
Por Mori Ponsowy
El mago saca un conejo de la galera, traga una espada, serrucha una mujer en dos, hace desaparecer un elefante en nuestras narices. Matías no se sorprende: sus manos, mi pelo, los zapatos rojos de la niña delante nuestro, le interesan más.
En el zoológico, en vez de mirar los tigres, contempla las plantas. Los gorros de los chicos grandes lo hipnotizan. Simples nubes, la blancura de una pared, el ir y venir constante de los dedos de sus pies— ¿Qué hay ahí?
No me lo dice: sus ojos en mis labios forcejean por gobernar sonidos. Le lleva semanas enteras (nada por aquí, nada por allá) pero, finalmente, da con el conjuro exacto, "ma-ma-ma-ma", y ahí estoy para él. Ahí estaré
mucho después, cuando pierdan encanto las palabras y, aburrido de proezas, el brujo me deje de llamar. ¿Será más fácil entonces, libre una vez más, cuidar sólo de mí? ¿Qué lazo, además de un instinto deslucido, llenará el vacío entre nosotros?
¿Seremos capaces de admirar de nuevo un hormiguero, de remontar un barrilete juntos, de reunirnos en silencio una tarde invernal?
(del libro "Enemigos Afuera" a la venta en Librería del Mármol - crédito de foto: Gus Nielsen) |