseadas, los piojos iban y venían por sus cabezas y sus vestidos eran viejos y remendados a más no poder. Iba a despedirse para regresar a su pueblo cuando la madre de las chicas lo llamó a hablar aparte. Fue ella quien le contó lo de Vergara y él, sin dudarlo, le ofreció dinero al padre para quedarse con las chicas. En ese momento pensó que iba a ser terrible para las chicas ser separadas de su familia, pero más terrible aún sería dejarlas en manos de Vergara. Su idea era llevarlas hasta Bogotá y dejarlas con su madre, pero cuando las vio bañadas, libres de piojos y vestidas con ropa nueva cambió de parecer y se las llevó a la Florida. A su madre le explicó que iba a educarlas y a conseguirles un mejor futuro, y nadie podría decir que incumplió su palabra. Lo que nunca dijo era cómo ellas debían pagar esa generosidad.

5. Final de partida
He dejado a Diego en su casa, todavía debe estar maldiciendo (en el fondo es envidia) a Peralta. Subo a un taxi sin poder sacarme a Miriam y Carol de la mente. Diego jura que había algo triste en ellas y no lo dudo pero no creo que esa tristeza se deba a su relación con Peralta; es algo más de fondo. Ya no son dos niñas campesinas perdidas en un remoto caserío, se trata de dos sofisticadas y bellas mujeres que han viajado por el mundo. Sin embargo deben sentirse más perdidas que nunca. Ellas no eligieron ni en una mínima parte ese destino, Peralta sabe bien donde lleva su yate pero ellas siempre estarán a la deriva. El es su dueño y me confesó que en más de una ocasión ha querido darles la libertad para que conozcan a otros hombres y se enamoren. Siente que se han ganado el derecho a tener una vida lejos de él; incluso les ha prometido apoyarlas mientras se establecen por su cuenta y enseguida ellas han entrado en pánico y de rodillas le han rogado que las deje seguir allí. Y le creo, para ellas él es el único madero al que pueden aferrarse en aquel constante naufragio que tienen por vida. Seguro piensan en la otra posibilidad, lo que pudieron haber sido en manos de Vergara, los hijos bastardos que habrían destruido sus cuerpos y amargado sus almas y entonces deben temblar y dar gracias a todos los santos por Peralta. Pero también debe haber momentos en que lo odian, en que sienten que él les robó la niñez y tantas ensoñaciones a las que tenían derecho y que ignoraban hasta que los profesores y los libros les enseñaron a razonar, a separarse de los mamíferos, a tener un espíritu capaz de soñar sin pedir permiso a Dios. Miriam, a espaldas de Peralta, me contó que quiere ser modelo, ganar dinero y regresar algún día por su madre. También me dijo que Carol quiere estudiar medicina pero que, a diferencia suya, no piensa regresar jamás al caserío. Y quizá lo hagan, quizá logren vencer la dependencia de Peralta y lanzarse a cumplir sus sueños. Supongo que por eso invité a Cesare a conocer el caserío (que, por desgracia, no ha cambiado mucho) y escribí esta crónica. Recuerdo que el yate estaba lleno de revistas como ésta, a ellas les gusta leerlas y Peralta las complace. No sería descabellado imaginar que leen estas líneas y se enteran cuando deseo que dejen el yate y sigan por su cuenta y riesgo, cuanto deseo que Miriam ya no necesite hacer preguntas (y menos a idiotas como yo) para saber cómo se siente un beso de verdad.

posted by Mori Ponsowy at 8:40 a.m. 0 comments

miércoles, marzo 08, 2006
FRIDA: AUTORRETRATO

Poema inédito de Jorge Boccanera

La delicada pinta palabrotas, calaveras de azúcar, pájaros a cuerda.
Hierven los monos en el árbol que canta: "El dolor no hace hijos, no limpia la cocina, no ve tras la ventana, no llena vasos".

Virgen de los Dolores cuida de sus pericos, su sindicato colosal, su vida de papel maché, cuida su carcajada, su aeroplano de trapo, sus milagros
de fierro, su gran desobediencia, cuida su venadita de sarape rojo.

La embadurnada de amarillo se trenza el pelo que le falta.
No hay miedo en sus pinceles,
Dice: trágame tierra. ¿Café?: tonos de mole.
Verde oscuro: presagio y malas nuevas.
Solferino es azteca, sangre vieja de tuna.
¿Y lo demás? ¿El gran lago morado? ¿El rosa buganvilla? ¿La luz tibia?
Amarillo es delirio y camisa de fuerza.
¿Amor? azul cobalto.
Magenta es como un grito, pero el azul marino es la distancia.
Negro: los hospitales y la palabra nunca.

Los monos vibran dentro de los colores, cuando la muñeca rapada pinta pitahayas y puñales.
Su autorretrato es viento y traje de tehuana,un espinazo de ceniza, unas alitas de petate.

Junto a la Delicada, la pelona toma su tequila.
Sobre un lila de espanto la calaca prepara sus encajes de púas, aceita su rueda dentada, teje la filigrana del
desierto.

Un rostro envuelto en hojas de periódico rueda en la gran pecera del bosque.
Y sobre los árboles llovidos de vendajes, monos desafinados cantan: "Si Adelita se fuera con otro...".

posted by Mori Ponsowy at 6:20 p.m. 0 comments

Jorge Boccanera

JORGE BOCCANERA nació en Bahía Blanca (Buenos Aires) en 1952. Ha publicado más de una decena de libros de crónicas e historias de vida y es también autor de las obras de teatro Arrabal amargo (1982) y Perro sobre perro (1985), y de los libros de poesía Los espantapájaros suicidas (1974), Noticias de una mujer cualquiera (1976), Contraseña (1976), Poemas del tamaño de una naranja (1979), Música de fagot y piernas de Victoria (1979), Los ojos del pájaro quemado (1980), Polvo para morder (1986), Marimba (antología, 1986), Sordomuda (1991), Antología poética (1996), Zona de Tolerancia (antología, 1998), Bestias en un hotel de paso (2001) y Antología Personal (2001). En 1976 obtuvo el Premio Casa de las Américas en el género poesía. Fue secretario de redacción de las revistas Plural (México), Crisis (Argentina), Aportes (Costa Rica) y ha colaborado con las agencias de noticias Ansa, Prensa Latina, Informex y Telam.

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martes, marzo 07, 2006
TREINTINUEVE

Hoy fue la primera vez que usé los anteojos para escribir. Desde hace algunos meses los uso para leer, sobre todo por las noches, cuando no hay suficiente luz. Pero hace unos días me descubrí teniendo que enfocar mi propia letra en el papel. Sin embargo, me resistí a usarlos. Hasta hoy. Es mi cumpleaños. Me regalé ver mis palabras con claridad. Verme. ¡Japi japi bersdei!


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lunes, marzo 06, 2006
EFRAIM TIENE BLOG

¡Nos hace la competencia! Ahí­ pueden encontrar cosas como esta:

Bastará pensarlo un poco para entender lo demencial que es gastarse las mejores noches de la vida encerrado en una habitación esperando que todo eso que escribimos se convierta en libro. Es como si todas las personas cada vez que tienen sexo esperaran tener un hijo. ¿Te imaginas? Ya habrí­amos desaparecido con todo y Planeta. Y es eso lo que está pasando con los libros; por cada uno que se publica desaparecen cien o más lectores. Un dí­a todos seremos escritores e iremos armados hasta los dientes a buscar algún lector indefenso para obligarlo a leer nuestro libro.

Más de Efraim Medina Reyes en: http://pistolerosputasydementes.blogspot.com

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Abrió EL TALLER DE ALE


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viernes, marzo 03, 2006
DE BILLY THE KID A CARLOS MARIO "PISTOLAS"


Por Efraim Medina Reyes

Este artículo fue escrito originalmente para el periódico italiano La Repubblica y debía acompañar las fotos de Sam Faulkner tomados a niños armados en Colombia. El reportaje debía explicar, o explica, por qué están armados.

La leyenda dice que William H. Bonney nació en una de las peores cloacas de la ciudad de New York en 1859, que era de origen irlandés y nunca conoció a su padre. Como era pobre no pudo estudiar y sobrevivió la mayor parte de la infancia realizando, en compañía de otros desventurados como él, pequeños robos al vecindario. Luego su madre, que ya tenía otro marido y tres nuevos hijos, se mudó a Silver City y allí William con sólo catorce años se convirtió en pistolero. Tres años después ya se le conocía en el far west como el temible Billy The Kid y su cabeza no tardó en tener precio. Billy asoló Nuevo México y fue amado y odiado hasta que una noche lo asesinaron por la espalda, sólo tenía 22 años pero ya había matado a 21 personas "sin contar negros ni mejicanos" como el mismo solía decir.
Carlos Mario Restrepo nació a mediados de los ochenta en un barrio marginal de Medellín (que seguro es peor que cualquier cloaca neoyorkina). Su padre, un vendedor callejero, llegaba borracho cada fin de semana a la casa y...
sigue aquí.

Fotografía de Sam Faulkner.


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jueves, marzo 02, 2006
ANTES Y DESPUÉS



Plis, miren a Babones (el perro). Él también está triste. Se terminaron las vacaciones.

posted by Mori Ponsowy at 11:40 a.m. 0 comments

miércoles, marzo 01, 2006
VACACIONES


Se terminaron las vacaciones y Mati (el gran surfista de la foto) empezó hoy sexto grado. Ayer lo llevé a cortarse el pelo. Se enojó mucho. Le prometí­ que nunca más me meto con su pelo. Me hizo que le firmara la promesa en un papel. El dí­a anterior él me habí­a firmado otra: si antes de fin de año pierde su nueva pluma Parker me tendrá que devolver lo que costó
Así­ somos: prometemos aunque no estemos muy seguros de poder cumplir después.

posted by Mori Ponsowy at 12:53 p.m. 0 comments

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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