domingo, abril 03, 2011
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DONDE TERMINA LA NOTICIA
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“Después de cada guerra, alguien tiene que limpiar”, dice Wislawa Szymborska en un poema. Y las últimas semanas me descubrí repitiendo esos versos a diario cuando menos lo esperaba. Los recordé, primero, con el terremoto de Japón. Sin poder despegarme de la pantalla, hipnotizada por esa descomunal ola espesa, negra, que arrasaba con automóviles, aviones, autopistas y poblados, pensaba no tanto en las muertes instantáneas, sino en cómo quedarían las vidas de los sobrevivientes. ¿Cómo será perderlo todo? Perder amigos y hermanos; perder la ropa, la heladera, la cama, la casa; perder las fotos y los libros; perder los primeros dibujos de nuestros hijos. ¿Cómo será quedarse sin nada más que el propio cuerpo? Un cuerpo, para colmo, tal vez contaminado por la radiactividad, aunque todavía no presente síntomas. Un cuerpo que deberá y querrá seguir viviendo, aunque ya no se tenga más que a sí mismo, y memorias de lo que ya no está.
Japón fue primera plana de los medios internacionales durante ocho días seguidos. Primero el terremoto y el tsunami; luego, el peligro nuclear, en sus distintas etapas. Titulares de cuatro, seis y ocho columnas, con impactantes fotos a todo color. Después, justo cuando el público y los medios parecían empezar a aburrirse de Fukushima, las fuerzas de Occidente bombardearon Libia con ciento diez misiles crucero Tomahawk tan solo el primer día, lanzados por las mismas naciones cuyos mandatarios se habían retratado meses atrás, de lo más campantes, con Khadafy, pero que ahora aspiran a derrocarlo -dicen- para proteger al pueblo libio. Inmediatamente, la tragedia de Japón pasó a segundo o tercer plano, y las desoladoras imágenes de Fukushima y Sendai fueron remplazadas por las de Zawiya, Trípoli y Zenten.
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posted by Mori Ponsowy at 6:53 PM

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