Goma de borrar
 
jueves, noviembre 30, 2006
GOMA DE BORRAR

I.

Si no me llamas hoy te borro
con mi nueva goma de borrar.
Te borro de mi vida.
Como si nunca hubieras estado.
La página otra vez en blanco,
lista para cualquier nuevo garabato.
Pero nunca más para ti.
Después no digas
que no te lo advertí.

II.

Si estuvieras te golpearía
con rabia, te arañaría,
te pegaría, te patearía,
intentarías detenerme,
sujetarías mis brazos,
mi cuerpo, mi cintura,
acercarías tus labios,
lucharíamos sin saber
si tu cuerpo es tuyo,
el mío mío o tuyo,
y el tuyo nada más
que mío.

III.

Pero no estás,
de ti sólo me queda
tu ausencia,
que no puedo borrar,
que golpeo y no responde.
Tu ausencia.

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miércoles, noviembre 29, 2006
VENTANAS DE SIENA / I




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martes, noviembre 28, 2006
TOM CRUISE, TONY BLAIR, SHAKIRA Y PENÉLOPE CRUZ

No sé si es por la nueva versión Beta de Blogger o si será porque la gente del Shiny Stat de pronto se puso más generosa con la versión gratis, pero la cosa es que ahora si uno se fija en los "Referrers", no sólo puede ver los países desde los cuales es visitado un blog, sino también los sitios de internet desde los que llegan las visitas y, también, las palabras por las que la gente llega. Esto último se llama "Searched keyword" y muestra de qué manera alguien llegó al blog a partir de una búsqueda en internet.

Tomemos como ejemplo este mismo blog. El 55% de la gente que llegó a partir de una búsqueda, lo hizo buscando las palabras goma de borrar, el 3% buscando funcionamiento de la goma de borrar, el 2% buscando mi nombre. Pero también hay gente que llegó buscando frases como:

pesebres en goma eva (1%),
carta vecino ruidoso (1%),
cinta satinada moire (1%),
foto de una niña entrevistando a un bombrero (1%),
mujer con cuca peluda en caracas (1%),
sitios en madrid donde se compren disfraces de halloween (1%)
eliminar las lombrices del culo (1%).

Ustedes se preguntarán qué tiene todo esto que ver con Tom Cruise, Tony Blair, Shakira o Penélope Cruz. Es que viendo las cosas que la gente busca y cuántas personas llegan al blog por equivocación, pensé que podría usar esos nombres para un experimento. ¿Cuántas visitas más tendremos hoy?

Si suben mucho, no habré descubierto la pólvora. Hace ya unos cuantos años que los publicistas descubrieron las ventajas de mostrar chicas desnudas para vender objetos tan disímiles como automóviles y aspiradoras.

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lunes, noviembre 27, 2006
Romina Doval y el tutú de Genonceaux

Romina se enteró de la existencia de "El tutú" cuando estaba haciendo un posgrado en la Université du Maine. Había un profesor que daba un curso sobre poesía del siglo XIX que, al hablar sobre Lautréamont, mencionó que su editor, Genonceaux, había escrito una novela que podía definirse como "un catálogo de todas las perversiones." La novela había sido editada en 1891 bajo el pseudónimo de Princesa Safo, pero jamás puesta a la venta.

Pasó el tiempo, y un día Romina se enteró de que la editorial Tristam había resucitado "El tutú". "Cuando lo tuve en mis manos y empecé a leerlo, no pude parar hasta el final. Fue algo así como un flechazo y me dije: Tengo que traducirlo." Se puso manos a la obra, lo tradujo completito y ahora anda buscando editor hispano para esta "joya perdida en los siglos".

Para leer un fragmento de esta rareza, basta hacer CLIC, acá.

La tapa de la edición francesa de 1991 muestra a unas siamesas con las que el protogonista se quiere acostar desde el primer momento en que las ve. El problema es que una lo acepta, pero la otra lo rechaza. Menudo lío.

Romina Doval nació en Buenos Aires a fines del año 1973. Es licenciada en Letras de la Universidad de Buenos Aires y continuó sus estudios en la Universidad de Maine, Francia. Obtuvo el Primer Premio Nacional por el libro de cuentos "Signo de los Tiempos" (Colihue) y el Primer Premio “Ciudad de Arena” de género fantástico. Tradujo y publicó "Mi hermano Arthur" de Isabelle Rimbaud, (Isla de la Luna). Sus cuentos y notas han sido publicado en diferentes revistas y antologías. Actualmente reside en París.

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viernes, noviembre 24, 2006
JOAQUÍN Y MATI



Se conocieron antes de saber leer y escribir. Cuando Joaquín tenía unos tres años, se escapaba de su casa, que queda a media cuadra de la nuestra, y nos venía a visitar. No alcanzaba el timbre, así que entraba por la ventana de la cocina. Yo podía estar trabajando en la compu, o saliendo del baño, y de pronto escuchaba su vocecita: Hola, Mori; vengo a jugar. Mati ya iba al cole, pero Joaquín no porque es unos años menor. Yo lo dejaba ir al cuarto de Mati y que jugara con sus juguetes hasta que Dolores, su mamá y mi amiga, llamaba preguntando si estaba acá.

Se hicieron amigos inseparables. Mati a veces es medio chinchudo y le cuesta perdonar. Pero al Joaco no le importa nada. Está por encima de cualquier discusión, de cualquier pelea, de los malentendidos. Siempre contento, con los pies bien plantados sobre la tierra, como un árbol seguro de su camino. Tranquio y feliz. Si se enojaban, a los diez minutos venía de vuelta, como si nada. Mati, ¿qúerés jugar?

Ahora hace unos meses que se fue con su familia a vivir a Estados Unidos. La cuadra no es la misma sin ellos. No tomo vino con Dolores, no vienen a pedir tomates o cebollas prestados, yo tampoco voy para allá. Mati lo extraña. Y yo también.

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jueves, noviembre 23, 2006
CAPÍTULO TRES

No sé quién se pone de peor humor cuando Enrique no va a trabajar, si Inmaculada o yo. Ella, al menos, no altera su ritmo habitual. Si sé que está de mal humor es sólo porque hace bastante más ruido que de costumbre y resopla más seguido. Como si la misma gripe que tumba a Enrique en la cama, a ella la llenara de energía. Sacude el trapo sobre los muebles con tanta fuerza que temo por los adornos y los cuadros. Yo, en cambio, no puedo pintar, no puedo leer, no puedo pensar. Vaya a donde vaya en la casa, tropiezo con él. Decido refugiarme en la cocina, con Inmaculada. Le pregunto si ya empezaron a arreglar su techo, pero ella sigue limpiando. Se demora tanto en contestarme que pienso que ha decidido ignorar mi pregunta.

-Discúlpeme, señora -dice al fin. -hoy no estoy de ánimo pa ponerme a hablá.

-Cualquiera puede engriparse, Macu. No hace falta que te pongas así.

-¿Acaso yo he dicho algo, señora? Lo único que quiero es trabajá.

Paso a su lado y ni me mira. Como si yo tuviera la culpa de que Enrique se enfermara. Me ve entrar en la cocina y sube el volumen del televisor.

-¡Así se habla, carajo!- dice cuando Eliéser Ancón repite una vez más que la única manera de acabar con la pobreza es redactando una nueva Constitución-. ¡Así es que se habla, compañero!

Espero que se calme para pedirle que lave una camisa de Enrique.

-¿Usté quiere que me pasme, señora? -dice. -Me lo tendría que haber dicho más temprano, ahora ya empecé a planchá.

Está convencida de que después de planchar no hay que bañarse, ni mojarse las manos, ni abrir el refrigerador. Cada tarde, cuando me dice, señora Susana, me voy a bañar, anuncia mi última oportunidad para pedirle que lave algo, pues justo después del baño comienza su sesión de planchado y ya no volverá a mojarse las manos hasta varias horas después, cuando llegue a su casa y el peligro de pasmo haya pasado.

-Entonces, por favor, acuérdate de lavarla mañana -digo.

-Me había olvidao de decirle que mañana no voy a venir porque tengo que llevá a Míster a que le pongan una vacuna.

-Está bien, Macu. No te preocupes -respondo. Como si se hubiera mostrado preocupada.

Lleno una batea con agua tibia para lavar la camisa yo. Después debería ponerme a pintar, pero sé que con Enrique metido en la casa, tampoco hoy podría empezar el cuadro prometido. Aunque quizá si él no estuviera, tampoco podría hacerlo. Últimamente, no hago más que buscar excusas para no pintar. He perdido la alegría del trabajo. Las ganas. Es como si la vida hubiera huido de mí. Todo está detenido. Como si alguien hubiera apretado el botón de pausa y yo estuviera hibernando durante una larga espera. ¿Qué hace falta para que todo vuelva a empezar?

Macu sigue planchando mientras yo lavo.

-Este mes los riales no me rindieron pa ná. Figúrese usté que ayer tuve que pagar el arreglo de la televisión que José echó a perdé y ahí se me fue lo último que me quedaba. Ahora no voy a poder empezá el techo hasta el mes que viene.

Más tarde, me encierro en mi estudio. Quizá logre trazar al menos unas líneas. Saco lápices y carboncillos, pero me acuerdo de las cartas y decido leer la última. De pronto, un ruido me hace levantar la vista. Enrique ha entrado sin que me diera cuenta. Está de pie al lado de la puerta, descalzo y sin afeitar. Su nuevo corte de pelo hace que las orejas se le vean enormes. Me apuro a doblar la carta. Él sonríe. Me pregunta si pude pintar algo hoy, pero yo prefiero hablar de otra cosa. Le digo que Inmaculada necesita un préstamo.

-¿Otro más? -pregunta-. ¿Ya terminó de pagar el último?

Sé que al fin dirá que sí, pero disfruta haciéndome hablar.

-Pagó una parte, pero si no arregla el techo ahora, antes de que empiecen las lluvias, se le va a inundar el rancho.

-¿Para qué tuvo tantos hijos? -dice.

-Debe ser que no sabe de planificación familiar.

-¡Todo el mundo sabe, Susana, por amor de Dios!

En eso tiene razón: Macu conoce la píldora, los condones, la té de cobre, y hasta los gels anticonceptivos.

-Euclides dice que hacerlo con condón es como comerse un caramelo con el papel -me dijo un día que le hablé del tema.

-¿Y por qué no tomas la píldora? -pregunté.

-Conmigo no funciona, señora Susana: la tomé cada vez que estuve con Euclides y ahí anda Míster vivito y coleando
.
-¡Hay que tomarla todos los días, Macu!

-¿Todos los días? ¿Usté sabe cuánto cuesta? ¡Nosotros no nos acostamos tos los días!

Enrique se acerca y me acaricia el pelo. Quiero que se vaya, pero él sigue hablando.

-¿Por qué no le escribe una carta a Ancón pidiéndole que le arregle el techo, así como en Navidad le pidió la pelota de fútbol para Míster?

Parece que está decidido a no hacérmela fácil esta vez. Miro por la ventana un ave que se posa sobre el tendido eléctrico y que no sabe nada de política. El cielo se está nublando. Alrededor de las macetas marchitas florece la herrumbre. Recuerdo que alguna vez sembré plantas con amor. El ave gira su cabeza ciento ochenta grados, se acicala las plumas de la espalda y levanta el vuelo.
-Ayer fue su cumpleaños -dice Enrique, al fin. Él no lo había olvidado como yo. -¿Por qué no le regalamos la plata?

Es un hombre bondadoso. No hay motivo para que su presencia me produzca esta desazón. ¿Cómo puede ser que después de haberlo amado tanto, la sola vista de sus orejas me resulte intolerable? Tal vez el verdadero amor no sea más que eso: saberse quedar aún después de que la pasión ha terminado.

A la tarde, le doy a Inmaculada el dinero en un sobre.

-Mi regalo será el cuadro -digo-. Esto es de parte de Enrique.

Ella lo guarda en su cartera sin abrirlo, como si estuviera cumpliendo con una obligación.

-Imagínese si yo no viniera a trabajá cada vez que tengo moco, señora Susana -dice-. Me va a perdoná: usté tan joven, yo no me explico qué hace con ese señó. Ni que tuviera mucho rial.

(De "Los colores de Inmaculada", Cáceres, 2006, y a la venta, en BAires, solamente en Fedro.)

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miércoles, noviembre 22, 2006
CAPÍTULO DOS

El martes, después de que Susana se va, Enrique se levanta de la cama, cierra con llave la puerta de la habitación, se desnuda y vuelve a acostarse. Las sábanas son suaves, mucho más que las que él usa en el sillón. Hunde el rostro en la almohada y respira el olor de ella. Se cubre hasta la cabeza con la cobija, cierra los ojos, busca el lugar donde el perfume y el sudor de Susana se sienten con más intensidad. Lleva la cuenta exacta de cuántos meses, cuántos días, cuántas horas han pasado desde la última vez que hicieron el amor. Aún así, vive simulando que todo está bien y que la vida que llevan es normal, pues está convencido de que desde el momento en que él le hable de sus sospechas, todo habrá terminado. Después, ya nada podría evitar que Susana se fuera. Una vez dichas, las palabras no pueden ser borradas. Por eso, incluso cuando dejó de dormir con ella en esa misma cama, lo propuso como algo natural. Le dijo que lo hacía para que los dos pudieran dormir mejor, porque a ella le molestaban sus ronquidos. Pero la verdad era que él ya no había podido seguir durmiendo a su lado, conteniendo su deseo y su dolor, sabiendo que una vez tras otra ella lo rechazaría.

Bajo las sábanas, se pregunta dónde estará ella en este momento. No cree en el taller de escultura al que dice ir todos los martes. Si fuera cierto, no regresaría con las manos tan limpias, las uñas tan pulidas y perfectas como cuando se va. La noche anterior él no había podido dormir. Hoy Susana se iría temprano, quién sabe a dónde, con quién. Enrique se había levantado varias veces de madrugada para ir a hablarle, para pedirle que fuera bondadosa, que tuviera piedad de él, que no siguiera haciéndolo sufrir de esa manera. Había logrado contenerse hasta casi las seis y, entonces, sabiendo que ya faltaban pocos minutos para que ella se levantara, la había ido a buscar. Para acariciarla, solamente, pare recordarle que la quería. Con la esperanza, tal vez, de que ese gesto suyo silencioso la hiciera cambiar de idea y quedarse en casa. Pero, una vez más, ella lo había apartado, se había ido a bañar, y él se había quedado solo en la cama, sintiéndose insignificante. Lo mismo le sucedía cada vez que ella clavaba en él sus ojos. Los mismos ojos que hace años lo habían mirado brillantes y llenos de esperanza, ahora lo miraban de una manera tan distante que hacían que algo dentro de él se encogiera. Poco a poco y con cada mirada de ella, Enrique sentía que se iba haciendo más pequeño. Si Susana seguía sin amarlo, un día él acabaría desapareciendo, convertido en nada, tragado por su desamor.

Nunca pensó que acabaría siendo un cornudo. Se lo habían dicho, más de una vez. Hasta la insolente de Inmaculada se lo había dicho antes de que se casaran: quien se acuesta con niños, amanece mojado. Él no lo había querido creer. Cuánto esfuerzo le lleva ahora aparentar que no sospecha nada, que no sufre, que todo está bien. Cuánto esfuerzo caminar erguido por la casa, sonreír durante las comidas, hablar de política, contar cosas sobre su trabajo como al pasar. Cuánto le cuesta contenerse para no hablarle a Susana de todo esto, para no contarle sus dudas, sus sospechas, el miedo inmenso que tiene de perderla. Durante años ella ha sido su mujer y su mejor amiga. Ahora, él ya no tiene en quién confiar. A veces quisiera decírselo todo para hacerle ver que no es el imbécil que ella cree que es. Pero piensa que, al final, su esfuerzo y su silencio habrán valido la pena: si ella tiene un amante, lo mejor es esperar a que se le pase el entusiasmo. Porque se le va a pasar, está seguro, ella no puede haber dejado de amarlo. Lo que sucede es que está confundida. Es joven y él ha sido su único amor. Era previsible que algún día ella se preguntaría si había hecho bien en casarse con él, si acaso no se habría perdido algo importante estando con el mismo hombre ?un hombre mayor- desde sus veinte años. Él puede entender todo esto y por eso prefiere no decir nada, que ella sola se dé cuenta de que nadie podrá entenderla como él, de que nadie podrá amarla como la ama él.

Ya no siente su perfume. Se destapa y voltea la almohada, pero también se ha esfumado de ahí. Entonces va al baño, levanta el pijama de Susana del piso y se lo acerca a la nariz. Está impregnado de su olor y esa presencia de ella hace que cada músculo del cuerpo de Enrique se contraiga dolorosamente. Vuelve a la cama y se cubre el rostro con el pijama. Es un pijama blanco, de algodón. A través de los ojos entrecerrados adivina las nubes celestes estampadas en la tela. Parece el pijama de una niña, pero es el de su mujer. La misma mujer que tal vez en este preciso momento esté desnudándose para otro hombre. ¿Cómo puede ser que ella, ahora fría y callada, sea la misma que antes moría de amor por él? Le parece imposible que Susana ya no lo quiera. ¿Acaso no tiene motivos suficientes para estarle agradecida? Gracias a él se había atrevido a dejar la medicina para dedicarse a la pintura. Gracias a él había descubierto que tenía talento y que podía vivir de su trabajo. Si ahora ya no logra pintar ninguna otra cosa más que esa puerta una y otra vez se debe, precisamente, a que no le conviene el hombre al que está viendo, quienquiera que sea. Si ella estuviera feliz, tendría que poder pintar. Quizá debería procurar hablarle sobre esto. No sobre sus sospechas, pero sí sobre su pintura. Al fin y al cabo, había sido eso lo que los había acercado. Hablarle con delicadeza para no espantarla. Encontrar el tono adecuado para romper su encierro. Sí, eso haría. Cuando ella regresara, la invitaría a cenar afuera. La esperaría bañado, con la camisa a rayas que ella le había regalado una Navidad y que tanto le gustaba. La llevaría a su restaurante preferido. A ella le haría bien hablar de su dificultad para pintar. Tener un amigo a quien contarle su falta de inspiración. El encanto de un nuevo amor es siempre pasajero. Lo que vale es la confianza, la intimidad. No puede dejar que también eso se pierda entre ellos. Qué importa que Susana no quiera acostarse con él, si logra mantenerla cerca. Ella lo necesita tanto como él a ella. Tiene que encontrar la manera de hacérselo notar. Sola, ¿a dónde iría a vivir? ¿Cómo podría mantenerse, ahora que nadie quiere sus cuadros?

Decide que hoy no va a ir a trabajar. Ni mañana tampoco. Llamará a la clínica diciendo que está resfriado. Tiene ganas de quedarse en casa. Quiere estar cuando Susana vuelva. Al principio, no les alcanzaba el tiempo para estar juntos, ella siempre le pedía más. Él debería empezar a hacer dieta, quizá. Hoy mismo se va a cortar el pelo. Se saca el pijama de arriba de la cara. Son las ocho. Hora de levantarse. Inmaculada debe estar por llegar y no conviene que lo encuentre ahí.

(De "Los colores de Inmaculada", a la venta en Fedro.)

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martes, noviembre 21, 2006
EL DETALLE QUE FALTABA

Dice Gus que no se entiende mi post de ayer, así que lo explico. Es el primer capítulo de "Los colores de Inmaculada", la novela mía que salió en España. Pienso colgar del blog por los menos tres capítulos. Mañana y pasado, seguro. Después veré si sigo subiendo más. Para quienes les gusten tanto tanto esos caps que la quieran comprar y leerla completa, lo pueden hacer aquí. Capisci?

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lunes, noviembre 20, 2006
UNO


Ya hace días que le prometí a Inmaculada un cuadro de ella con su loro. Pintarlo no debería ser difícil. Tengo una imagen clarísima de lo que quiero hacer: ella, sentada en una silla de metal demasiado pequeña para su cuerpo, sostiene el pájaro con la mano izquierda envuelta en una toalla y la mirada fija en el loro que, con las alas extendidas, parece querer zafarse, como si supiera lo que está a punto de sucederle. Al fondo, una gran olla de hojalata sobre el fuego lleva a confundir las intenciones de Inmaculada; pero finalmente el brillo de la tijera en su mano derecha, algunas plumas en el piso, y dos o tres en el aire, dejan adivinar el motivo del cuadro: Inmaculada va a cortarle un ala al pajarraco, para impedirle volar. El ave es de un verde bullanguero, con una mancha amarilla en la cabeza y la punta de la cola carmesí. Un auténtico loro real. Sus colores contrastan con el exceso de sombras del ambiente, porque la casa de Inmaculada, el rancho, como le dice ella sin vergüenza, apenas tiene una ventana.

Anoche, antes de dormirme, me propuse empezar el cuadro hoy. Dedicarle todas las horas que fueran necesarias. Olvidarme aunque sea por un día de la puerta que últimamente se me ha dado por pintar. La misma puerta cerrada, una y otra vez. La misma que Inmaculada critica porque no le parece un motivo digno para un cuadro.

-¿Y usté no se cansa de pintá siempre la misma cosa? -dijo.

-Sí, Macu, pero no lo puedo evitar.

-Lo que no se puede evitá es la muerte, o nacé pobre. Pero que usté me diga que no pué pintá otra cosa que no sea esa puerta es como si yo le dijera que de ahora en adelante no puedo cociná más que arroz blanco.

Preferí cambiar de tema.

-Hablando de arroz, ¿qué te parece si hoy preparas arroz con pollo?

-Usté me va a perdoná, señora, pero hace diez años que trabajo aquí y hasta ahora siempre me había dado libre el día de mi cumpleaños. Hoy vine pa cumplí, pero a las doce en punto me voy. Tiempo para arroz con pollo no hay.

Me empezó a decir "señora" el día que me casé. Le he pedido mil veces que no lo haga, pero ella insiste. Debe ser su manera de recordarme su desacuerdo con el marido que elegí.

-Macu, discúlpame. ¿Cómo pude olvidarme de tu cumpleaños?

-Si ni sabe el año en el que vive, cómo no se va a olvidá: to el tiempo encerrada pintando esas tonterías.

-¿Qué te gustaría que te regalara?

-Podría pintarme algo padorná las parés del rancho, ahora que le voy a poné un techo bueno. Pero eso sí, señora Susana, déjeme decirle algo: a mí no me vaya a regalá una de esas puertas que se le ha dao por pintá. Hágame unas flores, o un campo de los que sabía dibujá hace años, como esos del almanaque que su mamá tenía en la cocina, que esas son las cosas que nos gustan a nosotros pa la paré, y no éstas que tienen ustés que uno las mira y parece que estuviera mareao.

-¿Qué te parece si te pinto con tu loro?

-¿Con Wiliam? ¿Usté cree que va a podé? Yo pensé que se le había olvidao cómo pintá.

-Eso no se olvida, Macu. Es como andar en bicicleta: una vez que se aprende, aunque uno no practique, no se olvida más.

-Ver para creé, señora.

Hoy me levanté con la firme intención de empezar su cuadro, pero tropecé con un problema: ¿de qué color pintaría a Inmaculada? Porque aunque ella sería la primera en no estar de acuerdo conmigo, Inmaculada es negra. No más o menos negra, sino negra sin ningún tipo de duda: negra de nariz roma y amplia, de tez casi azulada, de pelo áspero y ensortijado. Entre las cosas que le gusta repetir está eso de que Míster, su último hijo, es el más blanco de todos los hijos de Euclides. Porque Míster, dice Inmaculada, salió a ella: no tan oscuro y con el pelo bueno.

Han pasado las horas, ya anochece, y la tela sigue en blanco.

-Te voy a hacer tu cuadro, Macu -aseguré. -Ya vas a ver qué bien se verá en tu casa.

-¡Ay, muchas gracias señora Susana! Cuando termine los trabajos en el rancho, la voy a invitá y le voy a hacé un hervío de pescao bien sabroso, ya verá. Eso sí, viene usté sola, porque yo al señor Enrique no lo pienso invitá.

-Parece mentira, Macu: hace ocho años que estoy con él y todavía no lo quieres ni un poquito.

-Y usté, ¿acaso todavía lo quiere?

-Si no lo quisiera, no estaría aquí.

Ella me miró con los labios fruncidos, expulsando el aire por la nariz.

-Eso cree usté, señora. Eso cree usté.

Es inclemente. Por eso, no se trata sólo de dar con la verdadera tonalidad de su piel, sino con el color que ella cree tener: un matiz demasiado oscuro la ofendería, uno demasiado claro también. Esa no soy yo, señora Susana, diría. ¿Acaso usté me vi a mí tan pálida, como si estuviera enferma?

Hubiera sido mejor no prometerle nada.

(Primer capítulo de "Los colores de Inmaculada"... novela que en BsAs sólo puede conseguirse en Fedro.)

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domingo, noviembre 19, 2006
¡FELIZ ANIVERSARIO!

El tiempo empieza ahora!

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viernes, noviembre 17, 2006
Time starts now

Me gusta la inteligencia. Pero creo que me gusta más la sensibilidad. Hay dos pensadores argentinos que me sorprenden y me conmueven y me revuelven cada vez que los leo. Cuando una aguda inteligencia se combina con una gran sensibilidad el resultado es una bomba que te da vuelta el cerebro y el corazón, todo en uno. Una es Beatriz Vignoli. El otro es Figueras.

Time starts now, el tiempo comienza ahora, escribe Marcelo Figueras, citando una frase de Bullitt, el clásico policial dirigido por Peter Yates. Lean ese post. Lean el blog de Figueras. Está aquí al lado, en la lista de links.

El tiempo comienza ahora. Somos artífices de nuestro destino.

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jueves, noviembre 16, 2006
MOCHILERO AUDAZ

La semana pasada Mati se fue de campamento con el cole a San Vicente del Tushú. Tres días y dos noches de incertidumbre. Cuando regresó, el viernes a las 7 de la noche, bajó del autobús con una gran bolsa de plástico amarillo en la mano. Qué tienes ahí, le pregunté. Caracoles y cangrejos, dijo. Los caracoles eran caracoles, sin el bicho adentro. Cuarenta y ocho conchas de caracoles enormes. Pero los cangrejos estaban vivos y eran tres. Uno del tamaño de mi mano, otro más chico, y otro más chico aún. Los puso en un táper en su cuarto. Pero al día siguiente dijo que el táper olía mal y lo pasó del cuarto a la cocina. El domingo, cuando nos levantamos, el cangrejo más grande ya no estaba. El martes, se escapó el segundo. Hoy, en la mañana del sexto día, ha desaparecido el tercero y más pequeño de los cangrejos. Sabemos que no están muertos. No huele mal en ninguna parte de la cocina, ni de la casa. Cejas y Babones no están alterados. Nosotros tampoco.

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miércoles, noviembre 15, 2006
"EL PADRE" SE CONSIGUE EN FEDRO

Desde hoy, "El padre" de Sharon Olds -el libro al que pertenecen todos los poemas publicados durante las dos semanas anteriores- puede comprarse en la Librería Fedro que queda en Carlos Calvo 578, San Telmo. Hay muy pocos, así que mejor apurarse. La razón de tanta escasez es que se trata de una edición española que no ha llegado a Argentina. Los ejemplares que tienen en Fedro son algunos de los que me correspondieron a mí, como traductora, y que me van llegando con cuentagotas cada vez que algún amigo viene de España. Gracias a Daniel, Edio y Marcelo por su entusiasmo y apoyo.

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martes, noviembre 14, 2006
DOS POEMAS DEL LIBRO PREMIADO "NO LO CONOZCAS"

Por Cecilia Romana

YAGUARÓN

Un puente con aspecto de casa alargada. Fui a esa ciudad a patear las tibias de otras mujeres. Tenía quince años. Leí en los letreros: Yaguarón, pueblo de reconquista, y me senté con mi hermano en un madero a esperar que atardeciera. Un nueve de agosto alcancé el podio. En mi vientre se embolsaron mensajeros en miniatura. Hoy, veintitrés de diciembre, quisiera sentir lo mismo a causa de un hijo: tengo treinta años. Miro el mapa, trazo una línea entre el índice y el pulgar. Hay un río que se angosta y la palabra redondel en mi cabeza dicha de mil formas. Mi cabeza de carne, mi cabeza roja. El dolliop chagui que casi me derriba como un banderín suelto. Barra del arroyo Chuy. Lo que sea que me acerque a Concepción.

...

Así salgo en la foto: con la espalda erguida y mi hermano al lado. Prefiero ver esa en la que estoy pateando a un metro de altura. Un salto de un metro de altura. Pateo al aire antes de alcanzar aquel celebrado primer puesto: hanna, dool, set, net. Los hombres que hubiera hundido. Pero tenía apenas quince años. Era una manta a orillas del Yaguarón. Dos chicos se sentaron junto a nosotros: ¿Son de acá?, preguntaron. No. Soy del cieno y voy hacia el cieno. Si llueve, huiré a los puentes. Hacia cualquier apéndice que me acerque a Concepción.

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lunes, noviembre 13, 2006
ROMANA VUELVE A GANAR UN PREMIO

Es el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006 y lo recibirá el 24 de este mes, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. El nombre del libro inédito con el que participó es "No lo conozcas", la noticia puede leerse aquí y dos de los poemas del libro podrán leerse en el post de mañana, aquí en el blog. ¡Felicitaciones Roma! La foto es de cuando nos conocimos y nos dimos cuenta de que teníamos mucho en común.

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viernes, noviembre 10, 2006
Pre-view (con invitación incluída)

Terminamos con el ciclo Sharon Olds. Subir al blog algunos de esos poemas, traducidos hace ya tres o cuatro años, me hizo pensar acerca de la traducción. "El padre" fue catalogado por Babelia (el suplemento literario del diario "El País") como uno de los 15 mejores libros de poesía publicados en el 2004 en España; el suplemento literario de "El Mundo" lo colocó tres semanas consecutivas entre los más vendidos de su ranking poético. Hoy, sin embargo, traduciría muchos de sus versos de otro modo.

Es posible que la traducción no termine nunca. Que sea un diálogo constante con el poema. Como nosotros. No terminamos de decirnos. Hace días, ahora, que quiero decirle algo a alguien y no lo consigo. Hablo, pero lo que digo suena ajeno incuso a mis oídos. Me quedo pensando. Quizá la próxima vez salga mejor.

¿Si no encontramos las palabras es porque no sabemos lo que queremos decir?

Lo mismo me está pasando con los últimos dos capítulos de la novela que escribo. No salen. O salen mal. He llegado a concluir que no es que me falten palabras. Es que todavía no estoy segura de lo que quiero decir.

En el caso de Olds, si volviera a traducirla ahora -si tuviera ganas de corregir esos 53 poemas- me tomaría muchas más libertades. Pero fue justamente lo contrario lo que criticó algún poeta y traductor español: mi falta de fidelidad al original (por ejemplo: traduje "like a planet a handful of which weighs as much as the earth" como "un planeta de plomo", que me pareció convenía al ritmo y sonaba más natural en castellano... ese crítico dijo que tendría que haber traducido el verso así: "como un planeta un puñado del cual pesa tanto como la Tierra"!!!!). Pues, bien: ahora sería aún menos fiel. Ahora intentaría que los versos fluyeran mejor, que sonaran más naturales en nuestro idioma. Como si Olds los hubiera pensado en Garín.

Me molesta leer mi vieja traducción. La encuentro llena de trabas, lomos de burro, como les dicen acá, o "policías acostados", el equivalente venezolano. Me preocuparía menos por la fidelidad literal, ahora, y más por la música. Más que traducción, sería una interpretación del poema. Un intento de ser fiel a su espíritu, más que a la letra.

¿Y el espíritu de esa novela que no puedo terminar de escribir, cuál es? ¿Y de aquello que quiero decir? ¿No nos pasamos la vida intentando acercarnos a nuestro propio espíritu? Traducir, interpretar lo que creemos que somos, hasta lograr ponerlo en las palabras justas.

La intención de este post era que fuera un pre-view de lo que viene la próxima semana y salió un flash-back introspectivo. Sorpresas te da la vida. Pero vamos al pre-view.

Mañana, sábado 11 a las 19 hs, se presenta el libro "Escritura sin frontera", en el Café Montserrat, sito en la Calle San José 524, en Buenos Aires. Se trata de una antología poética que incluye poemas del conocido periodista y escritor uruguayo Jaime Clara. Jaime es el conductor del programa "Al pan, pan", de Radio Sarandí, y debo decir que de todas las entrevistas que me hicieron en Montevideo, la suya fue la más cálida, entretenida e inteligente. Además, había leído TODO el libro, cosa que ya sabemos -lamentablemente- no es muy común entre los periodistas (y me parece que entre escritores tampoco).

Los próximos días vendrán con noticias de gente querida que ganó premios (Vivaaaaa, Romita!!!), adelantos inéditos y algunas fotos... para darle ligereza al blog -que la estoy extrañando.

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jueves, noviembre 09, 2006
MI PADRE ME HABLA DESDE LOS MUERTOS / Sharon Olds

Es como si hubiera despertado en un cobertizo,
sobre el barro, en medio de escamas, rodeado
de tiestos, huellas de babosas brillantes
surcan mi cuerpo. No sé por dónde comenzar,
la inmundicia me envuelve. Arrojo esta telaraña,
mortaja de muertos, lejos de mi boca. Veamos
si ahí donde he estado puedo hacer esto.
Amo tus pies. Amo tus rodillas,
amo tus mis nuestras piernas, tan
largas porque son tuyas y mías:
de los dos. Amo tu -cómo llamarle-
entre tus piernas, nunca le dimos nombre, el
fulgor y la pureza de sus rizos. Amo
tus nalgas, una vez te cambié los pañales,
lavé la suciedad diminuta, te unté
aceite con mi dedo; cuando toqué tu ano
mi vida hizo cortocircuito con Dios por un instante.
Era tu madre quien odiaba tu mierda, no yo.
Amo tu ombligo, fósil de cardo,
aunque sea la marca de ella
en ti. Y también amo tus pechos:
¿me viste observarlos desde el rostro
de tu hija mientras la amamantabas?
Amo tus hombros marcados y
tu cabello, grueso y vivo
como la tierra. Nunca odié tu rostro,
odié sus erupciones. ¿Sabes qué amo?
Tu cerebro, sus mitades y sus pliegues
plateados, como labios de mujer.
Amo en ti
incluso lo que proviene
de las profundidades de tu madre:
tu corazón, ese trabajador esforzado,
y tu vientre, para mí el cielo,
yazgo en sus colinas suaves y miro hacia arriba
su cúpula rosa.
He estado en un cuerpo sin aliento,
he estado en la morgue, en el fuego, en una chimenea
de escorias, en el aire sobre la tierra,
y enterrado en la tierra, he bajado
al fondo de los océanos: desde donde he estado
puedo entender esta vida, soy la tierra,
tu padre, yo te hice, cuando digo que te amo
estoy diciendo, mira tus manos, muévelas,
ese movimiento es el amor de la tierra,
para amor humano,
busca en otro lugar.

(Del libro "El padre", Bartleby Editores, traducción de M.P.)

posted by Mori Ponsowy at 8:45 a.m. 0 comments

miércoles, noviembre 08, 2006
SONATA MARCHITA / Sharon Olds

Creo que en algún momento miré a mi padre
y pensé Está lleno de mierda. ¿Cómo
sabía que otros padres hablaban con sus hijos,
los besaban? Sabía. Lo miraba y lo juzgaba.
Fuera lo que fuera lo que él vertiese en mi madre,
ella lo odiaba, su rostro se arrugaba como un ala
delgada cuando él estaba cerca,
y el alcohol que a la fuerza él metía en su cuerpo
lo derribaba, asesinaba el árbol vivo,
los meandros de la cebada y el maíz se multiplicaban,
se petrificaban, se fecalizaban, él era una
mierda, pero yo sentía que odiaba serlo,
nunca había imaginado que eso podría pasarle, este sueño
alcohólico era un conjuro arrojado sobre él...
¡por mi madre! Bien: dejé en sus manos
decidir quién le hizo qué a quién, era una
criatura en su cama sobre quien se revolcaban,
pero no podía vivir odiándolo.
No me daba cuenta de que no había alternativa. Parada
en la sala viéndolo dormitar
como el príncipe, con su belleza desaliñada, empecé
a pensar que era una especie de cáliz,
un grial, su amor la meta de una búsqueda,
¡sí! Él era el dios del amor
y yo era una mierda. Miraba mi antebrazo:
lo que fuera que hubiera dentro
no era bueno, era hedor blanco,
maná del malo. Me miraba en el espejo
y florecían las manchas en mi rostro,
como cerdos saliendo del lodo
al llamado de la bruja. Me sorprendía
que mi cuerpo despidiera un olor dulce, era la prueba
de mi ser demoníaco, pero al menos podía respirar fuera,
y no la escoria aturdida y agria de mi interior,
la verdad de mi padre. Es divertido hablar de esto,
me gustan los términos de la inmundicia. He aprendido
a disfrutar hablando del dolor.
Pero morirse, así. Envejecer y morirse
niña, mintiéndose a sí misma.
Mi padre no era una mierda. Era un hombre
equivocándose en la vida. Tenía mierditas
navegando dentro suyo mientras yacía inconsciente.
A veces, ahora, no me permito decir
que lo amaba, pero siento
que casi amo esas mierdas que viajan dentro de él,
bien formadas, esos fetos marchitos,
mi madre, mi hermana, mi hermano, y yo
en ese purgatorio.

(Del libro "El padre", Bartleby Editores, traducción de M.P.)

posted by Mori Ponsowy at 1:11 p.m. 0 comments

martes, noviembre 07, 2006
CUANDO LOS MUERTOS LE PREGUNTEN A MI PADRE POR MÍ / Sharon Olds

No, no podía hablar acerca de ella.
Siempre he tenido este barro en la boca.
Lo llevo sobre la lengua ahora, una cucharada
colmada de la tierra: un honor. Pero antes
mi boca estaba enlechada con su cal oscura.
Y la tuve con una mujer a quien no amé,
que no me amaba. Así que me encantó que fuera
una segunda niña, tanto quería un varón
esa mujer. Me gustaban sus rizos
oscuros como una mano implorante
sobre su cabeza. Y su cuerpo sinuoso
y firme, como el de mi familia.
Sus exageradas pasiones. Me gustaba levantar
una pata de su cama, mientras dormía,
y dejarla caer.
Parecía mandada a hacer para tomarle el pelo,
esa chica, nunca entendía, todo lo creía.
Y me gustaba que fuera mala: la imaginaba
sentada en la oficina del Director
donde yo me había sentado. Me encantaba
que nunca fuera dura conmigo,
yo caminaba de habitación en habitación,
llevando barro en mi boca y ella
nunca me detuvo. Se paraba en la puerta
de la sala, de noche, cuando el barro
me envolvía en ese sofá enorme -una pajita
roncadora se asomaba de mi nariz
a a traves de él- podía sentirla
merodeando en silencio, levemente
asustada de mí. Inteligente, esa niña.
Una vez estuve en Nueva York, en la
habitación más pequeña del Waldorf, sobre
el cuarto de la caldera -38 grados.
Me alimentaba de galletas. Y cuando ella
se mudó a Nueva York fue a almorzar
a casa del alcalde, a Gracie Mansion, por trabajo.
Ella podía hablar. Como si mis propias
fauces, garganta, laringe hubieran
cobrado vida en ella. Pero ella sólo quería
el barro de mi lengua, ese terrón ocre
que podía pasarse de boca en boca. Quería que nos
acostáramos, en una sala de partos, y que yo
lo pariera, que lo palanqueara dentro suyo
en su boca soy audible, ¡escuchen! esta es mi canción.

posted by Mori Ponsowy at 5:13 p.m. 0 comments

lunes, noviembre 06, 2006
EL BARQUERO / Sharon Olds

Tres años después de su muerte, mi padre
vuelve a trabajar. Después de veinticinco años
desempleado, está muy contento
de haber sido contratado, llega puntual,
trabajador incansable. Se sienta
en la proa de la barca, dulce timonel,
de espalda a los pasajeros. Está muerto,
pero se arrodilla erguido, mirando hacia delante,
a la otra orilla. Alguien ha cerrado
su boca, de modo que se lo ve más cómodo
?ni sediento, ni necesitado? los ojos
abiertos, bajo el iris la línea negra
que apareció con su muerte. Está tranquilo.
Su nuevo empleo es una broma entre los dos,
le encanta bromear conmigo, no ha perdido
su cara de póquer. Mascarón de proa de marfil,
hombre alto, demacrado, costillas, pezones, labios,
cada vez que traigo a alguien
y lo pongo en el barco y lo empujo,
mi padre lo lleva remando a través del río
hacia la lejana orilla. No hablamos:
él sabe que se trata de alguien
de quien me quiero deshacer, alguien
que me hace sentir fea y asustada. No le digo
como lo hacías tú. Él conoce el oficio
y lo disfruta. Cuando arrojo a alguien dentro
él no mira hacia atrás: lo lleva directamente
al infierno. Quiere trabajar para mí
hasta que yo muera. Sabe que entonces
iré hasta él, subiré a su barca
y me dejaré llevar, estiraré mi mano amplia
hacia la suya, lo ayudaré a desembarcar,
nos abrazaremos como dos que nunca nacieron,
desnudos, sin respirar, nos cubriremos
hasta los labios con el oscuro manto de la tierra
y descansaremos juntos al final de la jornada.

(Del libro "El padre", traducción de M.P.)

posted by Mori Ponsowy at 8:16 p.m. 0 comments

viernes, noviembre 03, 2006
LA ÉTICA Y LA MUERTE / SHARON OLDS

No es algo malo su muerte.
Ni bueno, ni malo.
Queda fuera del mundo moral.
Cuando las enfermeras vacían la bolsa del catéter
y vierten el fluido ámbar y pálido
en una taza para medir, no hacen
algo bueno ni malo: es sólo
su cuerpo. Incluso cuando el dolor
crispa su rostro, su boca
cuando hace un chasquido,
su quijada al contraerse,
no son malos, no hay alguien haciéndoselo,
no hay culpa, ni vergüenza:
sólo placer o dolor. Es el mismo reino
del sexo, de los impulsos nerviosos,
un reino sin iglesia, en él lo besamos,
en él acariciamos su cabello pringoso,
su mujer y yo,
una a cada lado, secando restos
de saliva en sus labios blancuzcos.
Su cuerpo nos siente atenderlo
fuera del mundo de la moral,
como si le hiciéramos el amor en un bosque,
escuchando desde una pradera remota
los cánticos distantes de una asamblea: gotas
más pequeñas que las más pequeñas gotas de rocío
cubren su cuerpo cuando nos inclinamos a tocarlo.

posted by Mori Ponsowy at 9:24 a.m. 0 comments

jueves, noviembre 02, 2006
EL VASO / SHARON OLDS

Recuerdo el vaso con asombro: todo el fin de semana
lleno de moco y pus sobre la mesa, frente a mi padre.
El tumor crece rápido en su garganta estos días,
destila pus como llamaradas el sol, lenguas
ardientes que lo hacen carraspear, toser,
escupir y escupir bocanadas de sustancia
espesa en el vaso. Luego se limpia los labios
-para eliminar hasta el último rastro-,
apoya el vaso en la mesa y ahí queda,
como un vaso de cerveza dorada, espumosa, brillante,
hasta que diez minutos después vuelve a toser,
agarra el vaso, echa fuera el esputo lleno de burbujas,
como levadura viviente: es un dios
creando comida en su propia boca,
él, que ya no come nada, a veces un sorbo de leche
diluida en agua, que ni siquiera así logra pasar
más allá del tumor, luego la saliva asciende
tan viscosa que debe hacerla girar todo un minuto
en la garganta para regurgitar una esfera
en el vaso de flema que se pasa las horas
llenándose lentamente de glóbulos complejos,
lo vacío y vuelve a llenarse,
resplandece sobre la mesa
hasta que la habitación parece orbitar en torno suyo
como el sistema solar en torno al sol:
mi padre la tierra, una vez centro del universo,
ahora gira con nosotros en torno a su muerte,
el vaso de esputo radiante sobre la mesa, sus últimas bocanadas.

(Del libro "El padre", Bartleby Editores, traducción de M.P.)

posted by Mori Ponsowy at 9:22 a.m. 0 comments

miércoles, noviembre 01, 2006
LA EXTRACCIÓN

Por Sharon Olds

Cambia de hora en hora.

Pierde destrezas, viejos talentos.

Con las rodillas flexionadas, el cuerpo

color de hojalata y el cabello grasoso,

como de ungüento ritual, mi padre avanza

de hora en hora, de cabeza,

hacia la muerte. Siento cada centímetro suyo

acercándose a ella a través de mí,

como avanzaron mis hijos,

atravesando mi cuerpo sin prisa.

Como un dios percibo ríos

que tiran con firmeza a través mío.

Es la tierra abriéndose paso,

el universo entero arrastrándose dentro de mí,

pasando por mi cuerpo como un pañuelo por un aro:

como si mi padre pudiera vivir y morir

a salvo dentro de mí.

(Del libro "El Padre", Bartleby Editores, traducción de M.P.)


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About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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