Goma de borrar
 
jueves, noviembre 23, 2006
CAPÍTULO TRES

No sé quién se pone de peor humor cuando Enrique no va a trabajar, si Inmaculada o yo. Ella, al menos, no altera su ritmo habitual. Si sé que está de mal humor es sólo porque hace bastante más ruido que de costumbre y resopla más seguido. Como si la misma gripe que tumba a Enrique en la cama, a ella la llenara de energía. Sacude el trapo sobre los muebles con tanta fuerza que temo por los adornos y los cuadros. Yo, en cambio, no puedo pintar, no puedo leer, no puedo pensar. Vaya a donde vaya en la casa, tropiezo con él. Decido refugiarme en la cocina, con Inmaculada. Le pregunto si ya empezaron a arreglar su techo, pero ella sigue limpiando. Se demora tanto en contestarme que pienso que ha decidido ignorar mi pregunta.

-Discúlpeme, señora -dice al fin. -hoy no estoy de ánimo pa ponerme a hablá.

-Cualquiera puede engriparse, Macu. No hace falta que te pongas así.

-¿Acaso yo he dicho algo, señora? Lo único que quiero es trabajá.

Paso a su lado y ni me mira. Como si yo tuviera la culpa de que Enrique se enfermara. Me ve entrar en la cocina y sube el volumen del televisor.

-¡Así se habla, carajo!- dice cuando Eliéser Ancón repite una vez más que la única manera de acabar con la pobreza es redactando una nueva Constitución-. ¡Así es que se habla, compañero!

Espero que se calme para pedirle que lave una camisa de Enrique.

-¿Usté quiere que me pasme, señora? -dice. -Me lo tendría que haber dicho más temprano, ahora ya empecé a planchá.

Está convencida de que después de planchar no hay que bañarse, ni mojarse las manos, ni abrir el refrigerador. Cada tarde, cuando me dice, señora Susana, me voy a bañar, anuncia mi última oportunidad para pedirle que lave algo, pues justo después del baño comienza su sesión de planchado y ya no volverá a mojarse las manos hasta varias horas después, cuando llegue a su casa y el peligro de pasmo haya pasado.

-Entonces, por favor, acuérdate de lavarla mañana -digo.

-Me había olvidao de decirle que mañana no voy a venir porque tengo que llevá a Míster a que le pongan una vacuna.

-Está bien, Macu. No te preocupes -respondo. Como si se hubiera mostrado preocupada.

Lleno una batea con agua tibia para lavar la camisa yo. Después debería ponerme a pintar, pero sé que con Enrique metido en la casa, tampoco hoy podría empezar el cuadro prometido. Aunque quizá si él no estuviera, tampoco podría hacerlo. Últimamente, no hago más que buscar excusas para no pintar. He perdido la alegría del trabajo. Las ganas. Es como si la vida hubiera huido de mí. Todo está detenido. Como si alguien hubiera apretado el botón de pausa y yo estuviera hibernando durante una larga espera. ¿Qué hace falta para que todo vuelva a empezar?

Macu sigue planchando mientras yo lavo.

-Este mes los riales no me rindieron pa ná. Figúrese usté que ayer tuve que pagar el arreglo de la televisión que José echó a perdé y ahí se me fue lo último que me quedaba. Ahora no voy a poder empezá el techo hasta el mes que viene.

Más tarde, me encierro en mi estudio. Quizá logre trazar al menos unas líneas. Saco lápices y carboncillos, pero me acuerdo de las cartas y decido leer la última. De pronto, un ruido me hace levantar la vista. Enrique ha entrado sin que me diera cuenta. Está de pie al lado de la puerta, descalzo y sin afeitar. Su nuevo corte de pelo hace que las orejas se le vean enormes. Me apuro a doblar la carta. Él sonríe. Me pregunta si pude pintar algo hoy, pero yo prefiero hablar de otra cosa. Le digo que Inmaculada necesita un préstamo.

-¿Otro más? -pregunta-. ¿Ya terminó de pagar el último?

Sé que al fin dirá que sí, pero disfruta haciéndome hablar.

-Pagó una parte, pero si no arregla el techo ahora, antes de que empiecen las lluvias, se le va a inundar el rancho.

-¿Para qué tuvo tantos hijos? -dice.

-Debe ser que no sabe de planificación familiar.

-¡Todo el mundo sabe, Susana, por amor de Dios!

En eso tiene razón: Macu conoce la píldora, los condones, la té de cobre, y hasta los gels anticonceptivos.

-Euclides dice que hacerlo con condón es como comerse un caramelo con el papel -me dijo un día que le hablé del tema.

-¿Y por qué no tomas la píldora? -pregunté.

-Conmigo no funciona, señora Susana: la tomé cada vez que estuve con Euclides y ahí anda Míster vivito y coleando
.
-¡Hay que tomarla todos los días, Macu!

-¿Todos los días? ¿Usté sabe cuánto cuesta? ¡Nosotros no nos acostamos tos los días!

Enrique se acerca y me acaricia el pelo. Quiero que se vaya, pero él sigue hablando.

-¿Por qué no le escribe una carta a Ancón pidiéndole que le arregle el techo, así como en Navidad le pidió la pelota de fútbol para Míster?

Parece que está decidido a no hacérmela fácil esta vez. Miro por la ventana un ave que se posa sobre el tendido eléctrico y que no sabe nada de política. El cielo se está nublando. Alrededor de las macetas marchitas florece la herrumbre. Recuerdo que alguna vez sembré plantas con amor. El ave gira su cabeza ciento ochenta grados, se acicala las plumas de la espalda y levanta el vuelo.
-Ayer fue su cumpleaños -dice Enrique, al fin. Él no lo había olvidado como yo. -¿Por qué no le regalamos la plata?

Es un hombre bondadoso. No hay motivo para que su presencia me produzca esta desazón. ¿Cómo puede ser que después de haberlo amado tanto, la sola vista de sus orejas me resulte intolerable? Tal vez el verdadero amor no sea más que eso: saberse quedar aún después de que la pasión ha terminado.

A la tarde, le doy a Inmaculada el dinero en un sobre.

-Mi regalo será el cuadro -digo-. Esto es de parte de Enrique.

Ella lo guarda en su cartera sin abrirlo, como si estuviera cumpliendo con una obligación.

-Imagínese si yo no viniera a trabajá cada vez que tengo moco, señora Susana -dice-. Me va a perdoná: usté tan joven, yo no me explico qué hace con ese señó. Ni que tuviera mucho rial.

(De "Los colores de Inmaculada", Cáceres, 2006, y a la venta, en BAires, solamente en Fedro.)

posted by Mori Ponsowy at 12:54 p.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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