Si antes de nacer tuviéramos la posibilidad de elegir una sola cosa para nuestro futuro , ¿qué elegiríamos? Según Sapolsky, por sobre todo lo demás nos convendría elegir pertenecer al grupo de mandriles que puede diferenciar entre una amenaza real (un rival desafiándote frente a tus narices) y un hecho totalmente neutro (otro mandril durmiendo la siesta en la orilla de enfrente). No todos los mandriles logran establecer esa diferencia y la salud de los que ven todo como provocación siempre acaba resintiéndose.
No sé si puesta a elegir algo, aun sabiendo que los mandriles con los niveles de sociabilidad más altos son los más sanos, elegiría precisamente eso. Se me ocurre que antes evaluaría otras alternativas. Ser más hábil con los juegos de pelota, por ejemplo. Ser más inteligente en mis relaciones con los hombres. Tener menos predisposición a pensar. Bailar más, tomar más vino, ir más al cine. Ser menos blanca de lo que soy.
Esa pregunta, qué elegiríamos para nuestro futuro, me hizo acordar de un poema de Szymborska que se llama "Una versión de los hechos". Lo tengo en inglés, en la maravillosa traducción de Stanislaw Barabczak y Clare Cavanah, y traduzco sólo los primeros versos:
Si nos hubieran permitido elegir, quizá nos habríamos demorado por siempre.
Los cuerpos que nos ofrecían eran incómodos, y se gastaban terriblemente.
Las maneras de saciar el hambre nos repugnaban. Nos daba asco la herencia ciega y la tiranía de las glándulas.
El mundo que debía abrazarnos se desmoronaba continuamente...
Al fin, claro, se acabaría el tiempo de estar sopesando alternativas y habría que decidirse por una sola cosa. Sin pensarlo demasiado, presionada por la urgencia y sabiendo que me estaba equivocando, supongo que finalmente elegiría escribir más y mejor que ahora. Escribir como si todo el tiempo alguien me estuviera dictando. Escribir ese poema de Szymborska. Y algunos de los cuentos de Carver. Y La Mancha Humana. Y tal vez también Desgracia.
Claro que no habría mucha unidad estilística, pero eso sería lo de menos. El mago que me permitiría elegir lo entendería. Y sería lo bastante malvado como para dejarme sacrificar el cine y el vino, la habilidad con las pelotas y las arrugas en la piel.
Todo, a cambio de libros. |