Goma de borrar
 
viernes, noviembre 02, 2012
LANATA: NAC & POP

Lanata contó que unos días antes del vigésimo quinto aniversario de Página/12, un periodista le preguntó qué tres cosas le gustaban de Cristina Kirchner. Él dijo que le gustaban “su audacia, su inteligencia, y el hecho de que pareciera convencida de lo que estaba haciendo.” Aclaró que nada de eso cambiaba el hecho de que pensara que estaba equivocada. No deja de ser paradójico que millones de argentinos piensen de Lanata exactamente lo mismo que él de Cristina. ¿Quién niega su audacia e inteligencia? ¿Quién, la pasión con que hace periodismo o el convencimiento que evidencia en cada una de las cosas que dice? Sin embargo, nada de esto impide que muchísima gente piense que está equivocado. O peor aun: que no dice la verdad.

Para empezar, digamos lo obvio: todo militante K está convencido no sólo de que Lanata se equivoca, sino de que miente y de que es funcional a supuestos intereses desestabilizadores. Hace unas semanas, cuando él y su equipo fueron detenidos en un sótano del aeropuerto de Caracas donde les borraron el material que tenían grabado en cámaras y computadoras, Gabriela Cerruti afirmó en Twitter: “No les creo nada: ellos se lo ganaron mintiendo sin parar todo el tiempo.” Sin darse cuenta, Cerruti escribió una frase con ominosos ecos al “algo habrán hecho” de mediados de los 70. Pero no son sólo los acérrimos militantes K quienes descreen de cualquier investigación que Lanata presente en “Periodismo para todos”, sino también miles de argentinos que apoyan al gobierno, convencidos de su versión de la historia, y de que toda denuncia que lo perjudique es producto de un complot al servicio de Magneto o de los intereses del neoliberalismo internacional.

Como fiel espejo de un país dividido en dos, frente a ese ejército de fanáticos que reverencian una verdad aguerrida y unívoca, otro ejército semejante, casi igual de populoso y con la misma tendencia a las anteojeras, ha encontrado en Lanata no sólo una voz en la que se siente representado, sino también un catalizador de su enojo ante la soberbia gubernamental, ante los innumerables y desvergonzados casos de corrupción y, sobre todo, ante el miedo y las prácticas extorsivas que el gobierno impone flagrantemente frente a jueces, gobernadores, empresarios, periodistas y, en general, ante cualquier voz de cierto alcance que desentone con el relato oficial.

“Los jueces no son dioses,” dijo Cristina el 6 de septiembre en un discurso en la Casa Rosada. Y afirmó: “sólo hay que tenerle temor a Dios... y a mí, en todo caso, un poquito”. Un domingo después, Lanata abrió su programa refiriéndose a los cacerolazos del 13 de septiembre, y dijo: “Se ve que lo del miedo no le está funcionando. Es curiosa la opinión que Cristina tiene de los demás porque los que no la obedecen tienen que temerle, o quieren joderla. Señora: somos personas, que a veces estamos de acuerdo y otras veces no. Eso es todo. No se muere nadie. Somos personas que tenemos derechos y obligaciones, claro. Pero no sólo obligaciones. También: derechos.”

Sin miedo, cada domingo, Lanata da voz al descontento de millones de personas que no se identifican ni con las medidas, ni con el estilo, de quienes nos gobiernan. Pero lo que caracteriza a “Periodismo para todos” no es sólo la audacia sino, también, su tono irritado, atrevido y, con frecuencia, grosero. Como contrapeso a la prepotencia y autoritarismo presidencial, varias veces durante el programa se muestran decenas de fotos de argentinos de distintas edades haciendo el gesto de “Fuck-you!” ¿A quién se lo hacen? ¿A quién va dirigido ese insulto reiterado, domingo tras domingo, para deleite de casi medio país? Lanata no necesita decirlo para que la audiencia lo sepa. Miles de personas sienten que ese gesto habla por ellos y los representa. ¿La presidente quiere que le tengan miedo? Lanata no se lo tiene y, en esa audacia, en esas fotos, muchos encuentran una válvula de escape. En medio de un clima amedrentador, puede parecer bien que alguien contagie valentía e irreverencia ante al poder político.

Entre esos dos bandos encontrados -los detractores de Lanata y sus fanáticos; los ciudadanos K y los anti K- quedan algunas pocas voces huérfanas, tanto de audiencia como de representantes: una minoría que piensa que Lanata está equivocado, pero no precisamente porque no considere valiosa su investigación, ni porque crea que las denuncias que hace sean falsas, sino porque lamenta que un periodista de su talento dilapide su credibilidad, semana tras semana, haciendo el papel de histrión, emporcándose la boca con insultos innecesarios, fomentando el resentimiento, desconociendo límites verbales y estéticos.

“Nosotros que estuvimos dos horas en un pozo, llegamos a Argentina a explicarle a un montón de pelotudos malintencionados que lo que dijimos es cierto,” dijo Lanata cuando regresó de Venezuela. Y continuó: “Me da tristeza escuchar a Gabriela Cerruti, que tenía una relación cámica con alguien en la época de Menem... No era una gran periodista, pero pensó que era Umberto Eco. Dejó de leer y se convirtió en la analfabeta que es. Y yo tengo que soportar que esa chica ponga en duda lo que nos pasó.” Ese mismo día, también embistió contra Reynaldo Sietecase que había calificado lo sucedido en el aeropuerto como un “episodio menor”: “Reynaldo, me parece que sos un tipo de mierda, porque decir eso es ser un tipo de mierda.”

Cuando Página/12 celebró su aniversario y Cristina omitió mencionarlo, Lanata le escribió una carta abierta que leyó en su programa: “El miércoles fui testigo de algo que conocía pero que nunca había sufrido en carne propia: fui víctima de cómo el gobierno reescribe la historia como quiere, saca y pone personas de la foto a su antojo, como hacían los soviéticos durante las purgas. Me parece, señora presidente, patético y triste que me hayan convertido en el primer desaparecido de Página/12.” Algunos párrafos después, agregó: "No sólo el acto fue patético. Usted fue patética."

Expresiones tan agresivas hacen difícil para algunos tomar en serio el tipo de periodismo que hace Lanata. Los episodios en el aeropuerto de Caracas son injustificables, pero compararlos con un secuestro es exagerado... aunque nunca tan exagerado, ni fuera de lugar, como auto-proclamarse “desaparecido” simplemente porque nadie lo mencionó durante el aniversario de Página. A los desaparecidos los secuestraron, los torturaron, los tiraron al río. Que Lanata diga que él es un “desaparecido” es banalizar la palabra de un modo imperdonable.

¿En qué beneficia a Lanata el constante recurso a la descalificación personal y el empleo de un lenguaje soez? ¿Cuando se autoproclama “desaparecido” no sabe, acaso, que le responderán con indignación? ¡Claro que lo sabe! Si lo hace es precisamente porque uno de sus objetivos –un objetivo quizá más importante que hacer periodismo- es captar la atención del público. Y lo ha logrado: su programa ha superado reiteradamente el 20% de rating, todo un hito para un programa periodístico. El nombre del espacio lo dice todo: “Periodismo para todos” parece implicar que no todo el periodismo es para todos: que los noticieros de CNN no son para todos, ni las páginas de opinión de este diario, por ejemplo. ¿Qué concepción hay del “todos” en el periodismo que Lanata hace en su programa?

El espacio de Lanata es un show y se parece más al de Tinelli que a cualquier programa periodístico. Lanata hace periodismo para informar tanto como para seducir... la misma razón por la que en algún momento el kirchnerismo decidió fabricarse enemigos como receta para perpetuarse en el poder. Los K no debaten ideas: estigmatizan. Lo mismo hace Lanata. Los K convirtieron la política en espectáculo: escenifican, dramatizan, simplifican, banalizan. Lanata está haciendo lo mismo con el periodismo.

Prepotentes, ególatras, patoteros, ocurrentes, soberbios: ¿de quién hablamos: de Lanata o de los K más recalcitrantes? En el fondo, quizá no sean tan pero tan distintos. Al igual que el kirchnerismo, Lanata no busca provocar la reflexión profunda, sino conseguir aplauso. Lo que los votos son para unos, los puntos del rating son para el otro. Luchan con las mismas armas, con el mismo estilo: nutriendo y nutriéndose del resentimiento que mantiene dividido en dos a nuestro país.

posted by Mori Ponsowy at 1:07 p.m.

About Me

Mori Ponsowy (Buenos Aires, Argentina) ha publicado los libros de poemas "Enemigos Afuera" (Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación y Mención de Honor del FNA) y "Cuánto tiempo un día", y las novelas "Los colores de Inmaculada" (Premio de la Diputación de Cáceres), "Abundancia" (Premio Internacional de Novela Letrasur 2010) y "Busco un amigo". Ha traducido a las poetas Sharon Olds ("El padre", Bartleby) y Marie Howe ("Lo que hacen los vivos", Luna Nueva), y editado los libros "No somos perfectas" (Del Nuevo Extremo, 2006) y "Mujeres políticas y argentinas" (Del Nuevo Extremo, 2009).

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