Goma de borrar
 
viernes, marzo 10, 2006
DOS CHICAS POR UNA CABRA

por Efraim Medina Reyes

Introducción
Cuando conocí a Cesare Cicardini en Milano le conté esta historia y le propuse venir a Colombia y viajar por la Costa Atlántica hasta encontrar el caserío donde todo esto empezó. Finalmente hicimos el viaje. El sacó sus fotos y yo escribí la historia donde no hay (ojalá fuera así) una gota de ficción.

1. El dueño
Era un tipo blanco, casi albino, elegante a pesar de su baja estatura, que sonreía a diestra y siniestra en medio de las dos chicas: ambas eran altas, morenas, con ligeros rasgos mestizos. Tenían el pelo lacio y pintado de rubio pero la raíz, que se asomaba invencible, era de un color más oscuro que el negro. Diego saludó de beso a las chicas y luego estrechó la mano del tipo y les dijo que yo era un poeta. Las chicas sonrieron, el tipo me alargó la mano y la estreché. Una mano pequeña, gorda y más fría que un sapo de yeso.
-Todos me dicen Peralta y me gusta. También me gusta la poesía-echó una mirada alrededor y saludó con un guiño al resto de invitados-. Este yate se lo compré a un escritor jamaiquino. No es un poeta, es alguien que escribe para ganar dinero.
-Ellas son Miriam y Carol-dijo Diego presentándome a las chicas. Calculé que Miriam era tres centímetros más alta que Carol-. Miriam, por qué no le muestras el yate al poeta.
Miriam, desvió la mirada hacia Peralta que permaneció tan impasible como una máscara china. Sin embargo, ella pudo descifrar la decisión de aquella máscara porque enseguida me agarró de la mano y me arrastró, por una estrecha escalera, hasta el primer piso del yate. Una vez abajo le pregunté cómo sabía que Peralta estaba de acuerdo con nuestro paseo.
-Sólo lo sé-dijo ella-. ¿Puedo preguntarte algo?
-Claro-dije-. Pregúntame lo que sea.
-¿Cómo se siente un beso de verdad?
-¿Un beso de verdad? No sé?
-Dicen que eres un poeta.
-Sí, bueno, no del todo. Son cosas que dice Diego? Seguro que tú sabes más que yo de poesía y besos. Eres muy linda y deben haberte dado muchos.
-Me refería a los de verdad?
Para evitar el tema finjo buscar un cigarrillo; mientras recorremos las instalaciones ella me cuenta el origen de cada objeto, tiene un acento muy extraño y dentro de ese acento algo que me resulta familiar.
-¿De dónde eres?
-No me acuerdo-dice ella.
-¿No sabes de dónde eres?
-Eran sólo dos calles? No había iglesia, ni luz y menos agua potable.
-¿Y en qué país están esas dos calles?
-A tres horas de Sincelejo.
-¿Eres colombiana?
-Y costeña, como tú.
-Pensé que eras chicana y no sólo por el acento. ¿Desde cuándo trabajas para Peralta?
Soltó una carcajada y luego se puso muy seria y dijo:
-No trabajo para Peralta, él es mi? es nuestro dueño.

2. Al oído de Dios

Según Peralta se trataba de otro pequeño pueblo sin nombre, un caserío a media hora de Chinú (Córdoba) en la Costa Norte colombiana. Celestino, el padre de Miriam y Carol (que entonces tenían otros nombres) se las había entregado a cambio de una cabra.
-No-dice Miriam-. Mi papá quería una cabra pero Dámaso (ellas no le dicen Peralta) no sabía nada de cabras, él quería darle dinero.
-¿Y qué tenía de malo el dinero?
-Para mi padre era sólo papel. El cambiaba cosas por cosas. No podía imaginar (y menos nosotras) que en aquel pequeño fajo de billetes había más de ocho cabras.
-¿Piensan que voy a creer eso? Hace doscientos años quizá? ¿Acaso tu padre no veía televisión?
-¿Televisión?-la voz de Peralta tiene aristas de ironía y fastidio-. Su padre no ha visto ni un bombillo en su vida. Para él una vela sigue siendo alta tecnología. Es igual que aquí, ¿acaso lo que vemos es la verdadera ciudad?
Estábamos de nuevo en la cubierta del yate. Miriam, ahora con la ayuda de Peralta, seguía contándome la historia que sacó a dos niñas de un remoto caserío y las llevó a vivir en la Florida. Diego ha bebido muy rápido y duerme recostado en una silla playera. Los otros invitados han formado pequeños grupos que conversan, beben, fuman? El olor a marihuana se mezcla con la brisa marina. Desde la cubierta se aprecia en todo su esplendor la bella postal colonial rodeada de piedras: Cartagena de Indias. Más allá de esas murallas empiezan las barriadas marginales, el mar que se pudre, la miseria y el abandono que son el perfecto laboratorio de toda violencia. Quizá Peralta tenía razón, muy pocos turistas viendo la bella postal pensarían en la pobreza extrema que se esconde a sólo quince minutos.
-¿Y cómo pudiste convencerlo?
-No pude-dice un risueño Peralta-. Tuve que salir a comprar la famosa cabra y volver por las chicas. También le traje gallinas y un par de cerdos. Pero dinero no quiso aceptar.
Según el relato de Miriam había un anciano ganadero de apellido Vergara pujando también por llevárselas, pero Celestino había dado su palabra a Peralta de esperarlo 12 horas y para él su palabra era asunto de vida o muerte.
-¿Y por qué prefería a Peralta?
Carol se ríe y Miriam me explica que el tal Vergara ya se había llevado a varias niñas, vecinas suyas, a cambio de gallinas enfermas y tenía fama de malagente.
-¿Cómo así malagente?
-Un hijueputa con todo y ropa-dice Peralta-. Las niñas que caían en sus manos eran obligadas a trabajar como mulas y usadas sexualmente como trapos de cocina. Cuando salían embarazadas las echaba a patadas por putas. Y ten en cuenta que Vergara tenía entonces setenta y pico años.
-¿Y cómo sabían que Peralta no era peor?
Hay un largo silencio, Carol se toma la cara y solloza bajito.
Miriam me cuenta que aquella noche, mientras Peralta se había ido prometiendo regresar con la cabra, su madre y ellas salieron a campo abierto y rezaron varias horas para que aquel señor bien vestido resultara un hombre decente.
-¿Por qué en campo abierto?
Carol, un poco más serena, me explica que cuando no hay iglesia debes orar fuerte para que Dios (que es medio sordo) alcance a escuchar.

3. La vida está en otra parte

La casa donde nació Peralta estaba a menos de dos horas del caserío de Miriam y Carol, pero dentro de un pueblo de 30.000 habitantes, un pueblo regido por una enorme plaza y una iglesia cuya torre podía verse a kilómetros de distancia. Apenas acabó la primaria se fue a Cartagena, donde tenía parientes, a hacer la secundaria. Después estudió química y farmacia en Bogotá y realizó una especialización en París que lo convirtió en un experto en dar el sabor y aroma final a perfumes y licores. Trabajó para un par de compañías y luego abrió su propio negocio. Hoy tiene una fortuna, tres divorcios, dos hijos viviendo en Francia y muchas propuestas de trabajo porque es muy bueno en lo suyo. Pero él prefiere vivir en su yate, la mayor parte del tiempo anclado cerca de Boca Ratón, con sus dos ninfas de compañía que lo consienten como amante y lo respetan como un padre. De las dos niñas analfabetas, recibidas por una cabra, queda poco. Él, después de someterlas a tratamientos médicos para enfrentar la desnutrición, los parásitos y un montón de otras plagas que portaban, las hizo estudiar. De hecho ambas hablan inglés, italiano y francés (supongo que es la causa del raro acento), también les contrató clases particulares de glamour y modelaje.
-Pero lo hizo para tener amantes jóvenes y de lujo-dice Diego.
Hace unos minutos bajamos del yate porque Diego, que había dormido la mayor parte de la fiesta, se despertó con ganas de discutir. Primero lo hizo con algunos invitados y luego con el anfitrión. Tuve que ofrecer disculpas a todos y sacarlo de allí a rastras, ni siquiera pude anotar el celular de Miriam. Ahora está orinando contra las imponentes murallas y acusando a Peralta, el mismo que horas antes juraba admirar, de proxeneta y pervertido. Diego es fotógrafo y tiene cierto prestigio, eso le permite hacer amistades como Peralta. Nos conocemos desde hace un par de años y como me sé algunos poemas de memoria, él cree que soy un genio y me usa de apoyo intelectual. Seguro pensó que mi tanda de sonetos borgianos podían impresionar a Peralta. Termina de orinar y nos adentramos por las calles coloniales en busca de un bar. La imagen de Miriam titila en la oscura pantalla de mi mente. Diego insiste en acusar a Peralta. Entonces le hago la pregunta del millón:
-¿Crees que les habría ido mejor con Vergara?

4. Solas ante el destino
Una serie de casualidades propiciaron el encuentro entre Peralta y las chicas. El había regresado a su pueblo, luego de muchos años, para asistir al funeral de un pariente. En realidad el pariente le importaba poco, pero su madre le había pedido que la acompañara. Peralta trató por todos los medios de disuadirla pero ella amenazó con irse sola y como era vieja, terca y estaba algo enferma, se vio obligado a acceder. A esas alturas la madre de Peralta y sus parientes más cercanos vivían en Bogotá, así que aquel viaje nunca estuvo en sus planes. Durante el velorio, y en medio de los chistes y los tragos que son propios de esas ocasiones, alguien le contó la historia del hombre que estaba dispuesto a entregar dos hijas por una cabra. Para él no era extraño escuchar hablar de eso, cambiar, vender y esclavizar mujeres era una práctica antigua. Estaba en la historia de la humanidad y en el presente de muchas culturas, incluso mucho más crueles y salvajes que la suya. Peralta, como la mayoría de hombres latinoamericanos, había recibido una educación de fuerte tendencia machista. Su madre le había enseñado que él era un hombre y que una mujer era sólo una mujer. Millones de madres, a lo largo y ancho de este continente y más allá, les habían enseñado durante siglos lo mismo a sus hijos. Cambiar hijas por cabras quizá suene primitivo y prosaico, sin embargo, en los grandes centros de la civilización occidental ocurren cosas peores: por limpias y luminosas que sean las vitrinas llenas de mujeres que adornan las calles de Ámsterdam, por exóticas que resulten las modelos sacadas por los caza talentos de pantanos de África o el culo del mundo, allí hay cabra encerrada. Precisamente, lo que llamó la atención de Peralta en aquella historia fue la extraordinaria belleza que se les atribuía a las niñas. Entonces decidió ir a conocerlas y junto a otros hombres subió a un jeep con destino al caserío. La llegada de aquel forastero de mediana edad causó cierto revuelo, sobre todo porque sus acompañantes corrieron la voz que venía a llevarse las hijas de Celestino. A Peralta las chicas, que en aquel momento tenían catorce y dieciséis años, no le parecieron nada bellas. Estaban desaseadas, los piojos iban y venían por sus cabezas y sus vestidos eran viejos y remendados a más no poder. Iba a despedirse para regresar a su pueblo cuando la madre de las chicas lo llamó a hablar aparte. Fue ella quien le contó lo de Vergara y él, sin dudarlo, le ofreció dinero al padre para quedarse con las chicas. En ese momento pensó que iba a ser terrible para las chicas ser separadas de su familia, pero más terrible aún sería dejarlas en manos de Vergara. Su idea era llevarlas hasta Bogotá y dejarlas con su madre, pero cuando las vio bañadas, libres de piojos y vestidas con ropa nueva cambió de parecer y se las llevó a la Florida. A su madre le explicó que iba a educarlas y a conseguirles un mejor futuro, y nadie podría decir que incumplió su palabra. Lo que nunca dijo era cómo ellas debían pagar esa generosidad.

5. Final de partida
He dejado a Diego en su casa, todavía debe estar maldiciendo (en el fondo es envidia) a Peralta. Subo a un taxi sin poder sacarme a Miriam y Carol de la mente. Diego jura que había algo triste en ellas y no lo dudo pero no creo que esa tristeza se deba a su relación con Peralta; es algo más de fondo. Ya no son dos niñas campesinas perdidas en un remoto caserío, se trata de dos sofisticadas y bellas mujeres que han viajado por el mundo. Sin embargo deben sentirse más perdidas que nunca. Ellas no eligieron ni en una mínima parte ese destino, Peralta sabe bien donde lleva su yate pero ellas siempre estarán a la deriva. El es su dueño y me confesó que en más de una ocasión ha querido darles la libertad para que conozcan a otros hombres y se enamoren. Siente que se han ganado el derecho a tener una vida lejos de él; incluso les ha prometido apoyarlas mientras se establecen por su cuenta y enseguida ellas han entrado en pánico y de rodillas le han rogado que las deje seguir allí. Y le creo, para ellas él es el único madero al que pueden aferrarse en aquel constante naufragio que tienen por vida. Seguro piensan en la otra posibilidad, lo que pudieron haber sido en manos de Vergara, los hijos bastardos que habrían destruido sus cuerpos y amargado sus almas y entonces deben temblar y dar gracias a todos los santos por Peralta. Pero también debe haber momentos en que lo odian, en que sienten que él les robó la niñez y tantas ensoñaciones a las que tenían derecho y que ignoraban hasta que los profesores y los libros les enseñaron a razonar, a separarse de los mamíferos, a tener un espíritu capaz de soñar sin pedir permiso a Dios. Miriam, a espaldas de Peralta, me contó que quiere ser modelo, ganar dinero y regresar algún día por su madre. También me dijo que Carol quiere estudiar medicina pero que, a diferencia suya, no piensa regresar jamás al caserío. Y quizá lo hagan, quizá logren vencer la dependencia de Peralta y lanzarse a cumplir sus sueños. Supongo que por eso invité a Cesare a conocer el caserío (que, por desgracia, no ha cambiado mucho) y escribí esta crónica. Recuerdo que el yate estaba lleno de revistas como ésta, a ellas les gusta leerlas y Peralta las complace. No sería descabellado imaginar que leen estas líneas y se enteran cuando deseo que dejen el yate y sigan por su cuenta y riesgo, cuanto deseo que Miriam ya no necesite hacer preguntas (y menos a idiotas como yo) para saber cómo se siente un beso de verdad.

posted by Mori Ponsowy at 8:40 a.m.

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Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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