Goma de borrar
 
viernes, diciembre 29, 2006
El soneto 138 de Shakespeare y un musculito supraciliar contento

A partir de lo que escribí para la presentación del libro de Marina Serrano -e impulsada por mi músculo supraciliar que desde ese día ha estado de lo más deprimido-, me puse a pensar y a investigar sobre la actual explósión demográfica de poetas. Por lo que veo, no es un fenómeno solamente argentino, sino algo tremendamente modermo (¿o posmoderno, quizá?). Tal parece que en NYC sucede lo mismo que en BA. Proliferan las lecturas, las editoriales que cobran por publicar (en inglés las llaman "vanity publishers"), los poetas vestidos de cualquier color, algunos torturados y otros no. Reflexionando sobre todo esto, he empezado a cambiar de idea, y ya no estoy de acuerdo con algunas de las cosas que escribí para la presentación. Empiezo a convencerme de que, por más que los gustos sean subjetivos, no todo lo que quiere hacerse pasar por poesía es poesía y que la mayoría de los poetas son malos poetas. Lo cual no quiere decir que sean malas personas, aunque escribir en verso tampoco garantiza que gocen de una sensibilidad especial o que sean mejores seres humanos que los odontólogos, por ejemplo. Alguien puede escribir poesía en búsqueda de sus quince minutos de fama. Y eso está bien. Nos pasa a todos. Pero no significa que esa poesía sea buena o que esa persona sea mejor o peor que cualquier otra. Los poetas quieren sentirse importantes. Mensajeros del más allá, portadores de una verdad más profunda que las otras. Pero lo cierto es que todos eos poetas juntos son mucho menos importantes que tres o cuatro ingenieros. Estoy segura de que los ingenieros estudian más ingeniería que poesía los poetas. Los médicos más medicina y los arquitectos más arquitectura. ¿Quién lee y estudia los sonetos de Shakespeare? ¿Quién pone a prueba sus poemas como un científico su experimento en un laboratorio? ¿Quién arma sus poemas con el cuidado de una buena costurera, preparando el molde primero, hilvanando después, cosiendo sólo al final, tras muchas pruebas? Cualquier cosa puesta en verso parece un poema. Uno se levanta por la mañana, garabatea un poema, se rodea de otros que hacen lo mismo y, ¡zaz!, ya es poeta. Pero basta leer un poco para darse cuenta de la distancia que hay entre la buena poesía y toda la otra.

De regalito de fin de año, dejo este soneto de Shakespeare en su versión original y en tres traducciones diferentes (que podrían servir de base para un lindo post sobre la traducción). ¿Quién entre nosotros está escribiendo poesía con tantos niveles de significado, con tanta ironía, agudeza, estilo, ritmo, musicalidad? Ya me dirán ustedes que cómo se me ocurre que nos comparemos con Shakespeare. Claro: en la época de McDonald´s, recordar un buen Coq au vin es toda una herejía.

Sonnet 138

When my love swears that she is made of truth,
I do believe her, though I know she lies,
That she might think me some untutored youth,
Unlearnèd in the world's false subtleties.
Thus vainly thinking that she thinks me young,
Although she knows my days are past the best,
Simply I credit her false-speaking tongue:
On both sides thus is simple truth suppressed.
But wherefore says she not she is unjust?
And wherefore say not I that I am old?
Oh, love's best habit is in seeming trust,
And age in love loves not to have years told.
Therefore I lie with her and she with me,
And in our faults by lies we flattered be.


Versión de Adrián Macizo, heterónimo de Antonio Machado

Mi vida ¡cuánto te quiero!
dijo mi amada, y mentía.
Yo también mentí: te creo.
Te creo, dije, pensando:
así me tendrá por niño.
Mas ella sabe mis años.
Si dos mentirosos hablan
ya es la mentira inocente:
Se mienten, mas no se engañan.
Pero los labios que besan
son de mentira tan dulce...
Mintamos a boca llena.


Versión de Fernando Ortiz

Mi amor jura que dice la verdad.
Siempre la creo, aunque sé que miente.
Ella imagina a un joven sin maldad
—el mundo aún no maleó su mente—.
Si sabe que pasó mi mocedad
y elige verme como adolescente,
¿no doy yo fe a su parcialidad?
En ambos lados la verdad ausente.
¿Por qué no dice ella que es injusta?
¿Por qué no digo yo que ya soy viejo
?Lo mejor del amor es un reflejo.
En el amor contar la edad no gusta.
Así miento con ella, ella conmigo.
De la falta común nace ese amigo.


Versión lírica de Ramón García González, en versos alejandrinos blancos

Cuando jura mi amada ser hecha de verdades,
realmente la creo, aunque sé que miente;
sólo por que me crea un joven inexperto,
poco diestro en las falsas estafas de este mundo.
Pienso de esta manera que joven le parezco,
aunque sabe de sobra, que ya no soy tan joven.
Ingenuamente doy crédito a sus mentiras,
ya que los dos negamos la sencilla verdad.
Pero, ¿porqué no dice que es falsa y embustera?
¿Y porqué yo no digo que ya voy siendo viejo?
Quizás por que el engaño es conducta de amor,
y en el amor, la edad, no quiere sumar años.
Con ella sé que miento y ella miente conmigo
y mediante mentiras, nuestro error halagamos.

posted by Mori Ponsowy at 11:03 a.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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