Goma de borrar
 
viernes, septiembre 29, 2006
Late Fragment

By Raymond Carver

And did you get what
you wanted from this life, even so?
I did.
And what did you want?
To call myself beloved, to feel myself
beloved on the earth.

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jueves, septiembre 28, 2006
FRAGMENTO TARDÍO

por Raymond Carver

¿Y conseguiste lo que querías
de esta vida, a pesar de todo?
Sí.
¿Y qué querías?
Sentirme amado, sentirme
amado sobre la tierra.

(del libro "All of us", traducción de M.P.)

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miércoles, septiembre 27, 2006
OJO DE POETA


"Hací­a muchísimo que no escribí­a poesí­a. El otro día Déivid me regaló una planta que se llama ojo de poeta. Me explicó que era una planta-musa. La puse sobre la compu (al dí­a siguiente la pasé a otro lugar mejor, donde recibe sol y se la puede regar sin peligro) y esa noche escribí­ el poema. De modo que, inspirado por una planta, el poema no podía sino tratarse de una sí­lfide convertida en laurel. La planta, por su parte, está bien y ya dio dos flores anaranjadas... (¡Horror! ¡Me estoy convirtiendo en una de esas poetas viejas a lo Juanele que te hablan durante horas de las plantitas de la casa y boludeces así­!!!)"

De un viejo mail de Beatrice.

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martes, septiembre 26, 2006
Eros y Psique, toma 5

por Beatriz Vignoli

a Luis V.

El Irlandés se encierra con la modelo en una habitación casi completamente a oscuras; apunta la luz dicroica sobre ella, contempla el mínimo parche de luz que flota en la tiniebla, calibra el objetivo, hace foco, dispara. Repite el rito una y otra vez. Y revela las placas. Después visita al Hombre Topo en su cueva y le muestra las fotos.
­-¿Eso es todo? ¿Por qué tan oscuras?
-He visto demasiado. Soy católico.
-Ya sé, ya me dijiste.
-En vez ustedes: ?No te harás imagen alguna de lo que repta en la tierra, de lo que nada en el agua, de lo que vuela en el aire...?.
-Fuimos condenados -refuta el Hombre Topo- a representar solamente lo que no existe. Dibujábamos dragones en los márgenes: reptan y vuelan, pero no por este mundo.
-Qué astutos.
-¿Astutos? Padecimos el mundo sin espejos, la angustia de lo que se convertirá en cenizas sin haber sido nunca registrado. Y tener que cargar en la memoria con cada comisura, cada párpado...
-La fotografía los salvó. Es ella la que hace las imágenes.
-¡Copias al infinito! ¡El horror de los espejos!
-Y uno espera la próxima copia, y se le va la vida en esperar.
El Hombre Topo cavila.
-El novio de mi hermana tenía auto -dice-. Mi padre le dijo un día a mi hermana: no te subirás nunca más a ese auto.
-¿Y?
-Y su novio cambió el auto.
-Ja, ja.
-No me entra en la cabeza que alguien quiera ser ciego-dice-. Yo lo único que temo es que me vean.
Al Hombre Topo se le ha transformado el vello del dorso de las manos en cerdas duras, marrones. Sus uñas ya son garfios. Hace varios días que ya no escribe. ?Más que topo, parece un cuis, o un carpincho?, piensa el Irlandés. Por cortesía, calla.
-Soy único. Soy un monstruo -suspira el Hombre Topo.
-Y yo fui concebido por azar. Estoy; pude no estar.
-Si hubieras sido amado, tampoco podrías soportarlo.
-Temo que no -responde el Irlandés.
-Es muy linda esa chica. ¿Por qué la escondés entre las sombras?
-Psique fue condenada a copular en la oscuridad; le habían vaticinado que se la iba a coger un monstruo. Cuando por fin se animó a prender el velador, ¿adiviná con quien estaba?
-¿Con quién?
-Con el más bello de todos los dioses.
-Pucha, qué suerte.
-Alguna gente tiene toda la suerte.
-¿Y qué hay de malo en eso? -pregunta el Hombre Topo, riendo.

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lunes, septiembre 25, 2006
EL NIÑO

Por Marie Howe

Mi hermano mayor va por la vereda, adentrándose en la noche de los suburbios;
remera blanca, jean --hacia el baldío al final de la calle.

Los chicos lo llamaban Hangers Hideout, un lote abandonado, una cancha
cubierta de maleza, muebles viejos tirados aquí y allá,

perchas de metal tintineando en los árboles como campanas de viento.
Se va de casa porque nuestro padre quiere cortarle el pelo.

Dentro de dos días me convencerá de que lo busque --tú sabes
dónde está-- y le hable: Sin reprimendas. Lo prometió. Me acompañará

una pequeña fila de chicos en piyama, sus voces como las primeras ranas de primavera.
Y mi hermano caminará a casa delante nuestro, y mi padre

le afeitará toda la cabeza, y mi hermano no le hablará a nadie
por un mes, ni una palabra, ni pásame la sal, nada.

Lo que pasó en casa les enseñó a mis hermanos a irse, a caminar
por las veredas sin mirar atrás.

Yo era la niña. Lo que pasó me enseñó a seguirlo, quienquiera que fuese,
pronunciando su nombre una y otra vez.

(Del libro "Lo que hacen los vivos", traducción de M.P., Editorial Luna Nueva, Caracas 2004)

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viernes, septiembre 22, 2006
TURISTAS EN VENECIA



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jueves, septiembre 21, 2006
LA MUERTE DEL RONCADOR

Mini cuento inédito por Diego Golombek

La mato. Juro que esta vez la mato. Ya intenté todo: darle vueltas, soplarle las ventanitas de la nariz, mezclarle sedantes en el té, hablarle al oído. Todo es inútil: ella duerme y tiemblan los cimientos, se mete un rinoceronte en celo en la cama, hasta creo que los vecinos estarán pensando en llamar a los bomberos por el terremoto que escuchan. Alguna vez traeré un cirujano, de noche, para que la opere, que le saque la nariz si es preciso, o toda la cabeza si viene la caso, que la congelen hasta que encuentren una cura. Me han contado que una cura infalible es, cuando comienza, meterle dos deditos en el culo y apretar suavemente, pero no me atrevo. El caso es que son años, años de casados y años de sufrimiento sensorial, despierto estresado, amargado, inútil para todo servicio. Y ella como si tal cosa, un angelito sonriente.
Pero esta vez se acabó. Todo tiene un límite: ante el primer sonido, ante la menor indicación de que el jabalí ha llegado a nuestro lecho, le hundo la almohada hasta acabar con todos; el rinoceronte, el terremoto, el jabalí. Ya la intuyo, conozco esas narices y esas gargantas como un apéndice de mi cuerpo; como le cambia la respiración hasta que de pronto King Kong entra en éxtasis roncador y acaba con todas las plagas de Egipto. Lo sé, está por comenzar como todas las veces y no podré dormir ni pensar. Esta es la noche: la escucho, tomo entre mis manos el arma asesina y pacificadora y me dispongo a aplastar a mi enemigo, justo cuando ella me despierta y me sacude suavemente diciendo que no la dejo dormir con tanto ruido.

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martes, septiembre 19, 2006
2º Foro de Mujeres que Trascienden

Martes, 19 de septiembre. En la Universidad Siglo XXI, Córdoba.
A total Beneficio de CONIN (Cooperadora para la Nutrición Infantil)

Programa

14.30 hs. Palabras de bienvenida a cargo de Cristina Martorelli

15.00 hs. Sonia Cava Dal: Mujer y Maternidad. La lucha por el respeto a un parto digno.
Moderado por Silvia Aguirre, psicóloga sexóloga.

16.00 hs. Carolina Peleritti y Eugenia Tobal: ¡MUJERES QUE PISAN FUERTE!
Son actrices, son famosas, son modernas... Testimonios de vida de dos mujeres que pisan fuerte.
Moderado por María Eugenia Pascuali y Rebecca Bortoletto

17.30 hs. Mori Ponsowy: No somos perfectas: somos súper héroes
La periodista y escritora nos habla de su libro "No somos perfectas".
Moderado por Rebecca Bortoletto y Beatriz Molinari

18.30 hs. Cristina Bajo: La mujer y el amor en la Historia de Córdoba
Relatos sobre mujeres que dejaron huella en la historia de Córdoba.
Moderado por Beatriz Molinari

19.00 hs. Juan Pablo Geretto: LA MUJER Y LA RISA : ¡A REIR!
El actor y sus personajes: Ana María y su perro Apolo.

20.00 hs. Cierre con la participación especial de la cantante y actriz Natalia Kohan.

Más info AQUí.

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lunes, septiembre 18, 2006
La lengua de las islas

Poemas inéditos de Cristina Piña

I
Se introduce en el lenguaje ajeno
como un cuerpo que se arroja al mar:
agua sin remanso ni piedad para el ahogado
que, con gesto de impotencia,
lucha en la garganta del deseo.

II
Se prueba las palabras nuevas
como sortijas, pendientes
o cuentas de cristal:
alhajas de la voz,
adornos de un agua extranjera
en la que nunca
se podrá nadar.

IV
Caen las palabras
como cuentas de un collar:
corales las vocales,
oro batido o plata sin pulir
las consonantes.
En el fondo de la voz,
metales bajos,
materia radiactiva
para sellar la boca del ajeno
que se atreve a hablar.

VII
Busca el extranjero
el sonido nasal de las vocales,
las consonantes cayendo
como guijarros al sol,
la voz y su grano irremplazable.
Vano cortejo,
todo suena mal:
donde quiso decir ?mano?
se quiebra una flor
en la cresta de la lengua herida.

IX
Hablar el lenguaje de las islas
es nadar hacia atrás,
pegar el salto a un futuro anterior:
colgarse pendientes de la boca,
collares de la palma de la voz,
incendiarse en un fuego incesante.

Estos poemas son un adelanto del libro, "Pasajera en tránsito" (Ed. El Copista), que será presentado mañana en Espacio Prometeo (Malabia 1720 - Local 5) a las 19:00 horas.

posted by Mori Ponsowy at 9:32 a.m. 0 comments

viernes, septiembre 15, 2006
Animales nocturnos

Por Beatriz Vignoli

-¿Estás bien? -preguntó el Irlandés mientras hacía esfuerzos desesperados por limpiar la cerveza que acababa de volcársele.
-No te asustes, ya es mi cara así -contestó el Hombre Topo desde el otro extremo de la mesa cuadrada del café.
A esa hora, el lugar, que a mediados del siglo había sido una de las confiterías tradicionales de Buenos Aires, estaba casi vacío. Afuera, más oscura que la noche, estaba la avenida inmensa. La surcaban como balas trazantes autos zombis, que desaparecían aullando en las tinieblas.
El Irlandés observó la cara barbuda del Hombre Topo. Notó que sus ojos estaban más pequeños y opacos que antes, más oscuros y espesos que cuando todavía trabajaba con él en el diario. "¿Le quedará alma?" se preguntó el Irlandés mientras arrastraba por sobre la madera aún húmeda, empujándolo despacio hacia el otro extremo de la mesa, y deteniéndolo aproximadamente en la mitad, el grueso sobre manila que el Hombre Topo había estado aguardando con ansiedad casi insomne durante las últimas dos semanas.
-Gracias, gracias -musitó el Hombre Topo sin levantar la vista del sobre, en el que alcanzó a leer el nombre completo del Irlandés, innecesariamente tachado con un solo trazo de birome, y su propio nombre escrito apresuradamente con la misma birome, como queriendo compensar el canje de autorías que ahora, con la complicidad de ambos, se daba en la página cultural del diario. No era milagroso que siguera escribiendo: era lo que le permitía respirar.
-Espero que no te ofendas -dijo el Irlandés.
-Soy el Hombre Topo -dijo el Hombre Topo.-No podría ofenderme.
Su garra derecha vacilaba entre guardar el sobre cerrado, o abrirlo primero, para contar su contenido ni bien el Irlandés fuese al baño. Temía ofender al Irlandés si contaba el dinero delante de él. Hubiera preferido que todo fuese legal, y usar un banco.
-Mejor así, mejor así... -canturreó El Irlandés, y sus parpadeantes ojos grises se enrojecieron. Luego gruño en un castellano casi ininteligible:- Sos el tema central de todas mis confesiones últimamente, por si te sirve de algo saberlo.
-¿Confesiones? -se alarmó el Hombre Topo.
-Soy católico -explicó El Irlandés, ruborizándose. Luego se echó hacia atrás en su silla y sacó del bolsillo delantero de su pantalón un pañuelo arrugado, a cuadritos, que tenía unas manchas color herrumbre. Con eso se limpió la espuma de cerveza volcada que le quedaba en los dedos. El Hombre Topo apartó la vista de la mano rojiza de El Irlandés que volvía a guardar esa cosa amorfa y mojada adentro de su bolsillo; miró alrededor, tratando de percibir el ambiente, pero también le resultaba repulsivo. Para su gusto, era demasiado indigesto el contraste entre la contemporaneidad de la escasa clientela y lo decadente del entorno, con su mezcla de plantas colgantes artificiales taiwanesas y detalles de decoración que fueran audazmente modernos en la época de la orquesta de Ray Conniff: un acolchado de cuerina marrón sostenido por tachuelas de bronce a lo largo de todo el balcón del entrepiso, o una mampara de acrílico anaranjado calada en alegres círculos de diferentes medidas, relegada por la última remodelación al lugar más cercano a la cocina.
Cuando descubría esos detalles, al Hombre Topo lo invadía un modo particular de la nostalgia del siglo pasado: no podía evitar tratar de imaginarse qué clase de gente, cuánto tiempo atrás, los hubiera celebrado como novedades. Existía una relación inversamente proporcional entre lo eufórico del detalle y la tristeza que a él le producía. Un mapamundi multicolor, construido con trocitos de vidrio e iluminado desde atrás por lámparas invisibles, podía sumirlo en una amargura insondable. Comprendía entonces el Hombre Topo que todos los habitantes actuales de la ciudad usurpaban, sin saberlo, un espacio saqueado, hecho de ruinas de templos construidos por una civilización anterior, para la cual todo esto tenía sentido y además había sido divertidísimo. Desolado, el Hombre Topo se preguntaba qué clase de catástrofe podía haber aniquilado a aquellos seres felices, dispersando a los sobrevivientes en una diáspora sin retorno; creía saberlo, pero estaba acostumbrado a no hablar de eso. Y justo cuando había empezado a hablar, sobrevino este otro silencio, más espantoso aún.
-Soy un desastre sirviendo -dijo El Irlandés, mientras hacía desaparecer las últimas pruebas materiales de lo que acababa de afirmar.
Tarde para ayudarlo, llegó un mozo de casaca verde. El Irlandés le pidió más servilletas.
Casi como en un acto reflejo, el Hombre Topo cubrió los datos garrapateados en el sobre con su garra derecha, que todavía escribía, pero que de tan oscura y nudosa empezaba ya a parecerse a una raíz. Al descorrerla, leyó con la vista la dirección del diario. Le dolió el corazón al recordar que, no hacía mucho, él había dado esa dirección como propia. Por eso no le molestaba recibir del Irlandés un sobre reciclado. Era una de las cosas que él más extrañaba de la oficina de redacción del diario. Después de hora, cuando ya se habían ido todos los compañeros menos el Irlandés y él, el Hombre Topo revolvía la basura de los escritorios ajenos en busca de sobres de algún papel que sirviera para dibujar, mientras el Irlandés le leía los juegos de palabras, los retruécanos y los anagramas que sólo él descubría hojeando los cables. Después, a veces, salían a beber. El Hombre Topo evocaba esos modestos placeres de medianoche al recuperar juntos a El Irlandés y a un sobre manila usado. -Es como si a un exiliado le llevaras dulce de leche -trató de explicar.
-Vos no sabés todavía lo que es estar exiliado- contestó el Irlandés con repentina frialdad.
Al fin, el Hombre Topo optó por guardarse el sobre en un bolsillo interno de su parka y subir el cierre relámpago hasta arriba, ocultando de la vista de El Irlandés la desagradable línea vertical de mugre que subía por un borde de su interior anaranjado. Supuso que podría abrir el sobre en el baño, antes de despedirse de El Irlandés; podía pedirle cuentas si algo faltaba, y, si todo estaba bien, no habría ostentado ninguna desconfianza.
Después estaba el otro peligro, el de los robos y asesinatos; pero no arredraban al Hombre Topo, cuyo aspecto ya asustaba a los maleantes.
-Creo que estoy perdiendo todo rasgo humano -declaró, súbitamente trágico, mesándose, con uñas sucias de tierra, el copete entrecano de crenchas que le había crecido en medio de la cabeza y se inclinaba hacia atrás.
-Pero en serio, che, ¿estás bien? ¿Tenés espejo donde afeitarte?
-Por mí no te preocupes. Ya soy una especie de animal kafkiano.
-Ya veo, ya veo: un Gregorio Samsa de las pampas. Se transforma primero en mulita, después en charango...
-¡Mitad tronco, mitad animal! -bromeó el Hombre Topo. Rieron.
El Irlandés sirvió más cerveza.
-Te vendría bien una mujer -dijo.
-¿Una qué? -preguntó, en broma, el Hombre Topo.

posted by Mori Ponsowy at 8:51 a.m. 0 comments

jueves, septiembre 14, 2006
VENEZIA / STOP MOTION






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miércoles, septiembre 13, 2006
Mujeres reflexivas

En lenguaje bastante más críptico que el del propio libro, aquí la reseña que publicó Radar el domingo sobre "No somos perfectas". También salió una notita en la revista de La Nación, pero esa no está disponbible en línea.

posted by Mori Ponsowy at 9:25 a.m. 0 comments

martes, septiembre 12, 2006
EL HOMBRE QUE REESCRIBÍA A CARVER

Desde hace varios años circula un rumor a propósito de Carver: que sus memorables cuentos no los escribió él. Mejor dicho, sí los escribía, pero su editor los corregía tanto que los convertía en otra cosa. En esa cosa que conocemos hoy y que viene conmoviéndonos cada vez que la leemos. Alessandro Baricco fue hasta la Lily Library, en Bloomington, donde se conservan los manuscritos de Carver, para ver qué había de cierto en estos rumores. AQUí lo que escribió sobre este tema. La nota bien podría llamarse "La importancia de un buen editor".

(Gracias a Alejandro Parisi por el link.)

posted by Mori Ponsowy at 8:46 a.m. 0 comments

lunes, septiembre 11, 2006
Otro inédito de Patricia Suárez

si de discutir se trataba,
lo hacíamos sobre la trascendencia del arte;
me ponía seria, fruncía mucho los ojos,
-en el fondo pensaba que bien
podían venir mañana los marcianos
y encontrar solo un folleto turístico:
un lago cálido en la helada suecia
y creer que esa era toda
la literatura humana en existencia-;
yo no quería morir
y él quería la fama:
eran dos cosas muy diferentes que no conjugaban;
me gustaba salir con él,
tomábamos cerveza en pubs y bodegones,
él mencionaba autores extranjeros:
walt whitman le servía de ejemplo para casi todo
y yo no sabía a qué se debía
-a veces pensaba que era el único poeta
al que de verdad había leído-;
tenía el síndrome del genio,
vivía entre nubes
y yo entre deudas acumuladas
y facturas vencidas, una hija a mi cargo,
dos matrimonios rotos
y heridas que no cerraban;
pero con él tomaba estas cervezas
-y a veces de la buena, negra e irlandesa-
y me extraviaba mirando su piel, su boca, sus ojos,
preguntándome por qué no nos besábamos a cada rato,
como hacen los chicos,
y qué cosa hacíamos en el bar a fin de cuentas
en lugar de pasárnoslo en la cama;
se precisan de cuatro abrazos diarios para sobrevivir,
según la así llamada terapia de los abrazos,
y nosotros estábamos exangües, pálidos:
no nos dábamos ninguno y no,
no la practicábamos.

posted by Mori Ponsowy at 9:17 a.m. 0 comments

viernes, septiembre 08, 2006
Patricia Suárez

No sé cómo lo hace, pero Patricia Suárez parece escribir hasta dormida. Ya sabía que era cuentista, novelista, dramaturga, articulista y, además, mamá -de las que no tienen ayuda- de una nena chiquita. (¡Se la lleva a los congresos de literatura!!!) Ahora me entero de que, por si todo eso fuera poco, Patricia también escribe poesía. A continuación, uno de sus poemas inéditos. La semana que viene, otros más. Un prodigio, esta mujer.


al final no sé si la ll
quedó como letra en el alfabeto;
sé que a la ch la removieron,
ni siquiera figura en un aparte
en los diccionarios;
me acuerdo cuando era niña
se hablaba también de la rr
como de una letra con vida propia;
espero que haya quedado la ñ,
no sé qué haríamos sin ella,
cómo nos las arreglaríamos;
porque mientras la Real Academia
discutía y se ocupaba de estas cosas,
yo atendía el hijo que me había nacido,
su alimentación, y cambiaba sus pañales
unas ocho veces por día,
las pequeñas tareas domésticas
consumen mucho el tiempo,
y de pronto una nota que tiene
metido en la lengua el sonido,
el fonema, pero no sabe ya
si sigue teniendo una existencia.
Como si hablaran de una prima lejana
que quedó viviendo en el pueblo.
¿Está allí todavía?
¿Se ha casado?
¿Qué ha sido entonces de Ernestina?
Pero el bebé berrea y al punto
hay que hacer algo,
queda para otro día
la meditación y el espíritu.

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jueves, septiembre 07, 2006
VIDRIERAS DE ROMA / DIESEL



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miércoles, septiembre 06, 2006
YA SALIÓ

"El rey de los centauros", la novela de Inés, acaba de salir y ya se consigue en las librerías.
Cuenta la historia de Julia Báez y Teo Filippis. Ella recibe el encargo de escribir la vida de él, un ex polista y eterno Don Juan que se quedó paralítico después de un accidente. Él le cuenta su vida, ella la escribe, ella ve cosas que él no vio nunca.
Una historia que indaga en el misterio de los vínculos, en los motivos que nos unen y nos separan, en los raros caminos que sigue el corazón. Y una crítica indirecta a la frivolidad y las mentiras de una clase social marcada por el deber ser.
¡Larga vida a este libro, I! Que tengas buenas críticas, y muchas ventas.

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martes, septiembre 05, 2006
Exodus (Movement of Jah people!)

Por Alejandro Parisi

- Mamá, ahí vuelve la lancha -dijo la niña a su madre.
Estaban de pie en la orilla, y la niña tenía la mano extendida sobre la frente para poder mirar sin que el sol le hiriera la vista. Con la otra mano estiraba el elástico del traje de baño rosa que le apretaba la entrepierna, cubierta de arena y sal.
- Seguro que han pescado algo -dijo el niño que había estado jugando con ella hasta que divisaron la lancha enfilando en dirección a la costa.
Los demás bañistas también se habían arrimado a la orilla, algunos incluso se habían lanzado al mar y nadaban frenéticamente para ser los primeros en descubrir el botín de los pescadores.
- Deben traer un tiburón -dijo la niña.
- Acá no hay tiburones -refutó la madre.
- Mi abuelo una vez pescó un pez espada -dijo el niño.
- A mí no me gusta el pescado -dijo la niña.
La lancha se aproximaba, pasando por en medio de los aventureros que habían salido a su encuentro con el agua hasta la cintura. Todos pudieron ver que además de los dos pescadores que habían partido minutos antes, en la lancha ahora también había otros tres hombres.
En ese momento una camioneta de la Cruz Roja y otra de la Policía atravesaron la playa y se detuvieron junto a la orilla. Bajaron hombres y mujeres vestidos con uniformes blancos y azules. Sudaban, y se los veía bastante molestos por haber tenido que dejar el aire acondicionado de los vehículos.
Los policías se ocuparon de alejar a los curiosos, los de la Cruz Roja, en cambio, se acercaron para esperar a la lancha. Los pescadores apagaron el motor, y durante algunos segundos la lancha continuó acercándose con el impulso desganado de la inercia. Al fin, el más joven de los dos pescadores se lanzó al agua con el cabo de la soga en una mano y comenzó a tirar de él hasta que la lancha se detuvo en la arena.
Entonces los de uniforme blanco ayudaron a desembarcar a los tres hombres, que parecían tan cansados, como si hubieran nadado o corrido miles de kilómetros. A pesar del calor del mediodía, no dejaban de temblar.
Poco a poco, los bañistas perdieron interés y regresaron a sus reposersas, a sus mantas tendidas sobre la arena y a las olas del mar.
Sólo los dos niños continuaban viendo a los tres hombres delgados que bebían con avidez el agua de las botellas que les alcanzaban los de la Cruz Roja.
- ¿Quiénes son? -quiso saber la niña.
- Inmigrantes -contestó su madre.
- ¿Como nosotros? -preguntó la niña, confundida.
- Sí ? murmuró su madre.
- ¿Y por qué ellos no vinieron en avión?
- No sé? -contestó su madre.
- ¿Vosotras también habéis venido de África? -preguntó el niño que aún permanecía junto a ellas.
- ¡No! dijeron la madre y la niña a dúo.
Luego, los niños se arrodillaron para recomponer el castillo de arena que los demás habían pisoteado al acercarse a la lancha.
- Mira, vuelven a pescar le dijo el niño a su compañera, señalando la lancha que se adentraba en el mar.
- Seguro que ahora pescan tiburones dijo la niña mientras que, detrás de ellos, las dos camionetas se alejaban para conducir a los tres hombres hasta los aviones que una vez más los llevarían de regreso a África.

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil, el domingo 13 de agosto de 2006).

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lunes, septiembre 04, 2006
YA NO CANTAN LOS PECES

Por Mori Ponsowy

Llora, reclama, se retuerce,
el cansancio espanta el sueño
y todo vuelve a comenzar.

No hay canción de cuna que baste:
imploro silencio, pero recuerdo tras recuerdo?
los cisnes de Praga, el pacto de sangre
que firmamos en latín, promesas
susurradas en un garaje a medianoche
sin otro testigo que la embriaguez?

Zurcí tus medias, di a luz a tu hijo.
Y todas las tardes, a cien metros de casa,
me llamabas: ¡Camello! ¡Cameeeelloooo!

¿Quién te cuidó cuando le aullabas a la luna?
¿No nos escondimos de madrugada
sabiendo que Dios esperaba por nosotros
tras la puerta? Ahora usas reloj y medias
del mismo color, pero ¿dónde está Él?

¿Dónde estoy yo, si he perdido el dolor
que producen los milagros, justo ahí, en el centro
del estómago? ¿Acaso he cesado de buscar
una melodía que me lleve a la mujer que fui
cuando un mismo nombre nos bastaba?

Vuelvo a escribir la canción que perdimos--
y aunque conservo la obligación de la plegaria,
la responsabilidad de la magia que aprendí de ti,
el mundo no escapa más bajo mis pies?
Los peces ya no cantan con sus bocas llenas de sol.

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viernes, septiembre 01, 2006
HAGAN CLIC TODOS LOS DÍAS, POR LOS CHICOS

En la columnita derecha del blog hay un banner que dice POR LOS CHICOS. ¿Qué es? Una Asociación Civil Sin Fines de Lucro, sin afiliación política ni religiosa, que desde el año 2001 trabaja para combatir el hambre de los chicos carenciados en Argentina. Cada vez que alguien entra a la página de POR LOS CHICOS, algunas empresas donan comida. Oh tú, lector de Goma de Borrar: acuérdate de hacer CLIC en ese iconito, cada vez que entras al blog, y así también podrás ayudar.

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About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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  • "Me casé con un comunista" de Philip Roth
  • "Pastoral Americana" de Philip Roth
  • "Sábado" de Ian McEwan
  • "Kafka en la orilla" de Haruki Murakami
  • "La Mancha Humana" de Philip Roth
  • "Alta Fidelidad" de Nick Hornby
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  • "Cómo ser buenos" de Nick Hornby
  • "Matadero Cinco" de Kurt Vonnegut
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  • "Las cosas que llevaban" de Tim O´Brien

Pelis

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  • "Blue Valentine" de Derek Cianfrance
  • "Singin in the Rain" de Gene Kelley y Stanley Doney
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  • "La teta asustada" de Claudia Llosa
  • "Slumdog Millionaire" de Danny Boyle
  • "Caramel" de Nadine Labaki
  • "Paranoid Park" de Gus Van Sant
  • "Sin lugar para los débiles" de los hermanos Cohen
  • "El arco" de Kim Ki-duk
  • "Volver" de Almodóvar
  • "Nadie sabe" de Hirokazu Kore-eda
  • "De latir el corazón se me paró" de Jacques Audiard
  • "Caché" de Haneke
  • "La promesa" de Jean-Pierre y Luc Dardenne
  • "El niño" de Jean-Pierre y Luc Dardenne
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