Goma de borrar
 
viernes, diciembre 29, 2006
El soneto 138 de Shakespeare y un musculito supraciliar contento

A partir de lo que escribí para la presentación del libro de Marina Serrano -e impulsada por mi músculo supraciliar que desde ese día ha estado de lo más deprimido-, me puse a pensar y a investigar sobre la actual explósión demográfica de poetas. Por lo que veo, no es un fenómeno solamente argentino, sino algo tremendamente modermo (¿o posmoderno, quizá?). Tal parece que en NYC sucede lo mismo que en BA. Proliferan las lecturas, las editoriales que cobran por publicar (en inglés las llaman "vanity publishers"), los poetas vestidos de cualquier color, algunos torturados y otros no. Reflexionando sobre todo esto, he empezado a cambiar de idea, y ya no estoy de acuerdo con algunas de las cosas que escribí para la presentación. Empiezo a convencerme de que, por más que los gustos sean subjetivos, no todo lo que quiere hacerse pasar por poesía es poesía y que la mayoría de los poetas son malos poetas. Lo cual no quiere decir que sean malas personas, aunque escribir en verso tampoco garantiza que gocen de una sensibilidad especial o que sean mejores seres humanos que los odontólogos, por ejemplo. Alguien puede escribir poesía en búsqueda de sus quince minutos de fama. Y eso está bien. Nos pasa a todos. Pero no significa que esa poesía sea buena o que esa persona sea mejor o peor que cualquier otra. Los poetas quieren sentirse importantes. Mensajeros del más allá, portadores de una verdad más profunda que las otras. Pero lo cierto es que todos eos poetas juntos son mucho menos importantes que tres o cuatro ingenieros. Estoy segura de que los ingenieros estudian más ingeniería que poesía los poetas. Los médicos más medicina y los arquitectos más arquitectura. ¿Quién lee y estudia los sonetos de Shakespeare? ¿Quién pone a prueba sus poemas como un científico su experimento en un laboratorio? ¿Quién arma sus poemas con el cuidado de una buena costurera, preparando el molde primero, hilvanando después, cosiendo sólo al final, tras muchas pruebas? Cualquier cosa puesta en verso parece un poema. Uno se levanta por la mañana, garabatea un poema, se rodea de otros que hacen lo mismo y, ¡zaz!, ya es poeta. Pero basta leer un poco para darse cuenta de la distancia que hay entre la buena poesía y toda la otra.

De regalito de fin de año, dejo este soneto de Shakespeare en su versión original y en tres traducciones diferentes (que podrían servir de base para un lindo post sobre la traducción). ¿Quién entre nosotros está escribiendo poesía con tantos niveles de significado, con tanta ironía, agudeza, estilo, ritmo, musicalidad? Ya me dirán ustedes que cómo se me ocurre que nos comparemos con Shakespeare. Claro: en la época de McDonald´s, recordar un buen Coq au vin es toda una herejía.

Sonnet 138

When my love swears that she is made of truth,
I do believe her, though I know she lies,
That she might think me some untutored youth,
Unlearnèd in the world's false subtleties.
Thus vainly thinking that she thinks me young,
Although she knows my days are past the best,
Simply I credit her false-speaking tongue:
On both sides thus is simple truth suppressed.
But wherefore says she not she is unjust?
And wherefore say not I that I am old?
Oh, love's best habit is in seeming trust,
And age in love loves not to have years told.
Therefore I lie with her and she with me,
And in our faults by lies we flattered be.


Versión de Adrián Macizo, heterónimo de Antonio Machado

Mi vida ¡cuánto te quiero!
dijo mi amada, y mentía.
Yo también mentí: te creo.
Te creo, dije, pensando:
así me tendrá por niño.
Mas ella sabe mis años.
Si dos mentirosos hablan
ya es la mentira inocente:
Se mienten, mas no se engañan.
Pero los labios que besan
son de mentira tan dulce...
Mintamos a boca llena.


Versión de Fernando Ortiz

Mi amor jura que dice la verdad.
Siempre la creo, aunque sé que miente.
Ella imagina a un joven sin maldad
—el mundo aún no maleó su mente—.
Si sabe que pasó mi mocedad
y elige verme como adolescente,
¿no doy yo fe a su parcialidad?
En ambos lados la verdad ausente.
¿Por qué no dice ella que es injusta?
¿Por qué no digo yo que ya soy viejo
?Lo mejor del amor es un reflejo.
En el amor contar la edad no gusta.
Así miento con ella, ella conmigo.
De la falta común nace ese amigo.


Versión lírica de Ramón García González, en versos alejandrinos blancos

Cuando jura mi amada ser hecha de verdades,
realmente la creo, aunque sé que miente;
sólo por que me crea un joven inexperto,
poco diestro en las falsas estafas de este mundo.
Pienso de esta manera que joven le parezco,
aunque sabe de sobra, que ya no soy tan joven.
Ingenuamente doy crédito a sus mentiras,
ya que los dos negamos la sencilla verdad.
Pero, ¿porqué no dice que es falsa y embustera?
¿Y porqué yo no digo que ya voy siendo viejo?
Quizás por que el engaño es conducta de amor,
y en el amor, la edad, no quiere sumar años.
Con ella sé que miento y ella miente conmigo
y mediante mentiras, nuestro error halagamos.

posted by Mori Ponsowy at 11:03 a.m. 1 comments

viernes, diciembre 22, 2006
FELIZ NAVIDAD

Sólo Sosú está seguro de que le encanta la Navidad. El muñeco rojo dice que la detesta (aunque admite que le encantan los regalos) y a la chica le gusta de a ratos. Le cuesta, sobre todo, que no haya pinos de verdad y acostumbrarse a que no haga frío por esta época. También extraña un poco los aguinaldos venezolanos, el pan de jamón, las hallacas. Pero, pensándolo bien, ahora le gusta mucho más que antes. Le gusta, incluso, que los días sean más largos. Tomar champaña heladísima. Y celebrar. Aunque no sepa bien qué es lo que se celebra, ha llegado a la conclusión de que está bueno celebrar. Quizá esa sea la esencia de la Navidad, después de todo. Festejar. Dar regalitos. Tomar champán. Tener, ese día, a sus grandes amores juntos.

Lectores del blog, queridos: feliz Navidad.

posted by Mori Ponsowy at 7:41 p.m. 0 comments

jueves, diciembre 21, 2006
DEINOCOCCUS RADIODURANS: LEVÁNTATE Y ANDA

El hombre siempre ha buscado mil maneras de burlar la muerte, de alejarla mediante hierbas y danzas desorbitadas, de conjurarla con plegarias, de trascenderla con su propio sufrimiento o martirio. Hasta ahora, la muerte ha ganado todas las batallas: nos ha dejado fríos varios metros bajo la tierra, secos y tan tiesos que cualquier posibilidad de revancha ha quedado condenada al más estrepitoso de los fracasos.

Hace algunas semanas, sin embargo, los grandes diarios del mundo difundieron la noticia de que Miroslav Radman, un biólogo franco-croata, logró comprender el proceso de resurrección de Deinococcus radiodurans, una bacteria que aun después de muerta es capaz de volver a la vida en pocas horas. Ante la pregunta de Luisa Corradini, corresponsal de La Nación, acerca de si en el futuro sería posible hacer esto con todos los genes, Radman contestó: Si es posible hacerlo con un solo organismo vivo, que tiene el mismo tipo de proteínas y de ADN, tiene que ser posible con todos los demás.

A pesar de la cantidad de espacio mediático otorgado a esa noticia...

(El resto de la nota, puede leerse haciendo CLIC acá.)

posted by Mori Ponsowy at 9:36 a.m. 0 comments

miércoles, diciembre 20, 2006
ATARDECER EN CÁCERES / 2




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lunes, diciembre 18, 2006
Otro inédito, de Calabrese

La enfermedad

Después de respirar como lo hiciera
Dostoievsky en la humedad silenciosa
de esos cuartos mal iluminados,
se ponía a caminar sin sentido por calles imprecisas,
con su tranco voluminoso y aletargado.
Caminaba igual que la sombra de Cortázar,
y mientras lo hacía silbaba
aquella melodía de Mendelssohn
que tanto usó la resistencia
como santo y seña
entre las calles del nazismo.
Después recalaba en algún bar
y detrás de una taza humeante
metía su cabeza entre las manos, como Kafka,
hasta que la hora lo invadía.
Entonces iniciaba el retorno
hacia la su cama con un libro
y ya no sentía ganas de levantarse
por un buen tiempo,
eso que solía hacer Proust.
Finalmente,
se moría como todos ellos,
abrumado por la vida sencilla.

posted by Mori Ponsowy at 11:26 a.m. 0 comments

viernes, diciembre 15, 2006
SOSÚ ACTOR

Cuando era muy chiquito, Mati no quería ser bombero ni astronauta, sino peluquero. De tanto que le gustaba tocarle el pelo a la gente. Después, entre los cinco y los ocho, decía que iba a ser pintor. Ahora tiene once y desde hace unos cuantos meses dice que va a ser director de cine, guionista y actor. Quiere hacer TODO en sus películas, como Woody Allen. Ha empezado filmando mini cortos de horror, de treinta segundos (lo que da la camarita de fotos que compartimos). La última escena siempre es unas manchas de colorante rojo sobre el fondo blanco del lavamanos. Tiene bastante buen criterio a la hora de decir qué le gusta y qué no. No le gustó Magnolia, ni Tiburón. En cambio, le encantaron Los sospechosos de siempre, Buenos muchachos y La piel suave. Eso sí: el buen gusto se va al demonio cuando se trata de películas de terror. Esas, le gustan todas. No sé qué tienen los monstruos y los muertos para fascinarlo de esa manera. Eso y la sangre en el lavamanos. ¿Habré hecho algo mal? Quizá. De todas maneras, me gusta más pensar que esa estética, ese descalabro del buen gusto cuando se trata del terror o la violencia, tiene que ver con el cromosoma Y. Ese que comparte con los demás machos de la especie y que hace que, en su fascinación por Chucky, todos los hombres sean iguales.

posted by Mori Ponsowy at 11:20 a.m. 0 comments

jueves, diciembre 14, 2006
DOS POEMAS DE DANIEL CALABRESE

¿Se acuerdan de Calabrese, el encontrador? Nos había dejado, por algún tiempo. Pero ahora miren con lo que se viene. Me encantan estos poemas nuevos, inéditos, de su libro Ruta Dos.


Prodigio
(para Mallo)

El trabajo de este día consiste en llevar
esa piedra de aquí para allá.
Es una roca muy pesada, más que un buey,
más que una bolsa cargada de lluvia,
parece un agujero prehistórico, algún espejo
negro, a punto de tragarse un mundo.

El trabajo de este día consiste en alzar
esa piedra con los ojos
y depositarla suavemente en el medio del camino
para que se detengan los ciclistas,
que se detenga la música de fondo,
que se detenga la ruta dos
a la hora señalada por las arterias rojas.

Y cuando todo esté detenido,
entorpecido por la piedra,
detenidas las generaciones ilustradas y piadosas,
detenido el amor entre las cosas naturales
y las cosas manifiestas,
el trabajo consistirá en sacarla de ese lugar,
levantar la piedra nuevamente con los ojos cansados
y enterrarla por ahí, en la nada,
en ese lago de cerrada indiferencia
donde cruje la cama, alumbra el televisor,
brillan los motores, cae el vino adentro de la luz,
se pudren la memoria y las conversaciones tristes,
y se hunden, con la piedra, en la más completa extinción.

Una carrera con Platón

Lo decía alzando una mano
para sujetarse el pecho,
a riesgo de hablar en un estilo trágico.
Siete pitadas, un cigarrillo.
No era rico, pero tenía fama de hombre feliz.
Una tarde de verano grabó el sonido
esponjoso de su Peugeot 404
y se acostó en el pasto a escucharlo una y otra vez.
Un alambre coincidía con el horizonte
donde se posaban unos pájaros enormes
y el hilo de la tierra se encorvaba.
Cuando alzaban vuelo de repente, el alambre
subía y bajaba entre el cielo y el suelo
en eso que llaman la marcha dialéctica.
Y nadie era capaz de seguirlo.
Siete pitadas feroces, otro cigarrillo
en el punto de partida.
Un motor hablando espesamente del silencio
como si lo más profundo del ser
empezara con una llave de contacto
gruñendo suavemente.
El Peugeot 404 detenido en el mejor momento de su vida.

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miércoles, diciembre 13, 2006
"Formación Hospitalaria" de Marina Serrano

(Este es el texto que leí anoche para la presentación del libro de Marina Serrano. Fotos de la fiesta que siguió después, acá. Buenísima la introducción de Mercedes Araujo cuando habló de una editorial que trate con amor a la literatura y a los autores, que acerque de nuevo la poesía a eso que tiene de rito primitivo, de baile tribal en medio de la noche.)

Una de las cosas que me sorprendió de la Argentina cuando llegué es la cantidad de escritores que hay. La cantidad de libros que se editan. Las librerías en Corrientes abiertas toda la noche. La avidez de la gente por leer. Aún más que eso, me sorprendió y me sorprende la enorme cantidad de veladas, talleres, festivales, encuentros y lecturas de poesía que hay. Es cierto que la narrativa vende más que la poesía. Sin embargo –o quizá por eso mismo- la poesía nos ha inundado. Ha invadido nuestra ciudad y gran parte del país, y se extiende como una telaraña tejida por centenares de voces multiplicándose en progresión geométrica.

Hace tres años en Buenos Aires había ocho o nueve lugares donde se hacían lecturas de poesía todas las semanas. La Dama de Bollini los martes, Zapatos Rojos los domingos... Hoy, hay por lo menos cuarenta y ocho ciclos regulares de poesía. Gente que se junta todas las semanas en un lugar a escuchar poemas de otros. Desde locales famosos a los que van poetas más o menos conocidos, hasta pequeños bares de barrio en donde leen poetas todavía inéditos.

Debo confesar que, por lo general, las lecturas de poesía me aburren. Soy poeta, pero no entiendo la mayor parte de la poesía que se escribe, que se escucha y se publica. Muchas veces me parece que quien lee lo está haciendo en otro idioma. O que se equivocó y en vez de un poema, está leyendo una carta o un telegrama. Nadie lo dice abiertamente, pero –para mi alivio- descubrí que no soy la única a la que le pasa esto. Conozco otros poetas que, después de dos o tres copas de vino, han admitido que les sucede lo mismo.

Al principio, en la época en la que iba a lecturas de poesía con más regularidad que ahora, esto de no entender a mis “colegas” me hacía sentir mal. ¿Seré poeta –me preguntaba- si no logro conmoverme, si no entiendo la poesía de tantos otros? ¿No seré una impostora? ¿No estaré disfrazándome de poeta? ¿Y si soy demasiada poca cosa para calzar esos zapatos a los que aspiro?

Por suerte, existen los mecanismos de defensa y cuando mis dudas se hacían demasiado molestas, tenía a mano un argumento que me reconfortaba. Si en este país hay tantos poetas, es lógico que sólo algunos sean realmente buenos. Este argumento venía reforzado por material empírico contundente: cada vez que iba a una lectura, descubría personas entre el público que, al toparse sus ojos con los míos, hacían la cabeza a un lado, torcían la boca y alzaban las cejas en un gesto aburrido como diciendo: ¡las cosas que uno tiene que escuchar! Admito que yo respondía con un levantamiento de cejas similar, lo cual a su vez seguro los reconfortaba a ellos. Peor que esa mirada fue la sensación de superioridad que empezó a invadirme cada vez que otro poeta leía algo que no me gustaba. Eso me llevaba directamente a la conclusión de que quien leía no era un verdadero poeta. Era un impostor. Estaba disfrazado. En realidad no era una persona sino... ¡un cocodrilo! O Chucky. La verdadera poeta era yo. No aquel que leía esos versos que yo no tenía forma de entender.

Mi asiduidad a lecturas de poesía hizo que me hiciera de algunos amigos. Y entonces descubrí que ellos también eran superiores. Verdaderos poetas y no Chuckys. Después de las lecturas, criticábamos juntos, dividiendo el mundo poético en un ellos -formado por alienígenas- y un nosotros- formado por poetas de una sensibilidad exquisita. Al cabo de un tiempo dejé de ir a lecturas de poesía. Si la verdad estaba en casa, no tenía motivo para salir.

Me quedé encerrada hasta que un día conversando de cualquier cosa, mi hijo me preguntó por qué habíamos venido a vivir a la Argentina. Y entonces me acordé: ¡por la calle Corrientes! Porque aquí hay amor a los libros.

¿Por qué vine? Vine porque este es un país de poetas.

Poetas abstractos, poetas herméticos, poetas narrativos, poetas surrealistas, poetas comprometidos... poetas enamoradas, como las de esta noche. Poetas que me gustan más y poetas que me gustan menos. Poetas a los que entiendo y, otros, a quienes no entiendo tanto pero que, a su vez, son entendidos por muchos lectores que, muy probablemente, no me entenderían a mí.

El día que me di cuenta de eso, mi musculito supraciliar, que es el que levanta la ceja, se me atrofió para siempre.

¿Y qué tiene todo esto que ver con el libro de Marina Serrano que vengo a presentar? Tiene que ver. No poder subir más la ceja trae algunas consecuencias. La primera es que nos salen menos arrugas en la frente, y eso está bueno. Otra, es que uno aprende que los poemas son como canciones. Y que unas canciones les gustan a unos y otras a otros. Hay quien tararea las letras de Los Piojos, quien prefiere a Sumo, y también está el que muere por Chayanne. No tiene sentido que los seguidores de Sumo critiquen a los de Los Piojos. Lo maravilloso es que haya lugar y gustos para todos. Lo maravilloso es que todos quieran cantar. Pero lo más maravilloso de todo es que de vez en cuando aparece una canción que le gusta no sólo a diez o a cien, sino a miles. Son las canciones que todos cantamos. Dinosaurios, de Charly García. Aquellas pequeñas cosas, de Joan Manuel Serrat. Canciones que pueden emocionar más allá de la condición social, la edad o el credo que uno tenga. Y así como pasa eso con algunas canciones, pasa también con algunos poemas de algunos poetas.

Esta noche estoy aquí porque creo que los poemas de Marinita van por ese camino.

Quiero contarles que no presento “Formación Hospitalaria” porque Marina Serrano y yo seamos amigas. Nunca he estado sola con ella tomando una copa de vino, ni un café, ni ninguna otra cosa. No sé cuántos hermanos tiene, dónde nació, ni cómo se le ocurrió dedicarse a la poesía. Estoy aquí porque una noche, en Fedro, la escuché leer algunos de los poemas de este libro, y me emocioné. Me emocioné tanto, que aun si hubiera tenido en buenas condiciones mi músculo supraciliar, no habría sentido necesidad de usarlo.

En una habitación restringida
hay una nena con tuberculosis,
el tipo que se juntó con la madre
le pegó el sida,
a ella y a su hermana.

A él no le importó, a la madre
tampoco.


Él amenaza
con su sangre resentida,
la enfermera no se arriesga,
nosotros
tampoco,
lo esquivaremos varias veces
antes de que termine el día.

La belleza de los poemas de “Formación Hospitalaria” nace del horror. La belleza nace cuando la autora nos cuenta algo que sabemos que está pasando porque lo hemos leído en la prensa o visto en los noticieros, pero nos lo cuenta de un modo nuevo que nos sorprende.

La nena, tosiendo en la máscara, va a morir.
La madre
tomará el bondi a Mataderos y tendrá otros hijos
con ese tipo,
los parirá aquí mismo,
y los traerá después muchas veces
antes de la definitiva.


A los diez años Marina Serrano quería ser una guerrera Ninja. Me lo contó ayer a la tarde por teléfono. Salir en misiones nocturnas sin ser vista, esconderse hasta volverse invisible en las sombras, caminar por los tejados y avanzar por el campo saltando de árbol en árbol sin tocar el suelo. Así que Marina empezó a entrenar, junto con otros cientos de chicos que, como ella, aspiraban a caminar por los tejados y a manejar la espada porque habían visto a David Carradine en la serie Kung Fu. Pero al cabo de unos años, la mayoría de esos chicos dejó los gimnasios, mientras que Marinita siguió entrenando. Horas y horas, seis veces por semana, hasta llegar al quinto Dan que tiene ahora. Hasta llegar a ser dos veces Campeona Mundial de Taekwondo.

No sé si ella será la única, pero no creo que mucha gente haya llegado a la poesía a través del Taekwondo. La cosa es que hace un tiempo Marina decidió empezar a escribir un libro sobre artes marciales. No un libro de poesía, sino un libro sobre la bio-mecánica de las artes marciales. Esto tiene que ver con el análisis de los movimientos, con las palancas que hace el cuerpo, con los tipos de músculos que se emplean. Tiene que ver con encontrar la manera de optimizar el movimiento en las artes marciales y, también, con darle herramientas a los médicos para saber qué ocurre cuando un artista marcial está lesionado. Para poder escribir ese libro y no para ser kinesióloga o poeta, Marinita estudió y kinesiología. Seis meses en cuatro hospitales distintos. En total, dos años, hasta graduarse.

Y es de lo que vio y de lo que sintió en esos hospitales que se nutre “Formación Hospitalaria”. En este libro, Marina Serrano habla de verdades que han dejado de conmovernos. Verdades que de tan sabidas, hemos aprendido a ignorar. Sus poemas parecen de hielo. Fijan escenas de la vida cotidiana de un hospital con distancia y fidelidad periodística, pero al mismo tiempo, con una fuerza lírica que difícilmente nos deje inmunes tras la lectura. A través de los ojos de Marina, la verdad vuelve a importarnos porque nos conmueve.

Hay que ser valiente para escribir poemas así. En una de esas a Marinita la ayudó ser cinta negra. Se necesita valentía para dar testimonio del horror, valentía para denunciar, pero aún más para contar de nosotros aquello que no nos deja bien parados.

Yo esperé, Accervil
entender a los niños con padecimiento cerebral.

Llegué un día temprano, el resto
a tiempo.

Me asignaron algunos pacientes
dos hombres fracturados
una mujer rígida
una postulante a reemplazo de cadera.

Los moribundos eran de todos,
también el machista malhumorado
con secuelas de ACV
que llegaba quince minutos antes del almuerzo.

Los atendía con dedicación,
podría decirse que fueron
rehabilitaciones exitosas,
pero no me sentí más feliz.
Me descubrí
cada día a la espera del receso.
Pensé
en el trabajo rutinario, en el tedio
de la curiosidad satisfecha.


Esperé que pasara
y pasó.

Ya no quise tratar niños
con padecimiento cerebral
ni con ninguna otra cosa.


Estoy contenta de vivir en un país donde haya tantos poetas. Que cientos de personas escriban versos significa, tal vez, que hay muchos con una sensibilidad especial. Pero lo mejor de vivir en un país así es que cuantos más poetas haya más probabilidades hay de que de vez en cuando aparezca alguien, como Marina Serrano, con capacidad para conmover no a unos pocos que hablen un lenguaje particular, sino a los muchos que somos todos.

Robert Frost pensaba que la labor del poeta era escribir de manera tal que cuando la gente lea pueda identificarse con lo leído, sentir que ellos sienten lo mismo que el autor y decir “ah, sí, es verdad: eso lo he pensado yo también.” Marina lo logró. Marina escribe acerca de lo que todos sabemos, pero no habíamos sabido decir. Eso, para mí, es la poesía.

posted by Mori Ponsowy at 10:52 a.m. 0 comments

martes, diciembre 12, 2006
ATARDECER EN CÁCERES




posted by Mori Ponsowy at 10:20 a.m. 0 comments

lunes, diciembre 11, 2006
Esa chica: Patricia Suárez

Patricia ahora tiene un blog, se llama Discreto encanto, y los invito a visitarlo. Aquí en Goma de Borrar, sin embargo, seguimos subiendo inéditos suyos. Tan inéditos, que todavía no están en su blog. Para quienes quieren leer otros dos más, prueben aquí y aquí.


Necesito, dije.
Porque era la palabra que más acudía
a mí en el último tiempo y era
como la luz y la mariposa buscándose,
corriendo el riesgo de la infelicidad perpetua,
perder la compostura; la pasión en un instante
reducida a la acepción de estupidez del espíritu,
estupor de los sentidos; no hablamos de amor,
ya no usamos esa palabra
por incómoda, por ordinaria, por desabrida,
pongo mi mano en tu mano,
el corazón en un vaso,
aprieto tu muñeca,
me desenredo,
escuchás con atención aunque no entendés nada;
hablamos otra lengua,
milpiés mi aliento que no encuentra qué decir
cuando hablo, y cuando callo
estalla en siete pedazos el silencio,
es el de la saliva en la garganta,
el del deseo,
cuánta confusión que se resiste a volverse
un simple recuerdo,
una hojita que vuele al viento;
me devolvés la presión, la caricia,
pero no sé qué es, ya no sé qué es nada
de aquella búsqueda ni de aquella caricia;
viene de la oscuridad y yo estoy hablándole
a la oscuridad,
vos acá y yo allí lejos, alejados,
y hubo un mundo sin embargo
en que la carne era una sola;
tu cariño, digo, termino de una vez,
de una buena vez, siento, digo:
necesito.

posted by Mori Ponsowy at 8:52 a.m. 0 comments

miércoles, diciembre 06, 2006
INVITACIÓN, CON FIESTA INCLUÍDA

Gran cierre de fin de año de la editorial Sigamos Enamoradas, con presentación del libro "Formación Hospitalaria" de Marina Serrano, brindis, cositas ricas para comer y, como siempre con estas chicas, baile. Se agradece confirmar asistencia por escrito enviando un mail a sigamosenamoradas@yahoo.com.ar. La cita es para el martes 12 de diciembre, a las 21 hs., en Sánchez de Bustamante 1325.

posted by Mori Ponsowy at 12:14 p.m. 0 comments

martes, diciembre 05, 2006
canto de huexotzingo

¿Sólo así he de irme?
¿Como las flores que perecieron?
¿Nada quedará de mi nombre?
¿Nada de mi fama aquí en la tierra?
¡Al menos las flores,
al menos los cantos!

(Poema náhuatl del siglo XV)

posted by Mori Ponsowy at 1:37 p.m. 0 comments

lunes, diciembre 04, 2006
A PUBLICAR EN HOLANDA

Versal es una revista literaria editada en Holanda por el colectivo de escritores wordsinhere. Todos los años, a partir del 15 de septiembre y hasta el 15 de enero, la revista recibe trabajos y los somete a un proceso de selección para luego publicar aquellos que resulten elegidos por los editores.

Este año, además del habitual material en inglés, Versal estará recibiendo poesía en español. Los trabajos seleccionados serán publicados en traducción al inglés realizada por Versal.

Las pautas que deberán seguir quienes quieran enviar trabajos se encuentran en la página web de la revista.

posted by Mori Ponsowy at 8:48 a.m. 0 comments

viernes, diciembre 01, 2006
VENTANAS DE SIENA / II



posted by Mori Ponsowy at 11:23 a.m. 0 comments

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

¿Mensajes? ¿Comentarios?
mponsowy @ yahoo.com



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  • "Ulises" de James Joyce
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  • "Falling Man" de Don DeLillo
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  • "Pastoral Americana" de Philip Roth
  • "Sábado" de Ian McEwan
  • "Kafka en la orilla" de Haruki Murakami
  • "La Mancha Humana" de Philip Roth
  • "Alta Fidelidad" de Nick Hornby
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  • "Cómo ser buenos" de Nick Hornby
  • "Matadero Cinco" de Kurt Vonnegut
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  • "Singin in the Rain" de Gene Kelley y Stanley Doney
  • "The Day the Earth Stood Still" de Robert Wise
  • "Luz silenciosa" de Carlos Reygadas
  • "Gigante" de Adrián Biniez
  • "La teta asustada" de Claudia Llosa
  • "Slumdog Millionaire" de Danny Boyle
  • "Caramel" de Nadine Labaki
  • "Paranoid Park" de Gus Van Sant
  • "Sin lugar para los débiles" de los hermanos Cohen
  • "El arco" de Kim Ki-duk
  • "Volver" de Almodóvar
  • "Nadie sabe" de Hirokazu Kore-eda
  • "De latir el corazón se me paró" de Jacques Audiard
  • "Caché" de Haneke
  • "La promesa" de Jean-Pierre y Luc Dardenne
  • "El niño" de Jean-Pierre y Luc Dardenne
  • "Una historia sencilla" de David Lynch
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